Tema 22: Tres Niveles de Santificación

Por la gracia del Señor hemos sido trasladados del reino de las tinieblas al reino de Su amado Hijo. Ahora nosotros los que no teníamos esperanza hemos sido hechos cercanos por la sangre de Cristo y ahora somos parte de la familia de Dios. (Col. 1:13; Ef. 2:13,19).

Por el milagro del nuevo nacimiento, hemos sido participantes de Su naturaleza divina. Nuestro espíritu fue engendrado por Dios y nos dio la potestad de ser hechos hijos de Dios. Sin embargo, Dios quiere santificarnos por completo, Dios quiere santificar nuestro espíritu, alma y cuerpo de tal manera que seamos hallados irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

Este proceso de santificación dura toda nuestra vida, pero la meta a alcanzar en vida, antes de irnos a la presencia del Señor, es ser conformados a la imagen del Hijo de Dios, que sería equivalente a desarrollar el fruto del Espíritu en nosotros.

Es necesario dejar la niñez espiritual y proseguir hasta alcanzar la madurez en donde nos volvemos padres espirituales y hermanos mayores que viven para complacer a nuestro Dios. Pero en este proceso de santificación y crecimiento espiritual, hay tres niveles de santidad que debemos alcanzar. Estos niveles son: 1) Apartarnos de lo malo; 2) De lo bueno; 3) De lo vano.

Apartarnos de lo malo

Jesucristo dio Su vida para apartarnos de este presente siglo malo. Él murió para deshacer las obras del diablo, y esto incluye: maldad, injusticia, rebeldía, iniquidad y todo aquello que se opone a la justicia, a la santidad y a la verdad. Lo malo está muy bien ilustrado por las obras de la carne; estas obras separan de Dios a las personas que las practican; les evitarán participar del reino de Dios y en lugar de ello irán a perdición y condenación.

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” Gá. 5:19-21.

La gracia de Dios es el favor divino inmerecido, que nos capacita para hacer Su voluntad. Por tanto, hay gracia disponible para dejar todo tipo de pecado y obra que no es agradable a los ojos de Dios.

Apartarse de lo bueno

No todo lo bueno es la voluntad de Dios para nuestra vida. En la medida que conozcamos al Señor, Él nos revelará las obras que Él ha determinado que hagamos, Él nos mostrará el ministerio que desea que desarrollemos y el llamado que el Señor quiere que obedezcamos.

Llegará el momento en donde Dios va a separarnos de cosas que son buenas, pero que para nosotros ya no tienen cabida porque Dios nos está guiando a hacer otras cosas que se alinean al plan de Dios para nuestra vida. Por ejemplo alguien puede tener la costumbre de caminar todos los días a una hora temprana de la mañana, pero llega el día en donde el Espíritu Santo le impulsa a cambiar de actividad y es probable que en lugar de caminar le guíe a orar o estudiar la Palabra de Dios. Aunque caminar es bueno para la salud, en el momento que el Espíritu Santo nos guía a hacer otra cosa, aquello que era bueno deja de ser provechoso, por cuanto el Señor nos guía a algo mejor. Llega el momento en nuestra vida en donde dejamos lo bueno para elegir lo mejor que Dios tiene para nosotros.

En el proceso de seguir a Cristo para poder alcanzar el propósito de Dios de llegar a tener la plenitud de Su vida y naturaleza desarrollada en nosotros, iremos siendo apartados, separados por Dios. Dios nos separará de algo, para llevarnos hacia algo. Poco a poco, nos iremos apartando de muchas cosas buenas, para hacer la voluntad que Dios nos revela personalmente por el Espíritu Santo y la Palabra de Dios.

Nuestro objetivo diario debe ser irnos separando de hacer nuestra voluntad para hacer la voluntad de Dios. Dios nos ha escogido para cumplir propósitos eternos, entre los cuales está el manifestar las abundantes riquezas de Su gracia por medio de transformar nuestro carácter y realizar obras por medio nuestro que glorifiquen Su Nombre, como el cumplimiento de la Gran Comisión, como también ser luz al mundo y sal de la tierra y utilizándonos nuestro Dios para ser de bendición a los demás. Dios nos ha creado para ser de bendición para los demás y por medio de los dones y unciones del Espíritu Santo, Dios quiere utilizarnos como Sus instrumentos de justicia para establecer Su reino en la tierra y deshacer toda obra del diablo. Sin embargo, antes de utilizarnos, Él quiere santificarnos para poder ser utilizados como vasos de honrar útiles para todos los del Señor.

Apartarse de lo vano

El cristianismo no es solamente hacer cosas y trabajar para el reino de Dios. De hecho, el “ser” es más importante que el “hacer”. Somos llamados a amar a nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas. La meta es amarle a Él más que a todo, y más que a cualquier cosa.

La idea aquí es dejar de amar lo terreno para amar a nuestro esposo celestial. Dejar de amar lo vano para amar al eterno y que tengamos puesta la mirada en las cosas de arriba y no en las de la Tierra, en donde lo que deseamos y anhelamos es amar y complacer a nuestro Dios.

El amor por lo vano es tener en estima a las cosas de este mundo que son temporales. Pero llega el momento en nuestro caminar en Dios en donde Dios nos desafía a dejar de amar lo terreno, lo vano, lo temporal por amarlo a Él.

La gracia de Dios quiere transformarnos de tal manera que dejemos de amar posesiones, posiciones, trabajo, bienes materiales, y en lugar de eso amar a nuestro Dios de tal manera que sea nuestro único deseo y que fuera de Él nada deseemos en la tierra.

Este nivel de santidad que se alcanza por la gracia de Dios hace que perdamos el amor a todo, y nuestra meta sea ganar a Cristo, como Pablo lo dijo:

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”

Ahora bien ¿Cómo podemos alcanzar estos niveles de santificación?

Estos niveles de santificación se obtienen siendo obedientes a la verdad que Dios revela. Debemos ser fieles para caminar en la luz de la Palabra de Dios que el Espíritu Santo nos da. Cuando Dios nos de entendimiento en un área específica, cuando Dios nos revele Su voluntad, debemos pedir a Dios la gracia para obedecer ese mandamiento, o en su defecto pedir que nos perdone el pecado que Él nos está señalando y pedir que nos libere de ese pecado. Debemos recordar que Cristo Jesús no solo quiere perdonar nuestros pecados, Él quiere liberarnos de todos ellos y transformarnos de tal manera que seamos conformados a Su imagen y semejanza manifestando en nuestro carácter Su carácter por medio del fruto del Espíritu Santo.

Debemos buscar conocer la mente y corazón de Dios en cada área de nuestra vida de tal manera que Dios tenga la libertad de hablarnos aquello que le agrada y lo que no le agrada de nuestra vida devocional, laboral, familia, o social.

Debemos caminar con Dios de tal manera que la luz de Su rostro nos guíe por medio de mandamientos personales que Él nos habla por medio del Espíritu Santo. Debemos rendir nuestra voluntad a Su luz y cada mandamiento que Él nos hable, y Él por Su gracia nos llevará de gloria en gloria, hasta que alcancemos Su propósito y podamos ser fieles a todo lo que el Señor nos muestre y demande.

En su voz está el poder para obedecer todo aquello que el Señor nos pida. Por ello desarrollar una comunión diaria es vital para ser transformados. Debemos clamar a Dios para que nos ayude para que la obra del Señor no nos haga olvidar y desplazar al Señor de la obra. Que podamos vivir cada día buscando Su rostro, conociéndole, escuchándole, pasando tiempo con Él, y con la ayuda de la gracia del Señor obedecer todo lo que Él nos mande de tal manera que siempre estemos de acuerdo con Él y podamos siempre caminar juntos.

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