Tema 19: Creer, Obedecer, Enseñar.

Como creyentes en Cristo Jesús hay tres niveles que debemos alcanzar en relación a la Palabra de Dios. Estos tres niveles son: creer, obedecer y enseñar. (Ro. 1:16; Hch. 5:29; 2Ti. 2:2)

Creer

La voluntad de Dios no solo es que creamos en Él, también es importante que le creamos a Él. Es necesario creer en toda la biblia y no solo en una parte de ella. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (2Ti. 3:16-17)

Debemos ser enseñados en todo el consejo de Dios y no solo en una parte de este. Cuando en un juicio, se llama a testificar a alguien, y este no dice todo lo que sabe al respecto; si omite voluntariamente información que puede afectar el veredicto, es considerado como un testigo falso y puede ser sancionado por la ley. (Hch. 1:8; 20:27)

Hoy en día, el problema no es muchas veces lo que se enseña, sino lo que no se enseña. Enseñar la bendición de Dios, sin enseñar la maldición que viene por el pecado, es incorrecto. Enseñar acerca del amor de Dios sin enseñar la ira de Dios, es ocultar una parte de la verdad. Enseñar la gracia y el favor de Dios sin enseñar el juicio y el temor de Dios, no está bien. Hablar de todos los beneficios que Jesús ganó gracias a Su sacrificio al morir por nuestros pecados, sin enseñar nuestra responsabilidad de tomar la cruz y negarnos a nosotros mismos para seguir a Cristo, es enseñar un mensaje desbalanceado.

Es necesario creer toda la Palabra de Dios. Es necesario conocer todos los atributos y nombres de Dios. Es verdad que Dios es amor, pero también es fuego consumidor. Es verdad que Dios amó al mundo y envió a Su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree no se pierda más tenga vida eterna, pero también es verdad que Dios está airado con el impío todos los días, si no se arrepiente, él afilará su espada; armado tiene ya su arco, y lo ha preparado.

Dios es bueno y es galardonador de los que le buscan, el ama la prosperidad de sus siervos, pero también Él vendrá en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.

Dios es misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad. Él perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable; y visitará la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos. No podemos hablar solo las cosas agradables para el hombre, y obviar lo que no es placentero. Debemos aprender a disfrutar lo bueno y a vencer el mal con el bien. Como Ester, que aprendió estar seis meses con óleo de mirra, que nos habla de experiencias amargas y desagradables; pero también seis meses con perfumes aromáticos y afeites de mujeres que nos habla de experiencias de bendición.

No debemos presentar solo un lado de Dios, sino todo Su carácter. Debemos conocer a Dios en todas sus facetas. Isaías dijo: “Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto”.

Dios va a salvar, bendecir y recompensar a Sus hijos obedientes pero también va castigar y condenar a los malos y desobedientes. Pablo dijo: “Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; porque no hay acepción de personas para con Dios”

 Obedecer

Los demonios creen en Dios y tiemblan, pero no obedecen la Palabra de Dios. Dios no desea que le digamos con nuestra boca Señor y sin embargo no le obedezcamos. Jesús dijo: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?”. El Señor les dijo a los escribas y fariseos “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí”.

El objetivo de creer la Palabra es para obedecerla. Obedecer su Palabra y permanecer en ella, es lo que revela a los verdaderos discípulos de Jesucristo. Jesús dijo: “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. No es la verdad que se cree la que hace libre, es la verdad que se obedece la que lleva a la libertad, a aquel que está en esclavitud.

El Señor Jesús nos salvó, no solo para ir al cielo y librarnos de la condenación eterna. Él nos salvó para obedecerle y hacer las obras, que Él preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. No somos salvos por obras, pero si somos salvos, para hacer buenas obras, según el puro afecto de su voluntad.

Cuando Dios sacó a Israel de la esclavitud de Egipto, Él fue muy claro al decirle a Faraón, que dejara ir a Su pueblo para servirle y hacerle fiesta en el desierto. De igual manera, Dios nos ha salvado y hemos sido liberados del pecado para hacernos siervos de Dios y vivir para Él. Pablo dijo: “y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos”.

Obedecer la Palabra de Dios, es el deseo de Dios para sus hijos. Samuel le dijo a Saúl: “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey”.

Los sacrificios a Dios, no pueden substituir el lugar de la obediencia. La obediencia a Su voz y a sus mandamientos es el anhelo y deseo de Dios para Su pueblo. Jeremías escribió: “Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto. Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien. Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia adelante, desde el día que vuestros padres salieron de la tierra de Egipto hasta hoy”

Enseñar

Dios quiere encontrar hombres fieles que sean idóneos para enseñar a otros. Dios quiere hacer discípulos a todas las naciones, para que obedezcan todos los mandamientos que Él ha mandado. Dios no está buscando maestros de biblia, como los Fariseos que enseñaban pero no vivían lo que enseñaban. Dios está buscando maestros de justicia, que enseñan a obedecer la Palabra de Dios que ellos obedecen y viven. Aquel que enseña la Palabra de Dios pero no la vive, no tiene la autoridad de Dios de aquel que la vive y la practica. La Palabra debe hacerse carne en nosotros, y no solo debe estar en la mente. Debe volverse vida, debe volverse una realidad en nosotros.

Dios quiere levantar maestros de justicia, que enseñen sus caminos a las naciones, como Esdras, de quien se dijo: “Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos”.

El evangelio no debe ser visto como verdades hermosas para predicar, sino como verdades divinas para vivir. La Palabra de Dios se nos ha sido dada para obedecerla, y aquellos que la enseñan deben ser ejemplos para aquellos que la escuchan. Como Pablo, quien dijo: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros”.

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