Tema 29: Creer y saber.

Por la gracia de Dios a través del nuevo nacimiento hemos entrado al reino de Dios, y hemos sido hechos cercanos por la sangre de Cristo (Efesios 2:13). Después de recibir el perdón de nuestros pecados, es necesario proseguir en nuestra caminata hacia el cumplimiento del propósito de Dios en nuestra vida, y para ello el apóstol Pedro nos exhorta a crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Dios (2 Pedro 3:18).

Por medio del regalo de la vida eterna, nuestro Dios desea que le conozcamos. Juan 17:3 dice:

Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

Ahora bien, para conocer al Padre y al Hijo es necesario creer en Dios y creerle a Dios. Debemos creer lo que la Palabra de Dios dice acerca de Él, Su carácter. Como también debemos conocer y creer sus promesas, debemos creer lo que la Palabra de Dios nos dice respecto a lo que Dios puede hacer.

Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Hebreos 11:6.

Los nombres de Dios revelan su carácter, y al conocerlos esto produce confianza en nosotros.

En ti confiarán los que conocen tu nombre, Por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron. Salmo 9:10.

Dicho de otra manera, creer lo que la Palabra de Dios dice acerca de lo que Dios es y hace, hará que confiemos en Él y de esta manera nuestra relación y confianza con Él crecerá. Cuando nos damos cuenta de lo que Dios es y hace, somos motivados a poner nuestra confianza en nuestro Dios.

Abriré mi boca en proverbios; Hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos, Las cuales hemos oído y entendido; Que nuestros padres nos las contaron. No las encubriremos a sus hijos, Contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, Y su potencia, y las maravillas que hizo. Él estableció testimonio en Jacob, Y puso ley en Israel, La cual mandó a nuestros padres Que la notificasen a sus hijos; Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos, A fin de que pongan en Dios su confianza, Y no se olviden de las obras de Dios; Que guarden sus mandamientos. Salmo 78:2-7

Para poder poner nuestra confianza en Dios debemos creer en la bondad de Dios, en su amor, en su misericordia, en su benignidad, en su justicia, es decir, debemos creer en cada uno de sus atributos y sus promesas que Su Palabra nos revela.

Es por ello la importancia de la lectura de la Palabra de Dios, porque después de creer en nuestro corazón en lo que Dios es y hace, debemos confesarlo con nuestras bocas, para poder pelear la batalla de la fe y así poder vencer todas nuestras adversidades, circunstancias y aflicciones que enfrentamos.

La voluntad de nuestro Dios es que le conozcamos y le entendamos. Jeremías 9:23-24 dice:

Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.

La misericordia de Dios fue revelada por medio de la vida, muerte y resurrección de Cristo Jesús, quién siendo pobre se hizo rico para que por Su pobreza nosotros fuésemos enriquecidos (2ª Corintios 8:9). Por medio de la muerte y sacrificio del Señor Jesucristo podemos recibir perdón de pecados y por medio de su resurrección, gracias a Su rica misericordia y gran amor, ser levantados del polvo y del estiércol para hacernos sentar con los príncipes de Su pueblo y heredar un sitio de honor (1ª Samuel 2:8).

Nuestro Dios es santo, que juzga el pecado y recompensa la obediencia a Su Palabra y ha establecido un día en donde Él, pagará a cada uno conforme a sus obras. Romanos 2:5-11 dice:

Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; porque no hay acepción de personas para con Dios.

Nuestro Dios es un Dios justo, Él es luz, en Él no hay maldad, en Él no hay tinieblas (1ªJuan 1:5) siempre hace lo bueno, lo correcto, Su voluntad es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2), Él es fiel y verdadero (Apocalipsis 19:11).

Vale la pena considerar las palabras de David en el Salmo 34:6-10 que describen los cuidados de nuestro Dios para aquellos que le temen y le buscan:

Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias. El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende. Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él. Temed a Jehová, vosotros sus santos, Pues nada falta a los que le temen. Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; Pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien.

De las mejores decisiones que el hombre puede hacer, después de recibir en su corazón a Cristo como Su señor y salvador es temer a Dios y buscarle. Nada en la vida obtendrá mayores dividendos que vivir para amar a nuestro Dios y obedecer sus mandamientos.

¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo, Si en mis caminos hubiera andado Israel! En un momento habría yo derribado a sus enemigos, Y vuelto mi mano contra sus adversarios. Los que aborrecen a Jehová se le habrían sometido, Y el tiempo de ellos sería para siempre. Les sustentaría Dios con lo mejor del trigo, Y con miel de la peña les saciaría. Salmo 81:13-16.

Servir a Dios, vivir para agradarle, amarle y complacerle. Guardar sus mandamientos y vivir para hacer la voluntad de Dios, es la mejor inversión que podemos hacer en esta vida. Nos trae dividendos en esta tierra y en la vida venidera.

¡¡¡Bendito sea nuestro Dios quien abrió nuestros ojos y nos dio entendimiento para adorarle, temerle y obedecerle!!!

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