Tema 26: Hechos Justicia de Dios

Tema 26.
Hechos Justicia de Dios.

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. 2ª Corintios 5:21

El hombre por causa del pecado que cometió Adán está muerto en delitos y pecados (Efesios 2:1-3) y ha heredado una naturaleza de pecado (Salmo 51:5). Estar muerto en delitos y pecados, se refiere a la condición del espíritu del hombre sin Cristo, en donde el espíritu, tiene la naturaleza de ira, posee la naturaleza del maligno, está muerto para Dios, vivo para el diablo, y se encuentra en el reino de las tinieblas. El espíritu del hombre, está muerto por cuanto no tiene la vida de Dios, por tanto está en armonía con los deseos del maligno viviendo para sí mismo y no para Dios, pues tiene su misma naturaleza de ira y rebeldía.

Cuando el Señor les dijo a los fariseos que eran hijos del diablo y los deseos del diablo querían cumplir, por cuanto lo querían matar, revela la verdad que anteriormente hemos explicado. Todo ser humano es criatura de Dios, pero no es hijo de Dios por cuanto no tiene el espíritu de Dios, sino del diablo. Para ser hijo de Dios, es necesario ser hecho por medio del Espíritu Santo. Llegar a ser hijo de Dios es una potestad o autoridad que Dios confiere a los que creen en el nombre de Su Hijo Jesucristo y le reciben como Su Señor y Salvador personal.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Juan 1:12-13.

Para poder llegar a ser hijos de Dios, es necesario nacer de nuevo y pasar por el proceso de justificación que nos habla nuestro verso inicial. Para ser hijos de Dios, es necesario que seamos hechos justos en nuestro espíritu, a esto se le llama el nuevo nacimiento. El nuevo nacimiento es el milagro que acontece cuando el Espíritu Santo entra en el espíritu del hombre y le imparte la naturaleza de Dios, la vida de Dios. De esta manera el espíritu del hombre resucita y pasa de muerte a vida por el poder del Espíritu Santo gracias a la gracia de Dios. El espíritu del hombre es separado del diablo, muere al diablo y queda vivo para Dios. El espíritu del hombre recibe la vida de Dios y así es como Cristo llega a nacer en cada creyente volviéndose Cristo en nosotros la esperanza de gloria.

El nuevo nacimiento hace posible que cada creyente reciba la naturaleza de Dios en su espíritu y que Cristo, nazca en cada uno de aquellos que creen en Él y se rinden a Él. Cuando el milagro del nuevo nacimiento acontece, el espíritu del hombre es trasladado del reino de las tinieblas al reino de la luz, al reino de Su amado Hijo. Este nuevo nacimiento lo hace posible la justificación por medio de Cristo Jesús.

La justificación que Pablo nos habla en 2ª de Corintios 5:21 tiene dos elementos muy importantes que necesitamos considerar:

1.Es Dios quien nos hace justos, es un milagro de creación. No puede ser obtenido por el hombre por sus propios méritos.
2.El precio de nuestra justificación fue que el Padre hizo pecado a Su Hijo.

El hombre no puede ser justo por sus propias obras. Debido a la herencia de pecado que se recibió de Adán, no existe hombre sobre la tierra que no haya pecado, y que no tenga un espíritu muerto dentro de él.

Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios.
Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Romanos 3:10-12.

Nadie puede llegar a ser justo por sus propias obras, porque ninguna obra puede hacer que el espíritu muerto del hombre viva, y reciba la naturaleza de Dios. Llegar a ser justo delante de Dios, es un milagro creativo que solo Dios puede realizar por medio del Espíritu Santo, y a ese milagro de justificación se le llama el nuevo nacimiento.

Solo aquellos que hayan nacido de nuevo tendrán entrada al reino de Dios. No existe manera de salvarse sino es por medio del nuevo nacimiento, porque solo los nacidos de nuevo son hijos de Dios, porque en sus espíritus tienen la naturaleza de Dios que les fue impartida por el Espíritu Santo cuando nacieron de nuevo al creer en Jesucristo y recibirle en Su corazón como Su Señor y Salvador.

Somos contados justos delante de Dios gracias al nuevo nacimiento, porque en nuestros espíritus fuimos hechos justos al recibir la naturaleza de Dios, aunque delante de los hombres no lo seamos todavía. La justificación que produce el nuevo nacimiento se le llama justificación imputada, es por la gracia de Dios, por medio de la fe, que es un don de Dios, no es por obras, no puede ser ganada, comprada, merecida, es gracias al amor y misericordia de Dios y es concedida a aquellos que creen en el nombre del unigénito Hijo de Dios y entregan su vidas a Él.

Ahora bien, el precio que nuestro Señor Jesús pagó para que nosotros fuésemos hechos la justicia de Dios en Él, fue que el Padre lo hizo pecado por nosotros. ¿Qué significa que el padre hizo pecado a Cristo?

La biblia dice que Cristo no hizo pecado, sino que el Padre le hizo pecado. El padre cargó en Cristo el pecado de todos nosotros, Cristo fue hecho maldición por causa nuestra. El padre se apartó de Cristo por causa de nuestros pecados. Cristo no solo llevó nuestros pecados en su cuerpo en el madero, Él fue hecho maldición y fue separado de Dios para darnos vida. El Padre le hizo pecado cuando el cargó nuestros pecados en Él. Cristo Jesús literalmente perdió todo para salvarnos y hacernos justos.

Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. 2ª Corintios 8:9.

Cristo Jesús no le temía a la muerte en la cruz, lo que el temía es la experiencia de ser separado de Dios por nuestros pecados, es decir, ser hecho pecado, ser hecho maldición por causa nuestra. Jesucristo percibió cuando el Espíritu Santo se alejó de Él y clamó: Dios mío, Dios mío, porqué me has desamparado. Sin embargo al morir en la cruz, entregó su espíritu al Padre y el Padre le vivificó.

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu. 1ª Pedro 3:18.

El precio de nuestra justificación, el precio para que naciéramos de nuevo fue extremadamente alto: Dios se hizo carne, el Verbo de Dios, Cristo, el unigénito del Padre se humilló asimismo tomando forma de siervo, llevó nuestras enfermedades, sufrió nuestros dolores; fue herido de Dios y abatido, herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, por su llaga fuimos nosotros curados, siendo rico se hizo pobre, el padre lo hizo pecado por nosotros, fue hecho maldición por nosotros, fue separado de Dios por nosotros, y todo esto para que todo aquel que en Él cree no se pierda más tenga vida eterna. ¡Bendito sea por siempre nuestro Señor Jesucristo que se entregó por nuestros pecados y fue resucitado para nuestra justificación!

Ante tal muestra de amor eterno, solo le queda a cada creyente agradecerle Su infinito amor, correspondiéndole de tal manera que nuestras vidas sean entregadas a Él para amarle, glorificarle, exaltarle y vivir para complacerle eternamente y para siempre.

¡¡¡Aleluya, bendito sea el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!!!

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Tema 25: El Misterio Escondido.

El anhelo de nuestro Dios es tener hijos a Su imagen y semejanza que puedan señorear sobre todo lo creado. Reyes y sacerdotes que puedan reinar con Él en el milenio y por la eternidad. El desea presentarnos santos y sin mancha delante de Él con gran alegría. Él quiere santificarnos por completo, de tal manera que seamos irreprensibles espíritu, alma y cuerpo para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Dios quiere que el misterio escondido sea consumado en nuestra propia vida, de tal manera que Su propósito sea cumplido en nosotros. (Gn. 1:26; Ap. 5:10; Judas 4:24; 1Ts. 5:23-24; Col. 1:24-29; Sal. 138:8).

El nuevo nacimiento, nos permite entrar y ver el reino de Dios. Por Su gracia, al renacer nuestro espíritu que estaba muerto en delitos y pecados, al ser engendrados por el Espíritu Santo y no por voluntad de carne ni de varón, sino por Dios, fuimos hechos nuevas criaturas, somos cercanos por la sangre de Cristo y miembros de la familia de Dios. (Jn. 3:1-5; Ef. 2:1-3; Jn. 1:12-13; Ef. 2:13; Ef. 2:19)

Aquellos que le recibieron y creen en su nombre, que es sobre todo nombre, Dios les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios. Este es el inicio de la carrera, comenzamos como niños en Cristo, pero la meta, el propósito de Dios para nuestras vidas, es alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo, la medida del varón perfecto, la estatura de la plenitud de Cristo. (Jn. 1:12; Fil. 2:9; 2Ts. 2:13-14; Ef. 4:13).

La revelación del misterio escondido es de suma importancia para la vida del creyente porque ha sido revelado por medio de las Escrituras de los profetas para que las naciones puedan obedecer a la fe. Dios no solo desea salvar al perdido de la condenación eterna, Él quiere dar el poder para obedecer Su Palabra y vivir conforme Su voluntad. El poder para obedecer la Palabra de Dios se encuentra en la revelación del misterio escondido. Aquellos que por la gracia de Dios lleguen a comprender y entender este misterio recibirán la gracia de Dios para obedecer a la fe y vivir para agradar a Dios. (Ro. 16:25-26; 2P. 3:9; Fil. 2:13).

La revelación principal de este misterio, es Cristo en nosotros la esperanza de gloria. Era un misterio que Cristo Jesús, por medio del nuevo nacimiento, nacería en cada creyente, al ser engendrados por el Espíritu Santo e impartir en sus espíritus la naturaleza de Dios. Cuando el Señor dijo yo he venido para que tengan vida, era porque Adán al pecar murió espiritualmente y quedó separado de la presencia de Dios. El hombre recibió en su espíritu la naturaleza de ira del diablo y es por ello que el hombre es pecador por naturaleza, porque la naturaleza de pecado fue heredada por nuestros padres, iniciando con Adán y Eva. Jesucristo vino a pagar el precio por nuestros pecados y Dios le hizo pecado para que nosotros fuésemos hechos la justicia de Dios en Él. (Jn. 1:10; Jn. 8:44; Sal. 51:5; Ro. 5:12)

Ser hechos la justicia de Dios en Cristo, es precisamente recibir la vida de Dios, la naturaleza de Dios en nuestros espíritus al ser engendrados por el Espíritu Santo. Sin embargo, nuestro Señor dijo que había venido para darnos vida y vida en abundancia. La vida en abundancia nos habla de alcanzar la plenitud de la vida, es decir la abundancia de Su naturaleza en nosotros. La vida de Dios la recibimos en la experiencia del nuevo nacimiento, pero la vida abundante de Dios la recibimos cuando alcanzamos la madurez espiritual, a esto se refiere alcanzar la medida del varón perfecto, la estatura de la plenitud de Cristo. (2Co. 5:21; Ef. 4:13)

La revelación del misterio escondido no es saber intelectualmente que la meta es llegar a ser como Cristo. La revelación del misterio escondido, incluye el entendimiento de cómo alcanzar esa meta, como también la gracia para atravesar los procesos para alcanzar la madurez espiritual que Dios desea para cada uno de sus hijos. Cuando Dios abre nuestros ojos podemos recibir entendimiento para obedecer Su Palabra y guardarla de todo corazón. (Sal. 119:34)

La revelación del misterio escondido es como un cambio de naturaleza en nuestro ser interior, de tal manera que nuestros pensamientos, intenciones, sentimientos y decisiones se alinean con el propósito de Dios y nace una determinación como la del salmón que nada en contra de la corriente para regresar al lugar donde nació y allí depositar los huevos para luego morir.

La revelación del misterio escondido nos hace como salmones espirituales, que tienen como visión y propósito llegar a ser como Cristo y están dispuesto a pagar cualquier precio para alcanzarlo. Son como Abraham, ellos están dispuestos a dejar tierra, casa, parentela y cualquier cosa por alcanzar el propósito de Dios para sus vidas de tal manera, que Cristo Jesús sea formado en ellos. La revelación del misterio escondido, nos enseña paso a paso como dejar de ser un niño espiritual, para luego ser un joven espiritual y finalmente alcanzar por gracia el nivel de padre espiritual.

La revelación del misterio escondido da el entendimiento y la vivencia de cada experiencia que se debe tener para poder alcanzar la madurez en Cristo Jesús, como es el nuevo nacimiento, el bautismo en agua, el bautismo en el Espíritu Santo, el bautismo de sufrimiento, la experiencia de crucifixión, la circuncisión del corazón y de los sentidos, como también el nacimiento en Sion.

La revelación del misterio escondido incluye el entendimiento y comprensión de cada parte del Tabernáculo de Moisés que fue dado por Dios para enseñar el camino para alcanzar la gloria de Dios. Cada mueble del tabernáculo como la puerta, el altar del sacrificio, la fuente de bronce, la meza de los panes de la proposición, el candelabro de los 7 brazos, el altar oro de incienso, el velo y el arca del pacto. Cada una de estas partes representa experiencias en la formación de Cristo en cada uno de nosotros para poder alcanzar la gloria de Dios y ser conformados a la imagen del Hijo de Dios.

La revelación del misterio escondido incluye el entendimiento del viaje de Israel, como un tipo de nuestra caminata desde Egipto hasta Sion, que representa nuestro peregrinaje de salir del mundo del reino de las tinieblas hasta llegar a conquistar el monte de Sion espiritual que representa llegar a ser la morada de Dios para ser llenos de toda la plenitud de Dios.

Cada experiencia natural que vivió Israel al salir de Egipto, es un tipo de una experiencia espiritual que hoy en día bajo el nuevo pacto cada creyente debe vivir, como la celebración de la pascua, la fiesta de los panes sin levadura, el cruce del mar rojo, cuando acamparon en el monte Sinaí, las 10 pruebas en el desierto, el cruce del Jordán, la circuncisión en Gilgal, la conquista de los 31 reyes y la derrota de las 7 naciones, y finalmente la conquista del monte de Sion en donde David llevó el arca del pacto para dar cumplimiento al propósito de Dios para Su pueblo. Cada una de estas experiencias que Israel vivió en lo natural, son vivencias que cada creyente debe experimentar de manera espiritual. Pero para ello se necesita la revelación de su significado, tipología, como también la disposición y rendición de cada creyente para que el Espíritu Santo vaya realizando cada obra en cada uno.

La evidencia de haber recibido la revelación del misterio escondido es una vida de obediencia a la fe. Es decir, cuando el creyente ha recibido la revelación del misterio escondido lo muestra por medio de una vida rendida a la Palabra de Dios, al Espíritu Santo, al Señorío de Cristo, y una vida de sumisión y obediencia a las autoridades espirituales como seculares. Cuando hay áreas no rendidas a Cristo, revela la falta de comprensión de la luz del misterio escondido en esa área en particular.

Una doctrina incorrecta nos lleva a pensamientos incorrectos, que provocan un estilo incorrecto delante de Dios. Cualquier conocimiento en contra de la Palabra de Dios nos apartará del propósito de ser uno con Él. Cristo es la verdad, y si queremos llegar a ser uno con Él necesitamos abrazar toda la verdad que el Espíritu Santo nos revela, y apartarnos de toda injusticia, maldad y todo aquello que está en contra de la voluntad de Dios.

En la medida que Dios vaya revelando el misterio escondido y el proceso para alcanzarlo, Dios nos revelará cada acción, pensamiento, actitud, sentimiento, emoción que está en contra de Su voluntad. Nuestra parte es rendirnos y abrazar Su gracia para ser perdonados, limpiados y liberados de ese pecado, a fin de ser transformados para que Cristo sea formado en nosotros.

Consumar el misterio escondido en nuestras vidas, es alcanzar en vida la gloria de Cristo. Significa desarrollar la plenitud del fruto del Espíritu Santo, de tal manera que nuestro carácter sea como el del Señor. Es llegar a tener sus pensamientos, sus sentimientos, Su carácter. Que Dios por Su gracia pueda cumplir Su propósito en nosotros y pueda el misterio escondido ser consumando en cada uno.

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Tema 24: Llamados a ser Uno

Nuestro Señor Jesucristo, no solo murió para perdonar nuestros pecados. Él murió para salvarnos, sanarnos, restaurarnos, liberarnos, a fin de que lleguemos a ser uno con el Padre y con Hijo. La oración intercesora de nuestro Señor al Padre fue:

“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”

Por tanto, el alto llamado de cada creyente, no es a ser salvos, sino llegar a ser uno con el Padre y con el Hijo y participar de esa perfecta y gloriosa unidad.

La iglesia gloriosa sin mancha y sin arruga, son aquellos que alcanzan la madurez espiritual, alcanzan la unidad para poder estar en el santo monte de Sion. Ellos tienen el nombre del Padre y del Hijo en sus frentes, porque llegaron a ser uno con el Padre y con El Hijo, y son sin mancha delante del trono de Dios.

“Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente. Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas. Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra. Éstos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Éstos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Éstos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero; y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios.

Es importante notar, que los que alcanzan este nivel glorioso de unidad son aquellos que siguen al Cordero dondequiera que Él va. Ellos fueron conformados a la imagen del Hijo de Dios, de tal manera que en la tierra siguieron a la luz del mundo, y no anduvieron en tinieblas, por ello recibieron la luz de la vida, para ser uno con el Padre y con el Hijo.

Amos dijo: “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” Por ello, aquellos que deseen caminar con el Señor como lo hizo Enoc, deben no solo creer en Él, deben seguir sus pisadas por cuanto Él nos dio el ejemplo.

Somos llamados a creer en Él, a padecer por Él y a andar como Él anduvo. Nuestro Señor Jesucristo para poder llevarnos a Dios, fue muerto en la carne pero vivificado en Espíritu. Fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados, el castigo de nuestra paz fue sobre Él y por Su llaga fuimos nosotros curados. Fue angustiado, y afligido y no abrió su boca para murmurar o para quejarse por causa de nuestras iniquidades y pecados. Como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca para maldecir o amenazar.

Cristo Jesús es nuestra paz, que de ambos pueblos judíos y gentiles hizo uno. Él por medio de la cruz, nos reconcilió con Dios, para ser un solo cuerpo, matando en la cruz del calvario las enemistades.
Jesús dijo: “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama”.

Caminar con Jesucristo, es buscar y luchar por la unidad en el cuerpo de Cristo. Como Su iglesia debemos habitar juntos en armonía y al igual que el Cordero de Dios matar toda enemistad.

El Señor abomina al que siembra discordia entre sus hermanos. Es el dragón, la serpiente antigua, el diablo lleno de ira, quien persigue al Hijo varón, a la mujer, y a la descendencia de la mujer, que representan en su orden, a los padres espirituales, a los jóvenes espirituales y a los niños espirituales.

El diablo desde el Génesis, está en enemistad con la mujer y su simiente, y su deseo es robar, matar y destruir a la simiente santa. Aquellos que persiguen a otros cristianos, se enojan con ellos, critican y murmuran, están caminando el camino de la serpiente, el camino de la enemistad poniéndose en contra del Señor.

Saulo respiraba amenazas en contra de los discípulos del Señor, sin saber que al perseguir a los cristianos estaba persiguiendo a Cristo, quien se le apareció y le dijo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón”

Sembrar discordia entre los hermanos, por medio de la murmuración, difamación, crítica, queja y menosprecio, es sembrar enemistad y seguir el ejemplo del diablo, quien busca dividir y destruir la unidad a la que hemos sido llamados.

Cuando un hermano en Cristo nos ofende y lastima, la Palabra de Dios nos dice que debemos perdonarle como Cristo nos perdonó. Debemos perdonarle sin murmuración, no debemos contarle a otros su falta, no debemos criticarle ni menospreciarle. Nuestra parte es matar la enemistad por medio del perdón y padecimiento como lo hizo Cristo Jesús en la cruz. Enojarnos contra el ofensor, reaccionar ante el agravio, tomar venganza o atacar al ofensor, murmurar o criticar a causa de la herida, que nos hicieron no es seguir el camino del Cordero de Dios, sino el camino de la serpiente antigua, el diablo, quien promueve la enemistad y persigue a los santos.

Aquellos que persiguen a los santos con sus enojos y críticas, no solo están en contra del Señor, están desparramando la obra del Señor, y además están poniendo en peligro su alto llamado de ser uno con el Padre y con el Hijo. Están arriesgando llegar a ser la esposa del Cordero, porque el Señor no se casará con creyentes que siembran discordia y enemistad, porque no son pacificadores como Él. Para ser la esposa del Cordero, es necesario ser sin mancha ni arruga. Solo Su iglesia gloriosa, la que alcanza madurez, es la que llega a ser la esposa del Cordero, por tanto, seguir el camino de la serpiente, el camino de la queja, de la murmuración y crítica es un camino que no conduce a la gloria de Dios ni a la unidad con el Padre ni con el Hijo.

Nuestro llamado es a ser pacificadores, como nuestro Señor. Somos llamados a padecer por causa de otros, somos llamados a ser molidos por los pecados de otros, a ser heridos por las rebeliones de otros, castigados para que otros puedan recibir paz, llagados para que otros puedan ser sanados, como aconteció con nuestro Señor Jesús. Los pacificadores serán llamados huíos, hijos maduros de Dios, que fueron conformados a la imagen del Hijo de Dios. Los huíos de Dios, los hijos de Dios que alcanzan la madurez espiritual, aman a sus enemigos, bendicen a los que los maldicen y oran por aquellos que los ultrajan y los persiguen. Los huíos de Dios, son hijos maduros del Padre celestial, quien es bueno y hace salir el sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos e injustos.

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos (huíos en griego) de Dios.

Somos llamados a ser los huíos de Dios, hijos de Dios que alcanzan la unidad de la fe, la medida del varón perfecto, la estatura de la plenitud de Cristo, por tanto debemos creer en Cristo, andar como Cristo, vivir como Cristo y morir como Cristo, para poder resucitar y estar con Cristo y ser uno con el Padre y con el Hijo para poder estar con el Cordero de Dios en el monte de Sion.

Caín mató a Abel. Saúl persiguió a David. Ismael se burlaba de Isaac, Esaú aborreció a Jacob. Todos estos eran caminos de enemistad y enojo contra los escogidos de Dios. No debemos ponernos de acuerdo con el diablo para perseguir a los santos y sembrar enemistad por medio de la murmuración, queja y crítica. Debemos caminar con el Señor y trabajar con Él, para presentar perfecto a todo hombre en Cristo Jesús. Debemos caminar con Él para perdonar, sanar, salvar, restaurar y liberar a los santos para que puedan llegar a ser uno con el Padre y con el Hijo. Nuestra parte es luchar por la unidad y matar toda enemistad como lo hizo nuestro Señor. Luchemos por la unidad del cuerpo de Cristo y para que todo creyente alcance la madurez espiritual y puedan llegar a ser uno con el Padre y el Hijo.

“…a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí”

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Tema 23: El Bautismo

Cuando Juan el Bautista bautizó en el río Jordán al Señor Jesús aproximadamente a los 30 años, después que sumergió al Señor y subieron del agua, el Espíritu Santo descendió en forma corporal como paloma y permaneció sobre Él. Los cielos fueron abiertos y se escuchó una voz que dijo: este es mi Hijo amado en el cual tengo complacencia.

Juan testificó la importancia del bautismo por inmersión del Señor Jesús, él dijo:

“Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios”

En el bautismo del Señor Jesús, Juan comprendió que Jesucristo era el Hijo de Dios. Hoy en día, el bautismo en agua, también es muy importante, porque es el acto público determinado por Dios para dar testimonio al mundo de que hemos creído en Cristo Jesús. De hecho, es el primer mandamiento que se debe guardar después de haber creído en Él. Jesús dijo:

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” Marcos 16:15-16

El bautismo en agua es la manifestación externa de la experiencia interna de salvación. Revela y testifica al mundo, de haber creído en la predicación del evangelio y declara y proclama, que Jesucristo es el Hijo de Dios, quien se dio a sí mismo para perdonar nuestros pecados y librarnos de este presente siglo malo conforme a la voluntad del Padre.

El bautismo en agua debe ser por inmersión, en donde la persona es completamente sumergida en agua como lo fue nuestro Señor Jesús. De hecho, la palabra griega para bautismo, es una transliteración y no una traducción. La palabra “bautizo”, se usaba para describir un barco que se había hundido o una prenda de ropa que se había sumergido en un tinte líquido para cambiarle el color. La palabra bautismo no significa rociar, sino sumergir. El bautismo bíblico no es rociar o derramar gotas de agua sobre la cabeza de una persona, sino sumergirla completamente en el agua.

El bautismo por inmersión es tipo de la sepultura del viejo hombre, Pablo dijo:

“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”. Ro. 6:3-4

Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo en la cruz, y el bautismo es la figura de Su sepultura. Es por ello que en el nuevo pacto, sí es posible vencer al pecado, porque por medio del nuevo nacimiento recibimos la naturaleza de Dios en nuestro espíritu y esta naturaleza no puede pecar porque lleva la simiente de Dios. Es por ello que después de nacer de nuevo es importante que el creyente aprenda a andar en el Espíritu y echar mano de la vida eterna que ha recibido para poder vencer el pecado y vivir en justicia, santidad y verdad.

Antes de llegar a Cristo el pecador en su espíritu, se encontraba muerto en delitos y pecados. El espíritu no regenerado del hombre caído estaba muerto para Dios pero vivo para el diablo. Tenía la naturaleza de Satanás, una naturaleza de ira, en donde el hombre vivía conforme a sus pensamientos, deseos y voluntad carnal. Pero al creer en Cristo Jesús y rendir su vida a Él, por la gracia de Dios, aun cuando su espíritu estaba muerto, Cristo Jesús le dio vida por medio del nuevo nacimiento. Cuando el Espíritu Santo engendra al pecador le imparte en su espíritu muerto, la vida de Dios, sucediendo dos milagros maravillosos: la muerte del viejo hombre y el nacimiento de una nueva criatura, que es Cristo en nosotros la esperanza de gloria.

Cuando un pecador se arrepiente, hay gozo en el cielo porque el milagro de Belén vuelve a suceder. Cristo Jesús vuelve a nacer, en la vida de aquel que cree en el evangelio y se rinde a Cristo. El nuevo nacimiento es la experiencia a la que se refiere la Palabra de Dios al decir: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” 2ª. Co. 5:17

¿Qué se necesita para que el pecador pueda nacer de nuevo, sea salvo y sea trasladado del reino de las tinieblas al reino de la luz?

1. Debe escuchar y creer la predicación del evangelio.
2. Debe creer que Jesucristo es el Hijo de Dios y que resucitó de los muertos.
3. Debe creer que no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos.
4. Debe confesar con su boca que Jesús es su Señor y Salvador
5. Debe invocar al Señor Jesús para ser salvo y recibirle en Su corazón.

Estas razones muestran que el bautismo de bebés se encuentra fuera de lugar. En primer lugar, es un bautismo por aspersión en lugar de inmersión como la Biblia lo enseña. En segundo lugar, un bebé no tiene la facultad de arrepentirse y decidir entregar su vida a Cristo. No puede creer en Su nombre y recibirle en su corazón, por tanto, no hay manera que el viejo hombre muera en él, por cuanto no puede renunciar al pecado y entregarse a Cristo.

En lo natural, la sepultura se hace cuando alguien muere. De la misma manera en lo espiritual. Si el viejo hombre sigue vivo en el bebé, no tiene sentido bautizarlo porque el viejo hombre no ha muerto, por tanto todavía no se puede sepultar, porque el viejo hombre sigue vivo, debido a que el bebé no tiene las facultades para creer y entregarse a Cristo y así experimentar el nuevo nacimiento, como también la muerte del viejo hombre. El nuevo nacimiento, no viene por la fe de los padres, sino por la fe que recibe el pecador, al creer este que Jesús es el Hijo de Dios.

El bautismo en agua por inmersión es el primer mandamiento que se debe guardar después de creer en Cristo. Cuando el Eunuco Etíope de Candace escuchó el mensaje de Felipe, pidió ser bautizado a lo que contestó Felipe “Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes”

En el día de Pentecostés, cuando Pedro y los 120 en el aposento alto fueron bautizados en el Espíritu Santo, comenzaron a hablar en otras lenguas. Después de todo esto, el apóstol Pedro, predicó un poderoso mensaje, en donde los Judíos que creyeron al evangelio y recibieron la Palabra de Dios se bautizaron, añadiéndose ese día a la iglesia como tres mil personas.

Esto nos muestra que el bautismo en agua debe llevarse a cabo después de creer en Jesucristo como el Hijo de Dios al recibir y creer la predicación del Evangelio.

El bautismo en agua, rompe las ataduras de nuestros enemigos en el pasado y nos separa de la vida pasada. Esto fue lo que ocurrió a Israel cuando faraón los perseguía cuando ellos salieron de Egipto, Dios sepultó a Faraón y a sus carros en el mar rojo, que es un tipo del bautismo en agua. El bautismo sepulta al viejo hombre para que podamos continuar nuestra caminata hacia la tierra prometida, el cumplimiento del propósito para nuestras vidas.

El bautismo no solo es el tipo de la sepultura del viejo hombre, sino también la resurrección del nuevo hombre, para que podamos andar en novedad de vida, viviendo conforme a la voluntad de Dios con la ayuda de la gracia de Dios y el poder del Espíritu Santo. Ahora bien, El bautismo no debe verse como un requisito para ser salvo, sino como un mandamiento a obedecer, porque el ladrón en la cruz, que creyó en Jesús, no se bautizó y sin embargo el Señor le dijo que estaría con Él en el paraíso.

El evangelio de nuestro Señor Jesucristo nos permite recibir el perdón de pecados, pero debemos entender que el propósito de la muerte de Cristo es que vivamos para Él.

“…y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ello” 2ª. Co. 5:15

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Tema 22: Tres Niveles de Santificación

Por la gracia del Señor hemos sido trasladados del reino de las tinieblas al reino de Su amado Hijo. Ahora nosotros los que no teníamos esperanza hemos sido hechos cercanos por la sangre de Cristo y ahora somos parte de la familia de Dios. (Col. 1:13; Ef. 2:13,19).

Por el milagro del nuevo nacimiento, hemos sido participantes de Su naturaleza divina. Nuestro espíritu fue engendrado por Dios y nos dio la potestad de ser hechos hijos de Dios. Sin embargo, Dios quiere santificarnos por completo, Dios quiere santificar nuestro espíritu, alma y cuerpo de tal manera que seamos hallados irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

Este proceso de santificación dura toda nuestra vida, pero la meta a alcanzar en vida, antes de irnos a la presencia del Señor, es ser conformados a la imagen del Hijo de Dios, que sería equivalente a desarrollar el fruto del Espíritu en nosotros.

Es necesario dejar la niñez espiritual y proseguir hasta alcanzar la madurez en donde nos volvemos padres espirituales y hermanos mayores que viven para complacer a nuestro Dios. Pero en este proceso de santificación y crecimiento espiritual, hay tres niveles de santidad que debemos alcanzar. Estos niveles son: 1) Apartarnos de lo malo; 2) De lo bueno; 3) De lo vano.

Apartarnos de lo malo

Jesucristo dio Su vida para apartarnos de este presente siglo malo. Él murió para deshacer las obras del diablo, y esto incluye: maldad, injusticia, rebeldía, iniquidad y todo aquello que se opone a la justicia, a la santidad y a la verdad. Lo malo está muy bien ilustrado por las obras de la carne; estas obras separan de Dios a las personas que las practican; les evitarán participar del reino de Dios y en lugar de ello irán a perdición y condenación.

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” Gá. 5:19-21.

La gracia de Dios es el favor divino inmerecido, que nos capacita para hacer Su voluntad. Por tanto, hay gracia disponible para dejar todo tipo de pecado y obra que no es agradable a los ojos de Dios.

Apartarse de lo bueno

No todo lo bueno es la voluntad de Dios para nuestra vida. En la medida que conozcamos al Señor, Él nos revelará las obras que Él ha determinado que hagamos, Él nos mostrará el ministerio que desea que desarrollemos y el llamado que el Señor quiere que obedezcamos.

Llegará el momento en donde Dios va a separarnos de cosas que son buenas, pero que para nosotros ya no tienen cabida porque Dios nos está guiando a hacer otras cosas que se alinean al plan de Dios para nuestra vida. Por ejemplo alguien puede tener la costumbre de caminar todos los días a una hora temprana de la mañana, pero llega el día en donde el Espíritu Santo le impulsa a cambiar de actividad y es probable que en lugar de caminar le guíe a orar o estudiar la Palabra de Dios. Aunque caminar es bueno para la salud, en el momento que el Espíritu Santo nos guía a hacer otra cosa, aquello que era bueno deja de ser provechoso, por cuanto el Señor nos guía a algo mejor. Llega el momento en nuestra vida en donde dejamos lo bueno para elegir lo mejor que Dios tiene para nosotros.

En el proceso de seguir a Cristo para poder alcanzar el propósito de Dios de llegar a tener la plenitud de Su vida y naturaleza desarrollada en nosotros, iremos siendo apartados, separados por Dios. Dios nos separará de algo, para llevarnos hacia algo. Poco a poco, nos iremos apartando de muchas cosas buenas, para hacer la voluntad que Dios nos revela personalmente por el Espíritu Santo y la Palabra de Dios.

Nuestro objetivo diario debe ser irnos separando de hacer nuestra voluntad para hacer la voluntad de Dios. Dios nos ha escogido para cumplir propósitos eternos, entre los cuales está el manifestar las abundantes riquezas de Su gracia por medio de transformar nuestro carácter y realizar obras por medio nuestro que glorifiquen Su Nombre, como el cumplimiento de la Gran Comisión, como también ser luz al mundo y sal de la tierra y utilizándonos nuestro Dios para ser de bendición a los demás. Dios nos ha creado para ser de bendición para los demás y por medio de los dones y unciones del Espíritu Santo, Dios quiere utilizarnos como Sus instrumentos de justicia para establecer Su reino en la tierra y deshacer toda obra del diablo. Sin embargo, antes de utilizarnos, Él quiere santificarnos para poder ser utilizados como vasos de honrar útiles para todos los del Señor.

Apartarse de lo vano

El cristianismo no es solamente hacer cosas y trabajar para el reino de Dios. De hecho, el “ser” es más importante que el “hacer”. Somos llamados a amar a nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas. La meta es amarle a Él más que a todo, y más que a cualquier cosa.

La idea aquí es dejar de amar lo terreno para amar a nuestro esposo celestial. Dejar de amar lo vano para amar al eterno y que tengamos puesta la mirada en las cosas de arriba y no en las de la Tierra, en donde lo que deseamos y anhelamos es amar y complacer a nuestro Dios.

El amor por lo vano es tener en estima a las cosas de este mundo que son temporales. Pero llega el momento en nuestro caminar en Dios en donde Dios nos desafía a dejar de amar lo terreno, lo vano, lo temporal por amarlo a Él.

La gracia de Dios quiere transformarnos de tal manera que dejemos de amar posesiones, posiciones, trabajo, bienes materiales, y en lugar de eso amar a nuestro Dios de tal manera que sea nuestro único deseo y que fuera de Él nada deseemos en la tierra.

Este nivel de santidad que se alcanza por la gracia de Dios hace que perdamos el amor a todo, y nuestra meta sea ganar a Cristo, como Pablo lo dijo:

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”

Ahora bien ¿Cómo podemos alcanzar estos niveles de santificación?

Estos niveles de santificación se obtienen siendo obedientes a la verdad que Dios revela. Debemos ser fieles para caminar en la luz de la Palabra de Dios que el Espíritu Santo nos da. Cuando Dios nos de entendimiento en un área específica, cuando Dios nos revele Su voluntad, debemos pedir a Dios la gracia para obedecer ese mandamiento, o en su defecto pedir que nos perdone el pecado que Él nos está señalando y pedir que nos libere de ese pecado. Debemos recordar que Cristo Jesús no solo quiere perdonar nuestros pecados, Él quiere liberarnos de todos ellos y transformarnos de tal manera que seamos conformados a Su imagen y semejanza manifestando en nuestro carácter Su carácter por medio del fruto del Espíritu Santo.

Debemos buscar conocer la mente y corazón de Dios en cada área de nuestra vida de tal manera que Dios tenga la libertad de hablarnos aquello que le agrada y lo que no le agrada de nuestra vida devocional, laboral, familia, o social.

Debemos caminar con Dios de tal manera que la luz de Su rostro nos guíe por medio de mandamientos personales que Él nos habla por medio del Espíritu Santo. Debemos rendir nuestra voluntad a Su luz y cada mandamiento que Él nos hable, y Él por Su gracia nos llevará de gloria en gloria, hasta que alcancemos Su propósito y podamos ser fieles a todo lo que el Señor nos muestre y demande.

En su voz está el poder para obedecer todo aquello que el Señor nos pida. Por ello desarrollar una comunión diaria es vital para ser transformados. Debemos clamar a Dios para que nos ayude para que la obra del Señor no nos haga olvidar y desplazar al Señor de la obra. Que podamos vivir cada día buscando Su rostro, conociéndole, escuchándole, pasando tiempo con Él, y con la ayuda de la gracia del Señor obedecer todo lo que Él nos mande de tal manera que siempre estemos de acuerdo con Él y podamos siempre caminar juntos.

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Tema 21: Jesús

El Verbo de Dios, quien estaba con Dios, quien era Dios, se hizo carne, para que el mundo pudiese ver la gloria del unigénito Hijo de Dios. Dios vino a la tierra en forma humana por medio de Jesucristo. Emanuel es uno de los nombres del Señor Jesús que significa: Dios con nosotros.

Jesucristo vino en carne para revelar al Padre, de tal manera que aquel que viera a Jesucristo viera al Padre. Él es el camino al Padre, y nadie puede llegar al Padre, ni conocerlo sino es por medio de Jesucristo.

Jesucristo reveló al padre por medio de: su carácter, sus obras, y su doctrina. Todo provenía del Padre. No hacía nada de sí mismo, todo lo que hizo, lo hizo porque el Padre se lo reveló. Apareció para deshacer las obras del diablo. Fue ungido con el Espíritu Santo y con poder y anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos del diablo porque Dios estaba con Él.

Jesucristo no vino a la tierra para condenar al mundo, sino para que el mundo fuera salvo por Él. Dios manifestó su amor por el mundo, de tal manera que envió a Su Hijo unigénito para que todo aquel que cree continuamente en Él no se pierda, sino tenga la vida eterna.

Aun siendo pecadores Cristo murió por nosotros, y por medio de Su sangre somos justificados y por Él seremos salvos de la ira de Dios. Siendo enemigos fuimos reconciliados con Dios con la muerte de Su Hijo, estando ya reconciliados por medio de Cristo seremos salvos por su vida.

Cuando Cristo Jesús vino a la tierra, vino como raíz de tierra seca, sin una gran apariencia ni hermosura, sin atractivo físico que llamara la atención. Fue despreciado y desechado entre los hombres, fue un varón de dolores experimentado en quebranto. El mundo fue creado Él, pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino y los suyos no le recibieron. Todas las cosas por Él  fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. A pesar de todo esto Su pueblo escondió de él Su rostro, fue menospreciado y no lo estimó. Sin embargo, Cristo Jesús llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, fue tenido por azotado, herido de Dios y abatido. Mas Él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados, el castigo de nuestra paz fue sobre Él y por Su llaga fuimos nosotros curados.

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su propio camino, mas el Padre cargó en Él, el pecado de todos nosotros. Fue angustiado y afligido, no abrió Su boca, como Cordero fue llevado al matadero, y como oveja delante de sus trasquiladores enmudeció y no abrió su boca. No hizo pecado, ni se halló engaño en su boca. Cuando le maldecían, no respondía con maldición, cuando padecía, no amenazaba sino que encomendaba la causa a Su Padre quien juzga justamente.

Llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero y por cuya herida fuimos sanados, para que nosotros estando muertos a los pecados. vivamos para la justicia. Fue cortado de la tierra de los vivientes y por la rebelión de Su pueblo fue herido. Por cárcel y por juicio fue quitado, y su generación ¿Quién la contará?

Con los impíos se dispuso Su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte, aunque nunca hizo maldad ni hubo engaño en su boca. El padre celestial, quiso quebrantarle y le sujetó a padecimiento, pero al poner Su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días y la voluntad del Padre en su mano será prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho; y Cristo el siervo justo de Dios, por Su conocimiento justificará a muchos y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, el Padre le dará parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte y fue contado con los pecadores, habiendo Él llevado el pecado de muchos y orado por los transgresores.

Cristo Jesús dio su cuerpo a heridores y sus mejillas a los que le arrancaban Su barba, no escondió Su rostro de injurias y escupidas. El Padre le ayudó y no se avergonzó, por eso puso su rostro como un pedernal y no se avergonzó.

Isaías profetizó de Él y dijo que el niño que habría de nacer, nacería de una virgen, a Él se le llamaría admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de Paz. El principado estaría sobre su hombro, pero aunque fue hecho en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

El ángel Gabriel le dijo a María: concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Cuando fue bautizado en el rio Jordán, al subir del agua los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.

Isaías profetizo acerca de Jesús y dijo: He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley.

David profetizó que a Jesús le horadarían sus manos y sus pies, y que repartirían entre si sus vestidos y sobre su ropa echarían suertes. Jesús les dijo a sus discípulos que sería entregado en manos de pecadores y le matarían pero que al tercer día iba a resucitar.

Fue condenado a muerte por el concilio por decir que era el Hijo de Dios. Pilato le mandó a azotar y le entregó para ser crucificado. Desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle. Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera, le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo.

Pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ÉSTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS. Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda. Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.   Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios. Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él.

Fue crucificado a las 9 de la mañana, y de las 12 del mediodía hasta las tres de la tarde hubo tinieblas sobre toda la tierra, y a las tres de la tarde exclamó: Dios mío, Dios mío porque me has desamparado, y luego de decir Padre en tus manos encomiendo mi espíritu murió. Cuando Jesús expiró, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.

Pedro dijo que el Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos para llevarnos a Dios, y aunque fue muerto en la carne fue vivificado en espíritu, descendió a las partes más bajas de la tierra,  fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé.

Jesús participó de carne y sangre para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, el diablo y así librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Le quitó al diablo las llaves de la muerte y del Hades y al resucitar, se llevó cautiva a la cautividad y dio dones a los hombres.

Al resucitar el Señor Jesús, estando sus discípulos a puertas cerradas se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros, sopló y les dijo recibid el Espíritu Santo, y les dijo como el Padre me envío así os envío yo. Y antes de ascender al cielo les dijo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Pablo hablando del Señor Jesús resumió Su nacimiento, la vida muerte y resurrección de Cristo; y le llamo el Misterio de la Piedad y dijo: E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria.

El Señor Jesús quién está sentado a la diestra del Padre en los cielos se reveló a Juan que como Alfa y Omega, el principio y el fin, el que es, el que era el que ha de venir, el Todopoderoso. Juan dijo del Señor Jesús: He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.

Juan vio el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.

También el apóstol Juan vio en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. Y vio a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?  Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo. Y Juan lloraba mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo. Y uno de los ancianos le dijo a Juan: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.

Y Juan miró, y vio que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.  Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.

Y miró, y oyó la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.

Jesucristo es el Rey de Reyes y Señor de Señores, fue entregado por nuestros pecados, y resucitado para nuestra justificación. Jesús vendrá nuevamente a la tierra con gloria y poder para establecer Su reino. ¿Estás tu preparado para su segunda venida?

¿Cómo podemos estar preparados para su Venida?

  1. Debemos creer que Él es el único camino para llegar al Padre, y que no hay otro nombre debajo del cielo para poder ser salvos.
  1. Debemos creer que el murió por nuestros pecados y resucitó al tercer día para llevarnos a Dios y regresará para reinar sobre la tierra.
  1. Debemos creer continuamente en Él y confesarle con nuestra boca como el Señor de nuestra vida y con su ayuda apartarnos de todo pecado y de camino de maldad que Él nos muestre.
  1. Debemos recibirle en nuestro corazón como el Señor de nuestra vida y entregarnos y rendirnos a Él para seguirle y vivir para hacer la voluntad de Dios.

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Tema 20: El Poder de la Gracia.

La gracia de Dios además de ser el favor inmerecido de Dios, también es el poder que capacita al hombre para cumplir con la voluntad de Dios. La gracia de Dios, no solo es un favor divino, también es capacitación divina, que da el poder para obedecer y hacer aquello que es imposible para la naturaleza humana. (1Co. 15.10; Fil.2:13; He.13:21)

Por la gracia de nuestro Señor Jesucristo, Él se hizo pobre, para que con Su pobreza, nosotros fuésemos enriquecidos. El hombre aun estando muerto en delitos y pecados, por la gracia de Dios, puede ser salvo, y por el nuevo nacimiento, es hecho participante de la naturaleza divina. El hombre fue enriquecido al ser participante de la naturaleza de Dios. Pero la voluntad del Padre celestial, no solo es recibir la vida de Dios, sino Su vida abundante, que nos habla de alcanzar la plenitud de Dios, alcanzar la madurez espiritual, la medida del varón perfecto, la estatura de la plenitud de Cristo. (2Co. 8:9; Ef.2:1; 2Pe. 1:4; Ef.3:19; Jn.10:10; Ef.4:13)

El creyente debe aprender a crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Esto significa no solo recibir la gracia salvadora que perdona pecados, sino la gracia capacitadora de Dios que transforma y vence el pecado. Debemos tener presente que la gracia de Dios, no solo perdona pecados, también es el poder de Dios para liberarnos de ellos. Puede transformarnos y tiene la capacidad para que la justicia de Dios sea cumplida en nosotros, de tal manera, que a través de ella podemos ser conformados a la imagen del Hijo de Dios, para que Su propósito pueda ser cumplido en nosotros. (2Pe.3:18; Ro.6:22; Ro.8:4; Ro.8:29; Sal.138:8)

El propósito de la gracia en la vida del pecador, inicia con la salvación, pero la meta, es sentarnos con Cristo en los lugares celestiales, para reinar con Él por la eternidad. La gracia de Dios es su favor inmerecido que nos capacita para ir de experiencia en experiencia, alcanzando madurez espiritual, hasta llevarnos a ser vencedores para poder sentarnos en el trono con Cristo y reinar con Él. (Ef.2:4-7; Ap.2:26)

El Señor Jesús dijo: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”. Esta experiencia de ser un vencedor, no viene por nacer de nuevo. La gracia salvadora, nos da la potestad de ser hechos hijos de Dios. Nos vuelve nuevas criaturas en Cristo Jesús. Niños en Cristo, que necesitan madurar para poder llegar a ser jóvenes espirituales y luego padres espirituales que se vuelven vencedores. (Ap.3:21; Jn.1:12; 2Co.5:17)

Los niños en Cristo, han recibido gracia para que sus pecados les sean perdonados. Pero los jóvenes espirituales, han recibido gracia para ser fuertes, para permanecer en la Palabra de Dios, y para vencer al maligno. Los padres espirituales, han recibido la gracia de Dios, para conocer al que es desde el principio, y debido a ese conocimiento superior de Dios, debido a la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, todo lo tienen por basura, lo han perdido todo para ganar a Cristo. Aquellos que conocen a Dios de una manera más profunda, como los padres espirituales, son transformados y conformados a Su imagen y semejanza. (Flp.3:7-8; Ro.12:1-2; 1Jn.2:12-14)

Es importante observar como en cada nivel de crecimiento espiritual, la gracia de Dios se manifiesta de manera diferente:

Los niños en Cristo, por la gracia de Dios, conocen a Cristo como el camino a la salvación. El camino que los lleva al Padre. El justo murió por los injustos para llevarnos a Dios. Pero los jóvenes espirituales, por la gracia de Dios, llegan a conocer a Cristo como la verdad, y debido a que ellos permanecen en la verdad, esa verdad los hace libres de la iniquidad, les libera de las ataduras y de la esclavitud del pecado. (Hch.4:11-12; 1P.3:18; Jn.8:31-32)

Los jóvenes espirituales reciben gracia para no practicar el pecado y ser libres de él. Además la gracia de Dios, les permite ser fuertes y les da el poder para permanecer obedeciendo la Palabra de Dios, y de esa manera, logran vencer al maligno.

Finalmente, los Padres espirituales, por medio de la gracia de Dios, llegan a conocer a Cristo íntimamente. Ellos llegan a conocer a Cristo como la vida. Cristo, quien es la imagen del Dios invisible, quien reveló al Padre con sus acciones, carácter, vida, muerte y resurrección, al revelarse profundamente en sus hijos, les transforma el carácter, y los va conformando a Su imagen y semejanza. Por ello, los padres espirituales, en la medida que van conociendo mucho más a Dios por medio de Cristo, van siendo transformados de gloria en gloria, en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. (Col.1:14-16; 2Co. 3:18; Ro.8:28-29; Jn.14.6)

Por tanto, por la gracia de Dios, los niños en Cristo, reciben la revelación de Cristo como camino, y esto les da salvación. Los jóvenes espirituales, reciben mayor gracia, y ellos llegan a conocer a Cristo como la verdad, y esto los hace libres. Los padres, alcanzan un nivel mayor de gracia, y llegan a conocer a Jesús como la vida, y esto los transforma.

¿Qué sería entonces crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo? Es ir creciendo en el conocimiento del Señor, de tal manera que primeramente se experimente el perdón de pecados, después la liberación del pecado y luego ser transformados en el carácter para ser conformados a la imagen y semejanza de Dios. Por tanto, el objetivo de la gracia, no es solo perdonar pecados. El Señor, quiere liberarnos de ellos y transformarnos de tal manera que lleguemos a ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto. (Mt.5:48; Gn.1:26)

Es por medio de la gracia de Dios, que Dios desea volvernos vencedores, para que podamos heredar todas las cosas. El Señor Jesús dijo: “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”. (Ap.21:7)

Es la gracia de Dios, la que nos capacitará para vencer al mundo, al diablo y a la carne. Cristo Jesús murió para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Vencer el pecado y vivir para Cristo, solo es posible por la gracia de Dios, que se obtiene por la fe que Dios otorga a aquel que cree a Su Palabra. (1Co.15:10; 2Co.5:15; Ro.1:16)

La salvación es un regalo de Dios que se obtiene por fe, no es por obras, para que nadie se gloríe. A esta obra de gracia, se le llama justificación imputada, en donde somos salvos por fe, sin necesidad de obras. La justicia imputada no requiere obras, solamente la fe que Dios otorga al que cree. Sin embargo, para recibir herencia, galardones y alcanzar los niveles de gloria que Dios ha prometido, se requiere otro tipo de justicia, ya no la imputada, sino la justicia impartida, que es una justicia que se recibe por fe, pero que produce obras de justicia. La justicia impartida, también es una obra de gracia que se recibe por la fe. Pero este tipo de justicia, produce obras en el creyente, que le permite alcanzar niveles de gloria como llegar a ser la esposa del Cordero. El apóstol Juan escribió: “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos” (Ef. 2:8-10; Ro. 5:1; 2Co. 5:21; Ap. 19:7-8)

Aquellos que solo reciben la fe, para recibir por gracia la justificación imputada, serán salvos, pero no alcanzarán niveles mayores de gloria, como el ladrón en la cruz, que fue salvo, pero no será parte de la esposa del Cordero por cuanto no calificó para esta posición, solamente recibió la fe para ser salvo por gracia. Pero aquellos que reciben mayor fe, para recibir por gracia la justicia impartida, la gracia de Dios les transforma y les permite hacer las obras que les califican para posiciones eternas como reyes y sacerdotes, y llegar a ser la esposa del Cordero. (Mt.22:11-13; Mt.25:7-12)

Ahora bien, para recibir mayor gracia, e ir creciendo en la gracia del Señor, no solo debemos creer en Dios, es necesario creerle a Dios. La fe, es un don que proviene de Dios y es dado a aquel que cree a Su Palabra. Pablo dijo: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Ro.1:16)

Es muy importante desarrollar nuestra comunión con Dios por medio de la oración, la lectura, estudio y obediencia de la Palabra de Dios. Debemos depender del Espíritu Santo quien nos guiará a toda la verdad y nos enseñará las cosas que han de venir. (1Jn.1:9; Jn.16:13)

Que el Señor pueda completar Su obra en nosotros y podamos llegar a ser santos y sin mancha para la alabanza de la gloria de Su gracia.

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Tema 19: Creer, Obedecer, Enseñar.

Como creyentes en Cristo Jesús hay tres niveles que debemos alcanzar en relación a la Palabra de Dios. Estos tres niveles son: creer, obedecer y enseñar. (Ro. 1:16; Hch. 5:29; 2Ti. 2:2)

Creer

La voluntad de Dios no solo es que creamos en Él, también es importante que le creamos a Él. Es necesario creer en toda la biblia y no solo en una parte de ella. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (2Ti. 3:16-17)

Debemos ser enseñados en todo el consejo de Dios y no solo en una parte de este. Cuando en un juicio, se llama a testificar a alguien, y este no dice todo lo que sabe al respecto; si omite voluntariamente información que puede afectar el veredicto, es considerado como un testigo falso y puede ser sancionado por la ley. (Hch. 1:8; 20:27)

Hoy en día, el problema no es muchas veces lo que se enseña, sino lo que no se enseña. Enseñar la bendición de Dios, sin enseñar la maldición que viene por el pecado, es incorrecto. Enseñar acerca del amor de Dios sin enseñar la ira de Dios, es ocultar una parte de la verdad. Enseñar la gracia y el favor de Dios sin enseñar el juicio y el temor de Dios, no está bien. Hablar de todos los beneficios que Jesús ganó gracias a Su sacrificio al morir por nuestros pecados, sin enseñar nuestra responsabilidad de tomar la cruz y negarnos a nosotros mismos para seguir a Cristo, es enseñar un mensaje desbalanceado.

Es necesario creer toda la Palabra de Dios. Es necesario conocer todos los atributos y nombres de Dios. Es verdad que Dios es amor, pero también es fuego consumidor. Es verdad que Dios amó al mundo y envió a Su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree no se pierda más tenga vida eterna, pero también es verdad que Dios está airado con el impío todos los días, si no se arrepiente, él afilará su espada; armado tiene ya su arco, y lo ha preparado.

Dios es bueno y es galardonador de los que le buscan, el ama la prosperidad de sus siervos, pero también Él vendrá en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.

Dios es misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad. Él perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable; y visitará la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos. No podemos hablar solo las cosas agradables para el hombre, y obviar lo que no es placentero. Debemos aprender a disfrutar lo bueno y a vencer el mal con el bien. Como Ester, que aprendió estar seis meses con óleo de mirra, que nos habla de experiencias amargas y desagradables; pero también seis meses con perfumes aromáticos y afeites de mujeres que nos habla de experiencias de bendición.

No debemos presentar solo un lado de Dios, sino todo Su carácter. Debemos conocer a Dios en todas sus facetas. Isaías dijo: “Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto”.

Dios va a salvar, bendecir y recompensar a Sus hijos obedientes pero también va castigar y condenar a los malos y desobedientes. Pablo dijo: “Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; porque no hay acepción de personas para con Dios”

 Obedecer

Los demonios creen en Dios y tiemblan, pero no obedecen la Palabra de Dios. Dios no desea que le digamos con nuestra boca Señor y sin embargo no le obedezcamos. Jesús dijo: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?”. El Señor les dijo a los escribas y fariseos “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí”.

El objetivo de creer la Palabra es para obedecerla. Obedecer su Palabra y permanecer en ella, es lo que revela a los verdaderos discípulos de Jesucristo. Jesús dijo: “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. No es la verdad que se cree la que hace libre, es la verdad que se obedece la que lleva a la libertad, a aquel que está en esclavitud.

El Señor Jesús nos salvó, no solo para ir al cielo y librarnos de la condenación eterna. Él nos salvó para obedecerle y hacer las obras, que Él preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. No somos salvos por obras, pero si somos salvos, para hacer buenas obras, según el puro afecto de su voluntad.

Cuando Dios sacó a Israel de la esclavitud de Egipto, Él fue muy claro al decirle a Faraón, que dejara ir a Su pueblo para servirle y hacerle fiesta en el desierto. De igual manera, Dios nos ha salvado y hemos sido liberados del pecado para hacernos siervos de Dios y vivir para Él. Pablo dijo: “y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos”.

Obedecer la Palabra de Dios, es el deseo de Dios para sus hijos. Samuel le dijo a Saúl: “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey”.

Los sacrificios a Dios, no pueden substituir el lugar de la obediencia. La obediencia a Su voz y a sus mandamientos es el anhelo y deseo de Dios para Su pueblo. Jeremías escribió: “Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto. Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien. Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia adelante, desde el día que vuestros padres salieron de la tierra de Egipto hasta hoy”

Enseñar

Dios quiere encontrar hombres fieles que sean idóneos para enseñar a otros. Dios quiere hacer discípulos a todas las naciones, para que obedezcan todos los mandamientos que Él ha mandado. Dios no está buscando maestros de biblia, como los Fariseos que enseñaban pero no vivían lo que enseñaban. Dios está buscando maestros de justicia, que enseñan a obedecer la Palabra de Dios que ellos obedecen y viven. Aquel que enseña la Palabra de Dios pero no la vive, no tiene la autoridad de Dios de aquel que la vive y la practica. La Palabra debe hacerse carne en nosotros, y no solo debe estar en la mente. Debe volverse vida, debe volverse una realidad en nosotros.

Dios quiere levantar maestros de justicia, que enseñen sus caminos a las naciones, como Esdras, de quien se dijo: “Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos”.

El evangelio no debe ser visto como verdades hermosas para predicar, sino como verdades divinas para vivir. La Palabra de Dios se nos ha sido dada para obedecerla, y aquellos que la enseñan deben ser ejemplos para aquellos que la escuchan. Como Pablo, quien dijo: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros”.

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Tema 18: Creciendo en Amor.

La meta de cada creyente es crecer desde la experiencia de salvación hasta alcanzar la madurez y manifestar el amor ágape de Dios. Pedro nos dice:

“vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.
2 Pedro 1:5-7

Somos salvos por gracia, por medio de la fe que el Señor Jesús nos impartió y por medio de la cual nos hizo nacer de nuevo. Por su gracia fuimos trasladados del reino de las tinieblas al reino de la luz por medio del nuevo nacimiento. El desafío, es crecer desde ser bebés en Cristo, nuevas criaturas, a ser Su iglesia gloriosa sin arruga, la esposa de Cristo que se ha preparado y se le ha concedido que se vista de lino fino y resplandeciente, que son las obras justas de los santos. (Ef. 2:8-10; Col. 1:12-13; Ef. 5:27; Ap. 19:7-8)

Alcanzar la madurez espiritual es un proceso, y el apóstol Juan nos muestra los tres niveles de crecimiento espiritual: hijitos (niños en espirituales), jóvenes (jóvenes espirituales), padres (padres espirituales). Estos tres niveles de crecimiento corresponden a: (1 Jn. 2:12-14)

1. 30, 60 y al 100 por uno. Mt. 13:23
2. Hierba, espiga, grano lleno en la espiga. Mr. 4:28
3. Fruto, más fruto, mucho fruto. Jn. 15:2; Jn. 15:5
4. Fe, esperanza, amor. 1Co. 13:13
5. Galardón, galardón grande, galardón sobremanera grande.
Ap. 22:12; He. 10:35; Gn. 15:1
6. Atrio exterior, lugar santo, lugar santísimo. Sal. 68:24
7. Llamados, elegidos y fieles. Ap. 17:14

Los niños en Cristo reflejarán el 30 % del carácter de Cristo. Los jóvenes espirituales reflejarán el 60 % del carácter de Cristo, pero los padres espirituales reflejarán el 100 % del carácter de Cristo. Los padres espirituales, son los que alcanzan la madurez en Cristo y dan el 100 % del fruto del Espíritu Santo en sus vidas. Ellos son los que alcanzan la madurez y llegan a formar parte de la congregación de los primogénitos, aquellos que serán reyes y sacerdotes y reinaran con Cristo sobre la tierra (He. 12:22-23, Ap. 5:9-10).

En este pequeño estudio, queremos compartir como el amor hacia Dios debe ir creciendo hasta madurar, tomando como ejemplo el amor de la Sulamita que representa el amor de la iglesia hacia su esposo celestial que va en progresión.

Cantares 2:16
Mi amado es mío, y yo suya; El apacienta entre lirios.

Este primer nivel de amor corresponde a los niños espirituales. La expresión mi amado es mío y yo soy suya, revela como la entrega hacia el Señor es respuesta al amor y bendiciones recibidas. De hecho, nosotros le amamos porque Él nos amó primero. Este amor responde a ser amado. En primer lugar no se busca amar al Señor, sino ser amado, amar al Señor es en segundo lugar. Para el niño en Cristo, su relación con el Señor está basada en lo que puede recibir: salvación, sanidad, liberación, provisión, bendición. En la medida que es bendecido, su agradecimiento y amor por el Señor crece, y corresponde al Señor amándole y sirviéndole.

Acercarse al Señor para pedir y recibir sus bendiciones, es una de las bendiciones por ser hijos de Dios. Pedir para recibir no es incorrecto. Dios es galardonador de los que le buscan, nuestro Dios se complace en bendecir a sus hijos, pero este amor debe madurar para no estar enfocado en la bendición sino en el Señor.

Cantares 6:3
Yo soy de mi amado, y mi amado es mío; El apacienta entre los lirios.

Aquí el amor ha crecido, y ahora en primer lugar está entregarse al Señor y en segundo recibir sus bendiciones. En esta etapa del crecimiento espiritual el joven espiritual se entregado a Cristo Jesús para servirle y obedecerle, para hacer las obras de Dios y servir en el ministerio. La bendición ha pasado a un segundo plano, porque el primer lugar lo tiene su entrega al Señor, por eso dice yo soy de mi amado, yo vivo para mi Señor, y después dice mi amado es mío, los beneficios del Señor están en segundo lugar, han perdido la primacía.

En este nivel de amor se encuentra obedecer los mandamientos de Dios para ser bendecidos. La obediencia a los mandamientos de Dios trae bendición y la desobediencia a los mandamientos de Dios acarrea maldición. Por tanto, obedecer para recibir bendiciones, es muy sabio, sin embargo todavía este amor necesita crecer y madurar. El amor maduro no obedece para ser bendecido, aunque es verdad que la obediencia atrae la bendición de Dios. El amor maduro obedece para agradar y para complacer al Señor.

Cantares 7:10
Yo soy de mi amado, Y conmigo tiene su contentamiento.

Este nivel de amor, el primer lugar lo tiene el Señor y busca complacerle, amarle y agradarle en todo. En el amor maduro al Señor, el enfoque no es la bendición ni el ministerio. Muchos por servir en la obra del Señor olvidan al Señor de la obra. La iglesia de Éfeso hacía muchas obras por amor al nombre del Señor, pero habían perdido su relación con Él y el Señor ya no tenía el primer lugar en esta iglesia, sino el ministerio. La obra de Dios había reemplazado su relación con Dios y dejaron perder el primer amor que tenían hacia el Señor (Ap. 2:1-5).

La esposa de Cristo, vive para amar, agradar y complacer a su amado esposo celestial. El ministerio y las bendiciones no son lo primordial para ella. Ella ha muerto a su voluntad y en su corazón ya no hay espacio para sí misma, vive completamente para agradar y complacer a su amado. Este es el amor que debemos procurar alcanzar para poder llegar a ser la iglesia gloriosa sin mancha y sin arruga que llegará a ser la esposa que irá a las bodas del Cordero.

El desafío para los creyentes es dejar de ser niños en Cristo que aman y buscan al Señor por las bendiciones, y llegar a madurar de tal manera, que vivan para amar y complacer al Señor, en donde las bendiciones y ministerio no reemplacen el amor hacia nuestro Dios.

El propósito de Dios inició con la salvación de Dios, pero su meta es que seamos uno con el Padre y con el Hijo. Recordemos que en el matrimonio, ya no son dos sino una sola carne. De igual manera, para ser la esposa del Cordero debemos llegar a ser uno con el Padre y con el Hijo, uno con la justicia, la santidad, la verdad, uno con la Palabra de Dios, uno con el fruto del Espíritu. (Jn. 17:19-23).

El propósito de Dios es presentarnos santos y sin mancha delante de Él en amor, por ello es necesario crecer espiritualmente para vivir para el Señor y no para nosotros mismos.

2 Corintios 5:15
…y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

Debemos crecer en gracia en conocimiento del Señor Jesús, de tal manera que cada día muramos y Cristo pueda ser formado hasta llegar a alcanzar por Su gracia la medida del varón perfecto, la estatura de la plenitud de Cristo (2 Pe. 3:18; 1Co. 15:31, Ef. 4:13; Gál. 4:19)

La meta es que un día el Padre pueda decir de nosotros lo que dijo de Su Hijo Unigénito:
Mateo 3:17
Y hubo una voz de los cielos, que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.

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Tema 17: La Voz de Dios.

Somos llamados a una relación con nuestro Dios

Por la gracia de Dios hemos sido salvos, y somos llamados a tener comunión con Su Hijo Jesucristo, con la ayuda del Espíritu Santo, conforme a la voluntad de nuestro buen y amoroso Padre celestial. A esta relación personal con nuestro Dios llamamos comunión, y escuchar su voz es de vital importancia por cuanto por medio de su voz se nos es impartida gracia para obedecer Su Palabra y ser transformados a Su imagen y semejanza.

Diferencia entre Logos y Rema

El Logos es la Palabra escrita de Dios que podemos leer en la biblia. El Rema es la Palabra que Dios nos habla personalmente la cual  nos habla directamente o por medio de un logos que es vivificado cuando leemos las Sagradas Escrituras. Lo poderoso del Rema es que nos da el poder para hacer lo que Dios nos está diciendo. El Rema nos imparte el poder de Dios para poder obedecer el mandamiento que Dios nos habla o nos dice debemos obedecer. Por medio del Rema, recibimos la gracia para obedecer su voz en el área particular que Dios nos está hablando, sea para hacer su voluntad obedeciendo un mandamiento o dejando un pecado que el Espíritu Santo nos está señalando.

El poder para obedecer está en su voz

Dios no solo quiere perdonar nuestros pecados, también Él desea liberarnos de ellos y presentarnos irreprensibles delante de Él espíritu, alma y cuerpo. Hemos sido escogidos para ser santos y sin mancha delante de Él, pero este proceso de transformación es individual y opera en la medida que somos obediente a la voz Dios que nos habla individualmente.

La función del Espíritu Santo

Es el Espíritu Santo quien nos ha de guiar a toda la verdad, y Dios nos hablará a cada uno según sus propósitos eternos y maravillosa soberanía. Los 10 mandamientos deben ser observados por todos, como también debemos de apartarnos de tipo de maldad, injusticia, rebeldía, sin embargo; es el Espíritu Santo quien hablará personalmente a cada creyente para guiarle a que pecado dejar y que mandamiento debe obedecer en relación con Dios y con los demás.

Una carga que no se puede llevar

Si alguien más nos indica lo que debemos hacer o lo que no debemos hacer, esta persona no tiene la capacitad para darnos la gracia para obedecer lo que nos está diciendo, lo que hará que sea una carga que no podremos llevar y esto nos frustrará o puede desviarnos a volvernos religiosos que obedecen por apariencia para agradar a alguien más que no es Dios.

Guianza personal

La guía personal es indispensable para ir de gloria en gloria hasta llegar a ser la morada de Dios, y ser uno con el Padre y con el Hijo. La senda del justo es como la luz de la aurora que va en aumento hasta que el día es perfecto. Aunque la meta todo creyente es ser perfectos como nuestro Padre que está en los cielos, la dirección para cada uno será diferente, porque las debilidades de un creyente no son las debilidades de otro, y las fortalezas de uno, no son las fortalezas de otro. Cada uno debe ir avanzando según la luz que el Espíritu Santo individualmente da a cada uno. La responsabilidad de cada creyente es obedecer a la luz recibida y seguir la dirección y guía del Espíritu Santo.

¿Cómo habla nuestro Dios?

El hombre es un ser tripartito, espíritu, alma y cuerpo. Dios puede hablar a nuestro cuerpo con voz audible, a nuestra alma por medio del entendimiento o pensamientos, y también nos puede hablar al espíritu por medio de la revelación.

¿Qué medios utiliza Dios para hablarnos?

Los medios que Dios utiliza para hablarnos pueden ser: al leer la biblia, al escuchar la palabra de Dios, por medio de visiones, sueños, profecía, otras personas, circunstancias, por su creación, etc.

Dios puede hablarnos por diferentes medios, sin embargo cuando Dios habla nunca estará en contra de las Sagradas Escrituras. Si alguna profecía, sueño, visión o cualquier revelación que diga que es la voz de Dios, y contradice la Palabra de Dios, debemos desecharla, porque Dios siempre hablará la verdad, y Su palabra es verdad, por tanto cualquier Palabra que se nos dé en nombre del Señor, y no está conforme a la verdad de la Palabra de Dios.

El discernimiento es muy importante

Es necesario crecer en el discernimiento para poder discernir la fuente o procedencia del mensaje que hemos recibido. Hay tres tipos de fuentes de donde pueden venir un mensaje: de Dios, del diablo, del espíritu humano. Siempre que Dios hable, este mensaje estará de acuerdo a la Palabra de Dios, por tanto conocer las Sagradas Escrituras será de gran ayuda para determinar si un mensaje viene de Dios o no. El diablo, aunque puede presentarse como un ángel de luz, cuando el habla, habla mentira, porque él es mentiroso y cuando habla, habla de sí, y siempre hay mentira en sus palabras. El espíritu humano procura exaltarse a sí mismo, buscar la aprobación y reconocimiento de los hombres, y no la gloria de Dios. El espíritu humano es egocentrista y busca la auto-realización y auto-satisfacción,  no busca la voluntad de Dios, no busca agradar y complacer al Señor sino a sí mismo. Por ello al conocer estos aspectos y las Sagradas Escrituras, podremos discernir la fuente y la procedencia de un mensaje determinado.

Es necesario filtrar los pensamientos

Por otro lado, todo pensamiento debe ser examinado y no debe aceptarse como la voz de Dios. Hay pensamientos que de igual manera puedan venir de Dios, del diablo o del espíritu del hombre. Los pensamientos deben ser examinados y además de los filtros que hemos citado, hay un filtro muy fino para poder aceptar un pensamiento. Para poder aceptar un pensamiento este debe ser verdadero, honesto, justo, puro, amable, de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza. Si un pensamiento está en contra de alguno de estos filtros debe ser desechado, es un pensamiento que debe ser abortado de nuestra mente, por cuanto cumple con los requerimientos divinos.

No podemos permitir pensamientos incorrectos en nuestra mente porque los pensamientos incorrectos, llevan a actitudes incorrectas y desarrollan hábitos incorrectos que llevan a vivir una vida incorrecta en contra de la Palabra de Dios  y de la voluntad de Dios.

La Palabra de Dios y la Paz de Dios

Es el deseo de Dios que seamos guiados por medio de Su Palabra, ya que ella es lámpara a nuestros pies, y lumbrera a nuestro camino. Sin embargo, el Espíritu Santo nos ha dado una herramienta muy valiosa para ser gobernados por Él y es la paz de Dios. La paz de Dios es utilizada por el Espíritu Santo como un árbitro para aprobar o no una decisión o camino que queremos tomar.

La paz de Dios será utilizada por Dios como la luz roja del semáforo que nos indica que debemos detenernos, como la luz verde que nos indica que podemos continuar. Cuando en nuestro corazón sintamos una inquietud, un desagrado, una pequeña intranquilidad, es como el silbo apacible del Espíritu Santo diciendo, no sigas por ese camino.

Si el Espíritu Santo coloca paz en nuestro corazón, y esta paz está acompañada con el entendimiento en la Palabra de Dios, que aquello que estamos por hacer no contradice la Palabra de Dios, no está en contra de la santidad y verdad de Dios, entonces podemos continuar en ese camino, siempre confiando en el Señor, y clamando el temor de Dios para no apartarnos del camino de justicia y santidad.

Nuestra meta: ser conformados a la imagen del Hijo de Dios.

La voluntad de Dios es nuestra santificación, Dios quiere que seamos santos como Él es santo. La meta es ser conformados a la imagen del Hijo de Dios, ser la imagen y semejanza de Dios, alcanzar la gloria del Señor Jesucristo, la medida del varón perfecto, la estatura de la plenitud de Cristo. Por tanto, si algo está en contra de llegar ser como Cristo en Su carácter, si algo nos aparta de la santidad y de la justicia de Dios, debemos desechar aquello porque no es conforme a la voluntad de Dios.

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