Tema 20: El Poder de la Gracia.

La gracia de Dios además de ser el favor inmerecido de Dios, también es el poder que capacita al hombre para cumplir con la voluntad de Dios. La gracia de Dios, no solo es un favor divino, también es capacitación divina, que da el poder para obedecer y hacer aquello que es imposible para la naturaleza humana. (1Co. 15.10; Fil.2:13; He.13:21)

Por la gracia de nuestro Señor Jesucristo, Él se hizo pobre, para que con Su pobreza, nosotros fuésemos enriquecidos. El hombre aun estando muerto en delitos y pecados, por la gracia de Dios, puede ser salvo, y por el nuevo nacimiento, es hecho participante de la naturaleza divina. El hombre fue enriquecido al ser participante de la naturaleza de Dios. Pero la voluntad del Padre celestial, no solo es recibir la vida de Dios, sino Su vida abundante, que nos habla de alcanzar la plenitud de Dios, alcanzar la madurez espiritual, la medida del varón perfecto, la estatura de la plenitud de Cristo. (2Co. 8:9; Ef.2:1; 2Pe. 1:4; Ef.3:19; Jn.10:10; Ef.4:13)

El creyente debe aprender a crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Esto significa no solo recibir la gracia salvadora que perdona pecados, sino la gracia capacitadora de Dios que transforma y vence el pecado. Debemos tener presente que la gracia de Dios, no solo perdona pecados, también es el poder de Dios para liberarnos de ellos. Puede transformarnos y tiene la capacidad para que la justicia de Dios sea cumplida en nosotros, de tal manera, que a través de ella podemos ser conformados a la imagen del Hijo de Dios, para que Su propósito pueda ser cumplido en nosotros. (2Pe.3:18; Ro.6:22; Ro.8:4; Ro.8:29; Sal.138:8)

El propósito de la gracia en la vida del pecador, inicia con la salvación, pero la meta, es sentarnos con Cristo en los lugares celestiales, para reinar con Él por la eternidad. La gracia de Dios es su favor inmerecido que nos capacita para ir de experiencia en experiencia, alcanzando madurez espiritual, hasta llevarnos a ser vencedores para poder sentarnos en el trono con Cristo y reinar con Él. (Ef.2:4-7; Ap.2:26)

El Señor Jesús dijo: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”. Esta experiencia de ser un vencedor, no viene por nacer de nuevo. La gracia salvadora, nos da la potestad de ser hechos hijos de Dios. Nos vuelve nuevas criaturas en Cristo Jesús. Niños en Cristo, que necesitan madurar para poder llegar a ser jóvenes espirituales y luego padres espirituales que se vuelven vencedores. (Ap.3:21; Jn.1:12; 2Co.5:17)

Los niños en Cristo, han recibido gracia para que sus pecados les sean perdonados. Pero los jóvenes espirituales, han recibido gracia para ser fuertes, para permanecer en la Palabra de Dios, y para vencer al maligno. Los padres espirituales, han recibido la gracia de Dios, para conocer al que es desde el principio, y debido a ese conocimiento superior de Dios, debido a la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, todo lo tienen por basura, lo han perdido todo para ganar a Cristo. Aquellos que conocen a Dios de una manera más profunda, como los padres espirituales, son transformados y conformados a Su imagen y semejanza. (Flp.3:7-8; Ro.12:1-2; 1Jn.2:12-14)

Es importante observar como en cada nivel de crecimiento espiritual, la gracia de Dios se manifiesta de manera diferente:

Los niños en Cristo, por la gracia de Dios, conocen a Cristo como el camino a la salvación. El camino que los lleva al Padre. El justo murió por los injustos para llevarnos a Dios. Pero los jóvenes espirituales, por la gracia de Dios, llegan a conocer a Cristo como la verdad, y debido a que ellos permanecen en la verdad, esa verdad los hace libres de la iniquidad, les libera de las ataduras y de la esclavitud del pecado. (Hch.4:11-12; 1P.3:18; Jn.8:31-32)

Los jóvenes espirituales reciben gracia para no practicar el pecado y ser libres de él. Además la gracia de Dios, les permite ser fuertes y les da el poder para permanecer obedeciendo la Palabra de Dios, y de esa manera, logran vencer al maligno.

Finalmente, los Padres espirituales, por medio de la gracia de Dios, llegan a conocer a Cristo íntimamente. Ellos llegan a conocer a Cristo como la vida. Cristo, quien es la imagen del Dios invisible, quien reveló al Padre con sus acciones, carácter, vida, muerte y resurrección, al revelarse profundamente en sus hijos, les transforma el carácter, y los va conformando a Su imagen y semejanza. Por ello, los padres espirituales, en la medida que van conociendo mucho más a Dios por medio de Cristo, van siendo transformados de gloria en gloria, en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. (Col.1:14-16; 2Co. 3:18; Ro.8:28-29; Jn.14.6)

Por tanto, por la gracia de Dios, los niños en Cristo, reciben la revelación de Cristo como camino, y esto les da salvación. Los jóvenes espirituales, reciben mayor gracia, y ellos llegan a conocer a Cristo como la verdad, y esto los hace libres. Los padres, alcanzan un nivel mayor de gracia, y llegan a conocer a Jesús como la vida, y esto los transforma.

¿Qué sería entonces crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo? Es ir creciendo en el conocimiento del Señor, de tal manera que primeramente se experimente el perdón de pecados, después la liberación del pecado y luego ser transformados en el carácter para ser conformados a la imagen y semejanza de Dios. Por tanto, el objetivo de la gracia, no es solo perdonar pecados. El Señor, quiere liberarnos de ellos y transformarnos de tal manera que lleguemos a ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto. (Mt.5:48; Gn.1:26)

Es por medio de la gracia de Dios, que Dios desea volvernos vencedores, para que podamos heredar todas las cosas. El Señor Jesús dijo: “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”. (Ap.21:7)

Es la gracia de Dios, la que nos capacitará para vencer al mundo, al diablo y a la carne. Cristo Jesús murió para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Vencer el pecado y vivir para Cristo, solo es posible por la gracia de Dios, que se obtiene por la fe que Dios otorga a aquel que cree a Su Palabra. (1Co.15:10; 2Co.5:15; Ro.1:16)

La salvación es un regalo de Dios que se obtiene por fe, no es por obras, para que nadie se gloríe. A esta obra de gracia, se le llama justificación imputada, en donde somos salvos por fe, sin necesidad de obras. La justicia imputada no requiere obras, solamente la fe que Dios otorga al que cree. Sin embargo, para recibir herencia, galardones y alcanzar los niveles de gloria que Dios ha prometido, se requiere otro tipo de justicia, ya no la imputada, sino la justicia impartida, que es una justicia que se recibe por fe, pero que produce obras de justicia. La justicia impartida, también es una obra de gracia que se recibe por la fe. Pero este tipo de justicia, produce obras en el creyente, que le permite alcanzar niveles de gloria como llegar a ser la esposa del Cordero. El apóstol Juan escribió: “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos” (Ef. 2:8-10; Ro. 5:1; 2Co. 5:21; Ap. 19:7-8)

Aquellos que solo reciben la fe, para recibir por gracia la justificación imputada, serán salvos, pero no alcanzarán niveles mayores de gloria, como el ladrón en la cruz, que fue salvo, pero no será parte de la esposa del Cordero por cuanto no calificó para esta posición, solamente recibió la fe para ser salvo por gracia. Pero aquellos que reciben mayor fe, para recibir por gracia la justicia impartida, la gracia de Dios les transforma y les permite hacer las obras que les califican para posiciones eternas como reyes y sacerdotes, y llegar a ser la esposa del Cordero. (Mt.22:11-13; Mt.25:7-12)

Ahora bien, para recibir mayor gracia, e ir creciendo en la gracia del Señor, no solo debemos creer en Dios, es necesario creerle a Dios. La fe, es un don que proviene de Dios y es dado a aquel que cree a Su Palabra. Pablo dijo: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Ro.1:16)

Es muy importante desarrollar nuestra comunión con Dios por medio de la oración, la lectura, estudio y obediencia de la Palabra de Dios. Debemos depender del Espíritu Santo quien nos guiará a toda la verdad y nos enseñará las cosas que han de venir. (1Jn.1:9; Jn.16:13)

Que el Señor pueda completar Su obra en nosotros y podamos llegar a ser santos y sin mancha para la alabanza de la gloria de Su gracia.

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