Tema 27: Darnos por ofendidos.

No podemos evitar que nos ofendan pero si podemos evitar darnos por ofendidos. El Padre cargó sobre el Señor Jesús el pecado de todos nosotros (Isaías 53:6) y el Señor no se ofendió. Jesucristo llevó nuestras enfermedades, sufrió nuestros dolores, fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados, y en todo esto, nuestro Señor Jesús no se dio por ofendido.

¿Qué es darse por ofendido? ¿Qué es ofenderse? Darse por ofendido es no perdonar en el momento que nos ofenden, es decidir sentirse mal por la ofensa en lugar de perdonar. Los que se ofenden se apartan del Señor (Juan 6:66), ya no caminan a la luz de la Palabra de Dios, y por tanto vuelven atrás.

Ofenderse es pecar, es no perdonar como Cristo nos perdonó. Cristo perdonó a los que le crucificaron y pidió al Padre que los perdonara (Lucas 23:34). El los perdonó cuando estaba en la cruz, no se sintió ofendido. Jesucristo no se tardó días en perdonar, antes de morir Él los perdonó y pidió al Padre que los perdonara.

El perdón debe ser inmediato a la ofensa. Si no perdonamos en el instante que nos ofenden, nos sentiremos ofendidos y permitiremos que el resentimiento y la amargura que brotó de nuestra carne a causa de la ofensa, se queden en nuestro corazón, albergando semillas de muerte que se reproducirán en nuestro interior y que pueden llegar a apartarnos completamente del camino del Señor, a menos que la sangre de Cristo nos limpie antes que esto acontezca.

Al brotar la raíz de amargura, y no perdonar en el instante que se nos hizo la ofensa, hará que más adelante se nos impida recibir la gracia de Dios, debido a la soberbia y orgullo de elegir nuestro propio camino de sentirnos ofendidos (Hebreos 12:15). Dios resiste a los soberbios porque ellos eligen hacer su propia voluntad en lugar de hacer la voluntad de Dios. La soberbia decide caminar en sus propios pensamientos, rechazando los pensamientos y caminos de Dios, por tanto en su momento, serán resistidos por Dios y si no se arrepienten llegará el momento en que serán quebrantados.

Antes del quebrantamiento es la soberbia, Y antes de la caída la altivez de espíritu. Proverbios 16:18

La Palabra de Dios nos manda a ser imitadores de Dios como hijos amados. Nos manda a andar en amor, y perdonar a nuestros hermanos de la manera que Cristo nos amó y perdonó (Efesios 5:1-2). Cuando no perdonamos a nuestro ofensor en el momento que nos ofende, damos lugar al resentimiento, enojo, molestia nuestro corazón expresó por causa de la ofensa, 4 al no perdonar a nuestro ofensor, y al no pedir perdón a Dios por estos sentimientos incorrectos que nuestro corazón sintió.

Estos sentimientos que emergieron de nuestro corazón, quedan almacenados en nuestra mente y corazón en lugar de ser evacuados, iniciando un proceso de muerte en nuestro interior que llevará a enfermedades físicas, enfermedades emocionales, y si se abandona completamente al odio y al resentimiento puede llegar a perder incluso su salvación, porque Dios no perdonará a aquellos que no perdonen las ofensas de sus hermanos.

Ofenderse es no perdonar, es la decisión de endurecer el corazón a causa de la falta de perdón. De hecho, el corazón se endurece debido a la decisión de no pedir la gracia a Dios en el momento de la ofensa para perdonar la ofensa recibida. Es la decisión de preferir aceptar el resentimiento y amargura que surgen del corazón contra el que nos ofendió, en lugar de perdonar y mantenernos en la paz con Dios y con los demás.

Cuando decidimos ofendernos al no perdonar el agravio o la ofensa de nuestro hermano o de alguien en particular, dejamos de caminar en la luz de Dios, dejamos el camino de la paz y gozo, por aceptar el enojo, la molestia, resentimiento, amargura o indiferencia contra esa persona. Solo es cuestión de tiempo que nos apartemos más y más del Señor.

Quien se aparta primero del Señor es el corazón, debido a los sentimientos nocivos de rechazo y amargura, enojo, y demás. El corazón deja de caminar en el amor de Dios. Luego es cuestión de tiempo a empezar a pensar mal de la persona que nos ofendió. Continuamos a pensar mal de otras cosas o personas; después, seguimos con hablar mal de la persona que nos ofendió y comenzamos a hablar a otros las ofensas que nos han hecho, y de esta manera publicamos nuestra amargura y resentimiento contaminando a otros con el veneno del odio por la falta de perdón.

Después de esto es cuestión de tiempo comenzar a hacer acciones incorrectas que serán motivadas por los pensamientos y sentimientos incorrectos que no decidimos evacuar y exterminar por medio de la sangre de Cristo Jesús, al confesar sentimientos pecaminosos del corazón en respuesta a la ofensa recibida.

No perdonar en el momento que nos ofendieron puede llegar a ser un camino a la enfermedad y a la muerte.

El corazón alegre constituye buen remedio; Mas el espíritu triste seca los huesos. Proverbios 17:22.

Cuando David no había confesado su pecado con Betsabé enfermó y entró en un proceso de deterioro interno. David dijo:

Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah. Salmo 32:3-4.

El antídoto para la amargura se encuentra en el perdón, en la sangre derramada de Cristo Jesús en la cruz del calvario, porque si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Cuando seamos heridos por alguien, cuando nuestro hermano nos ofenda, debemos perdonarlos inmediatamente, debemos pedir al Señor perdón por todo sentimiento incorrecto que nuestro corazón haya expresado y pedir al Señor que nos limpie con su sangre para ser limpios de toda maldad que nuestro corazón expulsó a causa de la ofensa, de esta manera no nos apartaremos del camino del amor, justicia, santidad y verdad.

Sigamos el camino del amor perdonando como Cristo nos perdonó. Sigamos el camino de la justicia obedeciendo el mandamiento de perdonar al que nos ofende. Sigamos el camino de la santidad no permitiendo en nuestro corazón sentimientos incorrectos que están en contra de la naturaleza de Dios. Sigamos en el camino de la verdad, continuando caminando en la Palabra de Dios sin apartarnos de ella al sentirnos ofendidos, lastimados, tomando el camino de ofendernos, de no perdonar y endurecer el corazón por la falta de la gracia para perdonar al que nos ofendió.

Pablo aprendió a vivir sin ofenderse ni por las adversidades, ni por los problemas, ni por las ofensas de sus hermanos. Él dijo:

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Hay muchos motivos para darse por ofendido, sin embargo, por la gracia de Dios podemos perdonar toda ofensa y vencer toda dificultad y adversidad. Que nuestro Dios nos ayude amar como el Señor nos amó, a perdonar como el Señor nos perdonó y poder por Su gracia, ser hijos amados y andar en amor y vencer todo tipo de aflicción, ofensa, adversidad o dificultad.

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