Tema # 11: Nuevos Creyentes

Aunque somos salvos por gracia y no por obras (Ef. 2:8-9), somos salvos para hacer buenas obras (Ef. 2:10), por ello todo creyente en Cristo necesita:

  1. Visión: entendimiento del propósito de Dios.
  2. Relación: la manera de alcanzar el propósito de Dios.
  3. Familia: nuestra ayuda para conquistar el propósito de Dios.
  4. Cuerpo: el lugar para servir durante el cumplimiento del propósito de Dios.

Por ello por la gracia del Señor cada creyente en Cristo debe:

En el área de Visión:

  1. Conocer el propósito de Dios: para vivir con una visión progresiva, porque el pueblo sin visión perece.
  2. Conocer los rudimentos de la Doctrina de Cristo: es indispensable para poder proseguir hacia la perfección y alcanzar los propósitos de Dios para nuestra vida. Por medio de los rudimentos de Cristo establecemos un buen fundamento para edificar y crecer espiritualmente y alcanzar la madurez que Dios desea.
  3. Prepararse para servir al Señor: al igual que nuestro Señor debemos vivir para dar y servir en el reino de Dios aquí en la Tierra y por la eternidad, pero para ello es necesario prepararnos para poder ser Su iglesia gloriosa sin mancha ni arruga, reyes y sacerdotes, maestros de justicia que enseñen Su luz y Su verdad a las naciones.
  4. Dar los primeros pasos: Los primeros mandamientos a guardar para los nuevos creyentes son 3: 1) Tener un tiempo devocional. 2) Congregarse. 3) Ser discipulado. 4) Aprender a diezmar y ofrendar.

En el área de Relación:

  1. Desarrollar una relación con Dios: es necesario aprender a pasar un tiempo diario con Dios al que llamaremos un tiempo devocional. El tiempo devocional tiene como objetivo enseñarnos a llevar una vida devocional que le permita al creyente vivir en una vida de continua oración, intercesión, alabanza y adoración; dedicado al estudio y meditación de la Palabra de Dios poniendo por obra Sus mandamientos.
  2. Alimentarse para crecer sanos y fuertes: necesitamos ser enseñados en todo el consejo de Dios para vivir el evangelio de una manera equilibrada, caminando sin extraviarnos de los propósitos eternos de Dios.
  3. Aprender los 4 tipos de perdón: esto será de gran importancia para vivir en el Espíritu y andar en comunión con Dios y con nuestro prójimo. Debe aprender a pedir perdón a Dios, pedir perdón  a los que ofende, perdonar a sus ofensores y perdonarse a sí mismo.
  4. Andar en el Espíritu: solamente seremos vencedores si andamos en el espíritu y no nos rendimos a los deseos del mundo, ni del diablo, ni de nuestra carne.
  5. Aprender a Obedecer: el reino de Dios es justicia, paz y gozo, y estos tres elementos solo es posible experimentarlos si obedecemos con la ayuda del Espíritu Santo por medio de la gracia de Dios.
  6. Separarse del pecado: el llamado es alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo, por ello desde el nuevo nacimiento la meta es irse separando del pecado para acercarse a Dios y vivir para agradarle, amarle y complacerle.

En el área de la Familia:

  1. Integrarse a la familia de Dios: Dios nos une a una familia para recibir amor y aprender a obedecer; además de esta familia, Dios ha designado padres espirituales que sean ejemplo para nuestras vidas de tal manera que nos ayuden a crecer espiritualmente y a conquistar la herencia que Dios tiene para nosotros.

En el área del Cuerpo:

  1. Integrarse al cuerpo de Cristo: hemos sido llamados a ser parte del ejército de Dios, todos hemos llegado a Cristo y como miembros de su cuerpo tenemos dones y habilidades que deben utilizarse para la gloria de Dios y para la edificación de Su reino en la Tierra.

La Gran Comisión

  • Cada creyente debe luchar por llevar a cumplimiento la gran comisión que incluye tres partes:
  1. Testificar las maravillas de Dios.
  2. Predicar el Evangelio a toda criatura
  3. Hacer discípulos en todas las naciones

Testificar

Nuestro testimonio puede incluir:

  1. Contar la historia de cómo llegamos a Cristo: sin hacer énfasis en el pecado, revelar el proceso en que Cristo nos llevó y el entendimiento en la Palabra que tuvimos para llegar a los pies de Cristo.
  2. Contar acerca de nuestras experiencias espirituales sobrenaturales: visiones, sueños u otras experiencias sobrenaturales.
  3. Experiencias  Personales: pueden ser experiencias en nuestro matrimonio, hijos, trabajo, personas en donde el Señor se glorificó.
  4. Testimonio de áreas específicas en nuestro carácter que fueron transformadas por el Señor: cómo el Señor trató con nuestra soberbia, envidia,  o cualquier defecto en nuestro carácter.
  5. Victorias y éxitos en el Señor: en el ministerio, en la iglesia, en el matrimonio, en el trabajo, en  los estudios, o en cualquier área en donde el Señor se glorificó. 

La Predicación del Evangelio

  1. Cada cristiano debe ser un testigo de Cristo listo para compartir el evangelio cuando el Espíritu Santo se lo indique.
  2. La Gran Comisión no es solamente evangelizar, incluye también el hacer discípulos en todas las naciones para que obedezcan todo aquello que el Señor ha mandado. Mateo 28:19-20;  Marcos 16:15.
  3. La meta de la Gran Comisión es que el evangelizado se vuelva un evangelizador y luego un mentor para que por la gracia de Dios pueda discipular a otros. 2 Timoteo 2:2.
  4. Es necesario dar seguimiento a todos aquellos que respondan a la predicación del Evangelio para que puedan crecer espiritualmente y alcancen madurez en Cristo Jesús. Gálatas 4:1-2. 

Preparándonos para servir en el Reino de Dios

Cada creyente ha sido llamado para ser parte de la iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga (Ef. 5:26). También es la voluntad de Dios que seamos conformados a la imagen del Hijo de Dios (Ro. 8:29) y lleguemos a ser reyes y sacerdotes para poder reinar con Cristo (Ap. 5:10), pero para ello es necesario prepararse y permitir que el Espíritu Santo nos transforme para cumplir con los requerimientos divinos.

Para ayudarte en tu crecimiento espiritual, desarrollar tu relación con Dios, conocer la visión de Dios y propósito para tu vida, te recomiendo los siguientes libros que son parte del curricular ZCU, que también forman parte del Programa para la Iglesia Local (PIL) de la confraternidad Sion Internacional, que ha sido diseñado para bendecir al cuerpo de Cristo. Te recomendamos leer estos libros o si lo prefieres estudiar en cualquiera de los programas de estudio de ZFI o ZCU que puedes encontrar en nuestra página web: http://www.sionib.org/

Libros recomendados para desarrollar tu relación con Dios

  1. El manual del creyente por el Rev. David Wallis
  2. Fundamentos de la Fe por el Dr. Paul G. Caram
  3. Escuchando la poderosa voz de Dios por el Rev. Robert Tucker
  4. Cambiados de gloria en gloria por el Rev. Robert Tucker
  5. La Oración por el Rev. Joseph Cilluffo
  6. 1ª y 2ª Pedro por el Dr. Paul Caram
  7. La senda de Su Santidad por el Dr. Brian J. Bailey
  8. El Nuevo Pacto por el Rev. Daniel Caram
  9. El Evangelio de Juan por el Dr. Brian J. Bailey
  10. La vida de Cristo por el Dr. Brian J. Bailey
  11. Mas que vencedores por el Dr. Brian J. Bailey
  12. Ritos o Relación por el Dr. Paul G. Caram
  13. Las parábolas de Jesús por el Dr. Brian J. Bailey
  14. Nuestro amado Padre celestial por el Dr. Brian J. Bailey
  15. Pilares de la Fe por el Dr. Brian J. Bailey
  16. Salmos I, II, III por el Dr. Brian J. Bailey
  17. Los nombres de Dios por el Dr. Brian J. Bailey

Libros recomendados para conocer la visión de Dios

  1. El viaje de Israel por el Dr. Brian J. Bailey
  2. Cristianismo Verdadero por el Dr. Paul G. Caram
  3. El tabernáculo de Moisés por el Dr. Brian J. Bailey
  4. Victoria sobre la vida Egocéntrica por el Dr. Paul G. Caram
  5. La Esperanza del Cristiano por el Rev. Norman Holmes
  6. El Tabernáculo de David por el Rev. Daniel Caram
  7. Fiestas y Ofrendas por el Dr. Brian J. Bailey
  8. Detrás del Velo por el Dr. Brian J. Bailey
  9. Heredando las Promesas por el Rev. Daniel Caram
  10. Soldados para Cristo por el Dr. Brian J. Bailey 

Libros recomendados para servir en el reino de Dios

  1. Liderazgo I, II, III por el Dr. Brian J. Bailey
  2. Los reyes de Israel por el Dr. Brian J. Bailey
  3. Los reyes de Judá por el Dr. Brian J. Bailey
  4. Hermenéutica por el Dr. Paul G. Caram
  5. Maestros de Justicia por el Dr. Brian J. Bailey
  6. Homilética por el Rev. Norman Holmes
  7. Predicar por el Dr. Brian J. Bailey
  8. Música y Adoración Ungidas por el Rev. Norman Holmes
  9. Epístolas Pastorales por el Rev. Paul Webb
  10. 1ª y 2ª de Corintios por el Rev. Daniel Caram
  11. El Espíritu Santo por el Dr. Brian J. Bailey
  12. Matrimonio y Familia (Si Jehová no edificare la casa) por el Rev. Robert Tucker

Experiencias Divinas

En el camino hacia el cumplimiento del propósito de Dios y alcanzar madurez, será necesario ir creciendo en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo (2P. 3:18) por ello serán necesarias vivir las siguientes experiencias que el creyente debe clamar para que por la gracia de Dios pueda experimentarlas:

  1. Nuevo nacimiento: para poder entrar y ver el reino de Dios (Jn. 3:3,5)
  2. Bautismo en Agua: para identificarnos con la muerte de nuestro Señor Jesucristo y ser sepultados juntamente con Él (Ro. 6:3-4)
  3. Bautismo en Espíritu Santo: para recibir el poder que necesitamos para ser testigos y proseguir en esta gloriosa caminata (Hch.1:8)
  4. Bautismo en Fuego: para ser purificados de nuestros pecados por el fuego de Dios (Mt. 3:11)
  5. Experiencia de Crucifixión: para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado (Ro. 6.6)
  6. Circuncisión del corazón: para poder amar a Dios con todo el corazón y con toda el alma (Dt. 30:6)
  7. Nacimiento en Sion: para proseguir y obtener lo mejor de Dios (Sal. 87:5)
  8. Conquista de los 31 reyes: subyugar las áreas no rendidas en nuestro corazón a fin de que Cristo Jesús sea el único entronizado en nuestro corazón.
  9. Vencer las 7 naciones: representan 7 pecados generacionales que deben ser derrotados en nuestra vida (Dt. 7:1; Pr. 6:16-19).
  10. Conquista del monte de Sion: alcanzar la madurez espiritual para llegar a ser parte de la congregación de los primogénitos (He. 12:22-23).

La meta: El Amor 

La meta de todo creyente es alcanzar la perfección. Al ser de Cristo, somos la descendencia de Abraham (Gá. 3:29) y al igual que Abraham somos llamados a ser perfectos delante de Señor (Gn. 17:1). Nuestro llamado es ser perfecto así como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto (Mt. 5:48); por esto, alcanzar el amor ágape de Dios es la meta de todo creyente y el apóstol Pedro nos dice cómo alcanzar este nivel de madurez (2ª. P. 1:5-7):

Pedro nos dice que los pasos para alcanzar el amor de Dios son:

  1. Fe: el don de Dios que se nos es dado para ser salvos y nacer de nuevo (Ef. 2:8-9)
  2. Virtud: pureza para ser puros delante de él moral y sexualmente (Job 31:1-2; Col. 3:5)
  3. Conocimiento: es el conocimiento experimental del carácter de Dios (Sal. 9:10; 91:14; Dn. 11:32)
  4. Dominio propio: para no ceder a nuestras pasiones y no satisfacer las concupiscencias de la carne (2ª. Ti. 2:22; Ro. 6:12; Gá. 5:16)
  5. Paciencia: para soportar la adversidad sin murmuración ni queja (He. 10:36; Fil. 2:14)
  6. Piedad: devoción hacia Dios y hacia el ministerio manifestando Su carácter (1ª. Ti. 4:7; 6:6 )
  7. Afecto fraternal: es el amor entre hermanos (1P. 1:22)
  8. Amor (1Co. 13:4-7)

Hijitos, Jóvenes y Padres 

Cuando por la gracia de Dios nacemos de nuevo somos hechos nuevas criaturas en Cristo Jesús (2ª. Co. 5:17), somos niños en Cristo Jesús que necesitamos crecer y madurar hasta alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo (2ª. Ts. 2:13-14). El apóstol Juan nos habla de estos 3 niveles espirituales (1ª. Jn. 2:12-14) y nos enumera sus características:

Hijitos (niños espirituales):

  1. Han conocido al padre
  2. Sus pecados han sido perdonados.

Jóvenes (jóvenes espirituales):

  1. Han vencido al maligno
  2. Son fuertes
  3. La Palabra de Dios permanece en ellos

Padres (padres espirituales)

  1. Conocen a Dios de una manera más profunda

Somos transformados a Su imagen y semejanza en la medida que le contemplamos (1ª. Jn. 3:1-2). Somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen como por el Espíritu del Señor (2ª. Co. 3.18). Por ello en la medida que Dios se nos es revelado somos transformados a Su imagen y semejanza. Es por ello que desarrollar nuestra relación con Dios es de suma importancia porque seremos transformados en nuestro carácter en la medida que Dios se revele a nosotros.

Peso y Pecado

El creyente debe aprender que en la carrera que nos es propuesta debemos dejar todo peso y pecado que nos asedia (He. 12.1). Pecado es todo aquello que nos aparta de ser conformados a la imagen del Hijo de Dios, cualquier cosa que nos aparte del blanco de Dios para nuestra vida se constituye pecado. El peso son aquellas cosas que aunque no son pecados, porque no son malas en sí mismas, sin embargo nos estorban y atrasan en nuestra caminata cristiana. Cada creyente debe estar rendido al Espíritu Santo para que personalmente sea dirigido a dejar todo peso y pecado que el Espíritu Santo revele.

Santidad y Santificación 

El creyente debe ser santo que nos habla de su naturaleza interna y debe santificarse que nos habla de apartarse del mundo, de la carne y del diablo para Dios. El creyente es santificado en Cristo Jesús pero es llamado a ser más santo de tal manera que sea santo como Dios es santo (1ª. Co. 1:2; 1ª. P. 1:16).

Hemos sido santificados por Dios, hemos sido separados del mundo para Dios. Dios nos trasladado del reino de las tinieblas al reino de Su amado Hijo (Col. 1:13). El creyente debe comprender que hemos sido separados del pecado para Dios por ello el creyente debe:

  1. Convertirse de las tinieblas a la luz. (Hch. 26:18)
  2. Convertirse de la potestad de Satanás a Dios. (Hch. 26:18)

En el camino hacia el cumplimiento del propósito de Dios en nuestra vida, no basta solamente con creer en Cristo y recibir el perdón de pecados, es necesario dejar el mal camino y cambiar aún sus pensamientos (Is. 55:7). El hombre debe arrepentirse y convertirse para que sean borrados sus pecados (Hch. 3:19). El arrepentimiento es un cambio interno, un cambio de dirección interno que lo lleva a un cambio de dirección externo, que es la conversión. Los creyentes en Cristo por la gracia de Dios deben manifestar arrepentimiento y conversión, deben cambiar la dirección en sus mentes y también la dirección en sus acciones de tal manera que en todo lo que se piensa y se haga, se agrade a Dios y esté conforme a Su Palabra.

Renovación de Mente

El propósito de Dios es santificarnos completamente todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1ª. Ts. 5:23). El espíritu es la naturaleza en nosotros, que puede ser de ira cuando alguien no ha nacido de nuevo (Ef. 2:3) o puede ser la naturaleza de Dios que se nos imparte  por medio del nuevo nacimiento al arrepentirnos y convertirnos al Señor (1ª. P. 1:23; 2ª. P. 1:4).

El alma está compuesta por la inteligencia, sensibilidad y voluntad. El alma debe ser purificada por medio de la obediencia a la verdad (1ª. P. 1:22). El alma es salvada por medio de la obediencia a la Palabra de Dios (Stg. 1:21). A este proceso de salvar el alma o purificar el alma, se llama renovación de mente (Ro. 12:2). En este proceso de renovación de mente se busca substituir nuestros pensamientos por los pensamientos de Dios.

La idea de ser renovados es pasar por el proceso de metamorfosis que pasa la oruga para convertirse en mariposa, así nosotros debemos ser transformados en nuestras mentes para pensar como Dios piensa y así actuar como Dios actúa. Dios quiere levantar sacerdotes que sean conforme a Su corazón y conforme a Su alma (1º. S. 2:35), hombres y mujeres de Dios que piensen como Dios piensa y puedan sentir como Dios siente.

Finalmente según la madurez que hayamos alcanzado en vida así será el nivel de gloria que nuestro cuerpo recibirá en la resurrección de los muertos (Mt. 5:19; 1Co. 15:40-41), sea en la primera resurrección para reinar con Cristo o en la segunda resurrección que es donde se llevará el juicio del trono blanco.

Niveles de Santidad

Por la gracia de Dios queremos ser santos como Dios es santo y para ello, Dios nos llevará de gloria en gloria. La senda del justo es como la luz de la aurora que va creciendo hasta que el día es perfecto (Pr. 4:18). En este proceso seremos llevamos en tres diferentes niveles de santidad, seremos apartados de lo malo, de vano y de lo bueno.

De lo Malo

El Espíritu Santo nos guiará a apartarnos de todas las obras de la carne que hace que aquellos que las practiquen no puedan heredar el reino de Dios (Gá. 5:21). No existe manera de salvarse para aquel que practica el pecado y no se aparta de hacer la maldad (1Co. 6:9). El pecador tiene oportunidad de recibir el perdón de pecados pero debe dejar de pecar, y la gracia de Dios le dará el poder para poder dejar de hacerlo. Por la gracia de Dios podemos cumplir la justicia de la ley (Ro. 8:4).

Por la gracia de Dios recibimos el querer como el hacer (Fil. 2:13), somos aptos para hacer Su voluntad, ya que Dios hace en nosotros lo que es agradable delante de Él por Jesucristo Señor nuestro (He. 13:21). El Señor Jesucristo apareció para deshacer las obras del Diablo (1ª. Jn. 3:8) por ello Jesucristo fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación (Ro. 4:25). Es gracias a su justificación que podemos vencer el pecado, por ello todo creyente debe apartarse de todo lo malo (Col. 3:5; Gá. 5:19-21; 1ª. Co. 6:9-11).

De lo bueno

En la medida que vayamos creciendo con Dios, iremos siendo apartados de cosas buenas, para hacer lo mejor de Dios. En la medida que el Espíritu Santo nos dirija seremos guiados a dejar ciertas cosas buenas para hacer Su voluntad revelada para nosotros. Por ejemplo para alguien puede ser bueno caminar todos los días y hacer ejercicio, sin embargo puede llegar el día en donde el Señor le guíe en ciertos momentos a orar o a estudiar Su Palabra y cambie un poco su rutina y hábitos.

Como creyentes en Cristo no solo debemos buscar hacer lo bueno, porque llegará el día en donde debemos estar rendidos a Su voluntad diaria y no necesariamente a hacer cosas buenas. Para muchos puede ser bueno ir a estudiar cualquier carrera en cualquier lugar, sin embargo en la medida que crecemos en el Señor rendimos al Señor todos nuestros planes, pensamientos y motivos, y buscamos su voluntad de tal manera que en todo le complazcamos y le agrademos.

De lo vano

Uno de los trabajos del Espíritu Santo es que dejemos de amar lo terreno para amar lo eterno y celestial. Esto será una obra progresiva ya que el hombre fue sujeto a la vanidad por causa del pecado (Ro. 8:20). Pero el propósito del Espíritu Santo es transformarnos de tal manera que amemos a Dios más que a todas la cosas de este mundo, más que a todos y más que aún nuestra propia vida (Mr. 8:35; Lc. 9:24; Hch. 20:24)

La meta del Espíritu Santo es que lleguemos a amarle con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas. Por ello es que su trabajo será limpiarnos de toda inmundicia y de todo ídolo para poder darnos un corazón nuevo que le ame, le busque y desee complacerlo (Ez. 36:25-27).

Nuestra gran Salvación

No debemos descuidar esta salvación tan grande que se nos ha sido dada (He. 2:3), no debemos de retroceder para perdición (He. 10:39). No debemos correr en vano (Fil. 2:16) por ello debemos entender el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo que gracias a Su sangre derramada somos:

  1. Redimidos: por medio de sangre hemos recibido el perdón de nuestros pecados (Col. 1:14)
  2. Justificados: para vencer el pecado y andar en justicia (2ª. Co. 5:21; Ef. 1:4)
  3. Santificados: para vivir para Dios. (Ro. 11:36; Col. 1:16)
  4. Preservados: para guardarnos sin caída y ser presentados santos y sin mancha delante de Él con gran alegría (Judas 1:24; 1ª. P. 1:5)
  5. Comprados: para glorificar a Dios con nuestro cuerpo y con nuestro espíritu (1ª. Co. 6:20).
  6. Bendecidos: para poder llegar a sentarnos con Cristo en los lugares celestiales como reyes y sacerdotes (Ef. 1:3; Ap. 5:10)
  7. Conocidos: para ser predestinados y cumplir Su plan glorioso (Ro. 8:29; Sal. 138:8)
  8. Predestinados: para ser hechos conformes a la imagen de Su Hijo Jesucristo (Ro. 8:28-29).
  9. Glorificados: para manifestar su carácter y revelar el amor del Padre (Jn. 17:22-23)

Al creer en Cristo somos salvos, hemos iniciado la carrera, pero debemos perseverar hasta el fin para ser salvos (Mt. 24:13). Es necesario terminar la carrera porque aquel que venciere al mundo, a la carne y al diablo y guardare las obras de Dios hasta el fin, Dios le dará autoridad sobre las naciones, estos son los que llegan a ser reyes y sacerdotes y reinarán con Cristo por 1000 años y luego por la eternidad (Ap. 1:6).

Que el Señor Jesucristo nos de Su gracia para terminar nuestra carrera como Pablo, quien peleó la batalla de la -fe, acabó su carrera y guardó la fe (2ª. Ti. 4:7-8).

“Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios” Hechos 10:24.

Que el Señor te bendiga grandemente.

Tu siervo en Cristo Jesús,

Rev. Raúl E. Aguilar F.

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