Tema 32: La Verdad os hará libres.

Nuestro Dios por medio de Cristo Jesús no solo quiere perdonar nuestros pecados (Efesios 1:7), Él quiere hacernos libres de la potestad de las tinieblas (Colosenses 1:13). Él quiere que el creyente se convierta de las tinieblas a la luz y de la potestad de Satanás a Dios (Hechos 26:18), y también que pueda recibir herencia entre los santificados (Colosenses 1:12).

Cuando el hombre cree en Cristo Jesús y le recibe como Su Señor y Salvador, recibe por medio de la fe en Cristo Jesús perdón de pecados (Hechos 10:43). Dios nos justifica gratuitamente por Su gracia por medio de la redención en Cristo Jesús (Romanos 3:24) y Dios en Su paciencia pasa por alto los pecados pasados (Romanos 3:25). Sin embargo para ser libres de las ataduras del presente lo que se requiere es la obediencia a la Palabra de Dios y permanecer caminando en la luz de Dios que se recibe por medio del Espíritu Santo.

La verdad que liberta es la que se obedece

Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:31-32.

La libertad de toda atadura y adicción vendrá al caminar en la luz de la verdad de Dios y permanecer en ella. Para ser libre de malos hábitos y adicciones es necesario renovar nuestra mente, de esta manera podremos experimentar la voluntad de Dios en nuestra vida, la cual es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2).

Dios quiere transformarnos completamente

Para dejar un mal hábito o práctica incorrecta es necesario cambiar nuestra manera de pensar, para poder cambiar nuestra manera de vivir. El poder del hábito se encuentra en el amor que se le tiene, por tanto para ser libre del mal hábito, es necesario que Dios cambie nuestros sentimientos, deseos y actitudes, y esto es posible gracias a la gracia de Dios por medio de la Palabra de Dios.

La renovación de mente es extremadamente poderosa, porque substituye nuestros pensamientos por los pensamientos de Dios, y substituye nuestros sentimientos por los sentimientos de Dios. De tal manera que somos conformados a tener su alma y corazón (1 Samuel 2:35). Aquellos que por la gracia de Dios llegan a tener el alma y corazón conforme a Dios, llegan a pensar como Dios piensa, y sienten como Dios siente, por eso llegan a actuar como Dios actúa (Efesios 5:1-2).

La renovación de mente nos transforma

Por medio de la renovación de mente Dios quiere destruir toda fortaleza de pensamiento que está en armonía con las tinieblas, Él quiere derribar todo argumento y altivez que se levantan en contra del conocimiento de Dios, y llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo (2ª Corintos 10:4-5). La liberación de hábitos incorrectos viene por la gracia de Dios, cuando nuestra voluntad se rinde a la luz de la Palabra de Dios y nos sometemos a la sabiduría divina.

El alma debe ser salvada

La Palabra de Dios debe ser recibida con mansedumbre para que esta pueda salvar nuestras almas (Santiago 1:21). El alma es salvada cuando sus pensamientos, sentimientos, y actitudes son cambiados por la Palabra de Dios. Dios envía abundantemente el agua limpia de Su Palabra y por el poder del Espíritu Santo y la gracia de Dios somos limpiados de toda inmundicia y todo ídolo (Ezequiel 36:25). Esto significa que la Palabra de Dios es poderosa para limpiar todo pensamiento, actitud, o sentimiento incorrecto (Juan 15:3).

No debemos ser oidores olvidadizos

Muchos al escuchar la Palabra de Dios no son limpiados porque son oidores olvidadizos (Santiago 1:22). Para que la Palabra de Dios nos limpie, debemos reconocer nuestro pecado cuando la Palabra de Dios nos lo muestre, sea que la escuchemos o la leamos. Debemos responder a esa Palabra que Dios nos está enseñando y señalando. Debemos tomar tiempo y confesar nuestro pecado delante de Dios por medio de la oración y apartarnos de Él, cada vez que el Espíritu Santo nos lo señale por medio de Su Palabra (Proverbios 28:23).

Aquel que no clama por perdón cuando Dios le revela un pecado, y no clama para recibir gracia para obedecer la luz que Dios le muestra, no será limpiado por la Palabra de Dios.

El alma se purifica por la obediencia a la verdad

Para que el alma sea purificada es necesario disponerse a obedecer por la gracia de Dios la luz de la Palabra de Dios (1ª Pedro 1:22). Aquel que obedece la verdad es purificado en Su alma y es transformado para caminar en obediencia a la Palabra de Dios, pero es necesario que el creyente confiese su pecado para ser limpiado de toda maldad (1ª Juan 1:9) y clame por la gracia para poder obedecer porque es Dios quien puede poner el querer como el hacer (Filipenses 2:13), y es Dios quien nos hace aptos para hacer lo que es agradable delante de Él (Hebreos 13:21).

La obediencia es un fruto de la gracia de Dios

Caminar en obediencia a los mandamientos de Dios es una obra de gracia de parte de nuestro Dios, pero para ello es necesario nacer de nuevo, ser limpio de ídolos y toda inmundicia, recibir el Espíritu Santo, ser transformado en la mente y el corazón por medio de la Palabra de Dios, entonces, Dios hará que andemos en sus caminos y obedezcamos sus mandamientos. Ezequiel lo describe de forma maravillosa:

Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. Ezequiel 36:25-27.

Libertad para el que obedece la Palabra de Dios

Para ser libre por tanto de cualquier mal hábito, adicción o atadura, es necesario no solo creer en Cristo. El creyente debe ser renovado por la Palabra de Dios. Debe rendirse a ella, someterse a ella, debe clamar para recibir gracia para caminar a la luz que el Espíritu Santo le da, apartándose de todo pecado sean estos malos pensamientos, sentimientos, o actitudes que estén en contra de la Palabra de Dios y debe disponerse a obedecer todo mandamiento de Dios, clamando por gracia para poder hacerlo.

En la medida que seamos renovados en nuestra alma por la Palabra de Dios, Dios irá cambiando nuestros pensamientos, sentimientos, actitudes y acciones y veremos como Dios nos libra de todo mal hábito, y por Su gracia nos conformará a Su imagen y semejanza, de tal manera que llegaremos a pensar como Dios piensa, a sentir como Dios siente, y a actuar como Dios actúa.

¡¡¡Bendito sea Su santo nombre!!!

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Rev. Raúl Aguilar:
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