Tema 30: Comprados para glorifícarle.

La gran salvación que experimentamos gracias a la gracia de nuestro Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, tiene muchos propósitos, y uno de ellos es comprarnos para que le glorifiquemos con nuestro cuerpo y con nuestro espíritu.

Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. 1ª Corintios 6:20

Por tanto es necesario glorificar a nuestro Dios en nuestro cuerpo y en el espíritu. Es decir internamente, como externamente. Hemos sido rescatados de las tinieblas y de la condenación para exaltar y glorificar Su santo nombre.

¿Cómo glorificamos a Dios en el cuerpo?

Glorificamos a Dios en nuestro cuerpo, cuando por la gracia de Dios, no permitimos que el pecado reine en nuestro cuerpo mortal (Romanos 6:12), de tal manera que no nos rendimos a satisfacer y complacer los deseos incorrectos de nuestra alma no renovada. Es decir, no complacemos la concupiscencia de nuestra carne de tal manera, que no alimentamos ni complacemos los deseos de los ojos ni de la carne.

Salomón se entregó a sus deseos carnales

Salomón no fue espiritual, no frenó sus deseos carnales y se rindió a todo tipo de placer, de tal manera, que Él no negó a sus ojos ninguna cosa que desearán, ni apartó su corazón de placer alguno, todo lo que quiso lo hizo (Eclesiastés 2:10) y a causa de todo esto, sus muchas mujeres lo llevaron a adorar a otros dioses (1ª Reyes 11:1-11) y en su vejez fue infeliz y desdichado (Eclesiastés 2:15-23).

Nuestros miembros deben servir a la justicia

Antes de llegar a Cristo Jesús nuestros miembros servían a la iniquidad, pero ahora librados del pecado, hemos sido hechos siervos de Dios y tenemos por fruto la vida eterna (Romanos 6:22). Ahora es nuestro deber presentar nuestros miembros como instrumentos de la justicia para hacer la voluntad de Dios (Romanos 6:13) y que Dios se glorifique por medio nuestro haciendo sus maravillosas obras (Juan 14:12).

Apartémonos de toda fornicación

El que fornica contra su propio cuerpo peca (1ª Corintios 6:18), el cuerpo es el templo del Espíritu Santo (1ª Corinitos 6:19), el que se una a una ramera se hace un cuerpo con ella (1ª Corintios 6:16). Somos templo de Dios en donde el Espíritu de Dios mora, si alguno destruyere el templo, Dios lo destruirá a Él (1ª Corintios 3:16-17).

Nuestro cuerpo debe ser utilizado para glorificar, exaltar y bendecir Su santo nombre (Salmo 103:1), nos debemos de apartar de ver el pecado (Job 31:1-2), de tocar el pecado (Génesis 3:3) y de practicar todo pecado (1Juan 3:8). Su propósito es santificarnos por completo, y presentarnos santos y sin mancha delante de Él (Judas 24), de tal manera que nuestro espíritu, alma y cuerpo sea presentado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1ª Tesalonicenses 5:23-24).

¿Cómo glorificamos a Dios en el espíritu?

Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Juan 4:23-24.

Nuestro alto llamado es ser adoradores de Dios. El diablo no quiso vivir para adorar y glorificar a Dios, y por ello se rebeló contra Dios (Isaías 14:12-15) y en su insurrección buscó que le adoraran a Él, y de esta manera se conquistó a la tercera parte de los ángeles (Apocalipsis 12:4).

Los postreros días

Pablo nos advierte que en los postreros días, vendrán tiempos peligrosos en donde se levantarán hombres amadores de sí mismos, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes, amadores de los deleites más que de Dios (1ª Timoteo 3:1-5); por tanto nuestro alto llamado es mantenernos fiel adorando solamente a Dios y no a nosotros mismos ni a nadie más.

Nuestra completa fidelidad debe ser hacia a Dios, nuestra prioridad debe ser el Señor. Debemos amarle más que a todo y más que a todos. Nuestra obediencia a la Palabra de Dios y a Su voluntad debe ser nuestro estilo de vida, de tal manera que amemos a nuestro Dios con toda nuestra mente, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas y con todo nuestro corazón.

El adorador en espíritu y en verdad, vive para amar, agradar, complacer y servir a nuestro Dios apartándonos de todo pecado, obedeciendo todos sus mandamientos siendo fieles hasta la muerte.

Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. Apocalipsis 12:11.

¡¡¡Bendito sea Su santo nombre!!!

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Rev. Raúl Aguilar:
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