Autor:

Rev. Daniel G. Caram

Introducción

El Tabernáculo de David es una simple tienda que fue erigida sobre el Monte de Sion. A diferencia del Tabernáculo de Moisés o del Templo de Salomón, no son dadas las descripciones o dimensiones del Tabernáculo de David. Era una simple tienda abierta. Lo que hace tan especial a esta tienda es el hecho de que guardaba el Arca del Pacto, la cual no tenía velo cubriéndola. El relato acerca de esta tienda es dado en los siguientes pasajes: 2 S. 6:17, 1 Cr. 16:1, 2 Cr. 1:4. Es también aludida en otros pasajes, como el Salmo 15:1 y Salmo 24:3.

Como vamos a ver, el Tabernáculo de David es una prefigura de la Iglesia. En sí, esto debería llamar nuestra atención. Si o entendemos el tipo, ¿cómo podemos entender el anti-tipo que representa? El apóstol Pablo deja esto muy claro en 1 corintios 15:46, cuando dice que lo natural debe ser entendido antes que lo espiritual. El estudio del Tabernáculo de David ayuda a darnos una imagen mucho más clara de la Iglesia. Todas estas verdades introductorias serán examinadas otra vez.

La Escritura misma hace esta analogía en Hechos capítulo 15, que es un registro del concilio de Jerusalén. Todos los “conocidos” llegan a este concilio y uno de los principales puntos de la agenda fue la infiltración de los gentiles dentro de la Iglesia. Aun cuando Cristo había mandado a Sus discípulos a enseñar a todas las naciones, la Iglesia primitiva estaba todavía tratando de llegar a alguna unidad de criterio en la cuestión de admitir a los incircuncisos dentro de sus feligreses. Después de los comentarios de Pedro, Bernabé habló, seguido de Pablo. Entonces Santiago tomó la palabra citando Amós 9:11-12 como defensa. Lo que Santiago dijo en esencia fue que la Iglesia era un renacimiento del Tabernáculo de David, y que las naciones gentiles buscarían su cobertura (ver Hch. 15:15-17).

Estos versículos abren un nuevo panorama de pensamiento, que con el tiempo nos permitirá ver a la Iglesia con una nueva visión. El autor del libro de Hebreos también le informa a la Iglesia que nuestro llamado no es al monte Sinaí (el cual representa el Antiguo Pacto, un pacto que Israel no pudo guardar), sino al Monte de Sion. El Monte de Sion representa las promesas del Nuevo Pacto, porque el Arca del Pacto estaba allí, adentro de la tienda de David (ver He. 12:18-24).

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