Tema 18: Creciendo en Amor.

La meta de cada creyente es crecer desde la experiencia de salvación hasta alcanzar la madurez y manifestar el amor ágape de Dios. Pedro nos dice:

“vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.
2 Pedro 1:5-7

Somos salvos por gracia, por medio de la fe que el Señor Jesús nos impartió y por medio de la cual nos hizo nacer de nuevo. Por su gracia fuimos trasladados del reino de las tinieblas al reino de la luz por medio del nuevo nacimiento. El desafío, es crecer desde ser bebés en Cristo, nuevas criaturas, a ser Su iglesia gloriosa sin arruga, la esposa de Cristo que se ha preparado y se le ha concedido que se vista de lino fino y resplandeciente, que son las obras justas de los santos. (Ef. 2:8-10; Col. 1:12-13; Ef. 5:27; Ap. 19:7-8)

Alcanzar la madurez espiritual es un proceso, y el apóstol Juan nos muestra los tres niveles de crecimiento espiritual: hijitos (niños en espirituales), jóvenes (jóvenes espirituales), padres (padres espirituales). Estos tres niveles de crecimiento corresponden a: (1 Jn. 2:12-14)

1. 30, 60 y al 100 por uno. Mt. 13:23
2. Hierba, espiga, grano lleno en la espiga. Mr. 4:28
3. Fruto, más fruto, mucho fruto. Jn. 15:2; Jn. 15:5
4. Fe, esperanza, amor. 1Co. 13:13
5. Galardón, galardón grande, galardón sobremanera grande.
Ap. 22:12; He. 10:35; Gn. 15:1
6. Atrio exterior, lugar santo, lugar santísimo. Sal. 68:24
7. Llamados, elegidos y fieles. Ap. 17:14

Los niños en Cristo reflejarán el 30 % del carácter de Cristo. Los jóvenes espirituales reflejarán el 60 % del carácter de Cristo, pero los padres espirituales reflejarán el 100 % del carácter de Cristo. Los padres espirituales, son los que alcanzan la madurez en Cristo y dan el 100 % del fruto del Espíritu Santo en sus vidas. Ellos son los que alcanzan la madurez y llegan a formar parte de la congregación de los primogénitos, aquellos que serán reyes y sacerdotes y reinaran con Cristo sobre la tierra (He. 12:22-23, Ap. 5:9-10).

En este pequeño estudio, queremos compartir como el amor hacia Dios debe ir creciendo hasta madurar, tomando como ejemplo el amor de la Sulamita que representa el amor de la iglesia hacia su esposo celestial que va en progresión.

Cantares 2:16
Mi amado es mío, y yo suya; El apacienta entre lirios.

Este primer nivel de amor corresponde a los niños espirituales. La expresión mi amado es mío y yo soy suya, revela como la entrega hacia el Señor es respuesta al amor y bendiciones recibidas. De hecho, nosotros le amamos porque Él nos amó primero. Este amor responde a ser amado. En primer lugar no se busca amar al Señor, sino ser amado, amar al Señor es en segundo lugar. Para el niño en Cristo, su relación con el Señor está basada en lo que puede recibir: salvación, sanidad, liberación, provisión, bendición. En la medida que es bendecido, su agradecimiento y amor por el Señor crece, y corresponde al Señor amándole y sirviéndole.

Acercarse al Señor para pedir y recibir sus bendiciones, es una de las bendiciones por ser hijos de Dios. Pedir para recibir no es incorrecto. Dios es galardonador de los que le buscan, nuestro Dios se complace en bendecir a sus hijos, pero este amor debe madurar para no estar enfocado en la bendición sino en el Señor.

Cantares 6:3
Yo soy de mi amado, y mi amado es mío; El apacienta entre los lirios.

Aquí el amor ha crecido, y ahora en primer lugar está entregarse al Señor y en segundo recibir sus bendiciones. En esta etapa del crecimiento espiritual el joven espiritual se entregado a Cristo Jesús para servirle y obedecerle, para hacer las obras de Dios y servir en el ministerio. La bendición ha pasado a un segundo plano, porque el primer lugar lo tiene su entrega al Señor, por eso dice yo soy de mi amado, yo vivo para mi Señor, y después dice mi amado es mío, los beneficios del Señor están en segundo lugar, han perdido la primacía.

En este nivel de amor se encuentra obedecer los mandamientos de Dios para ser bendecidos. La obediencia a los mandamientos de Dios trae bendición y la desobediencia a los mandamientos de Dios acarrea maldición. Por tanto, obedecer para recibir bendiciones, es muy sabio, sin embargo todavía este amor necesita crecer y madurar. El amor maduro no obedece para ser bendecido, aunque es verdad que la obediencia atrae la bendición de Dios. El amor maduro obedece para agradar y para complacer al Señor.

Cantares 7:10
Yo soy de mi amado, Y conmigo tiene su contentamiento.

Este nivel de amor, el primer lugar lo tiene el Señor y busca complacerle, amarle y agradarle en todo. En el amor maduro al Señor, el enfoque no es la bendición ni el ministerio. Muchos por servir en la obra del Señor olvidan al Señor de la obra. La iglesia de Éfeso hacía muchas obras por amor al nombre del Señor, pero habían perdido su relación con Él y el Señor ya no tenía el primer lugar en esta iglesia, sino el ministerio. La obra de Dios había reemplazado su relación con Dios y dejaron perder el primer amor que tenían hacia el Señor (Ap. 2:1-5).

La esposa de Cristo, vive para amar, agradar y complacer a su amado esposo celestial. El ministerio y las bendiciones no son lo primordial para ella. Ella ha muerto a su voluntad y en su corazón ya no hay espacio para sí misma, vive completamente para agradar y complacer a su amado. Este es el amor que debemos procurar alcanzar para poder llegar a ser la iglesia gloriosa sin mancha y sin arruga que llegará a ser la esposa que irá a las bodas del Cordero.

El desafío para los creyentes es dejar de ser niños en Cristo que aman y buscan al Señor por las bendiciones, y llegar a madurar de tal manera, que vivan para amar y complacer al Señor, en donde las bendiciones y ministerio no reemplacen el amor hacia nuestro Dios.

El propósito de Dios inició con la salvación de Dios, pero su meta es que seamos uno con el Padre y con el Hijo. Recordemos que en el matrimonio, ya no son dos sino una sola carne. De igual manera, para ser la esposa del Cordero debemos llegar a ser uno con el Padre y con el Hijo, uno con la justicia, la santidad, la verdad, uno con la Palabra de Dios, uno con el fruto del Espíritu. (Jn. 17:19-23).

El propósito de Dios es presentarnos santos y sin mancha delante de Él en amor, por ello es necesario crecer espiritualmente para vivir para el Señor y no para nosotros mismos.

2 Corintios 5:15
…y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

Debemos crecer en gracia en conocimiento del Señor Jesús, de tal manera que cada día muramos y Cristo pueda ser formado hasta llegar a alcanzar por Su gracia la medida del varón perfecto, la estatura de la plenitud de Cristo (2 Pe. 3:18; 1Co. 15:31, Ef. 4:13; Gál. 4:19)

La meta es que un día el Padre pueda decir de nosotros lo que dijo de Su Hijo Unigénito:
Mateo 3:17
Y hubo una voz de los cielos, que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.

Para mayor información

https://www.facebook.com/Rev.RaulAguilar

reafdejesus@gmail.com  / WhatsApp 7649-2352

 

Comparte este postTweet about this on TwitterEmail this to someoneShare on Google+Pin on PinterestShare on Facebook
This entry was posted in Crecimiento Espiritual. Bookmark the permalink.