Tema 8: La Palabra de Dios.

Por cuanto todos hemos pecado hemos sido destituidos de la gloria de Dios (Ro. 3:23), la restauración por medio del sacrificio de Cristo Jesús quiere llevarnos no solo a la posición de gloria que el hombre tenía antes de la caída sino a un nivel superior. Adán fue creado inocente y falló la prueba para poder llegar a ser santo, sin embargo las dos terceras partes de ángeles que no siguieron la rebelión de Lucifer son ángeles santos. El propósito de Dios para nuestras vidas es santificarnos completamente y que todo nuestro ser espíritu, alma y cuerpo sean guardados irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1Ts. 5:23).

Ahora bien,  la salvación es el inicio de nuestra carrera que tiene como meta alcanzar el santo monte de Sion y aquí es donde la Palabra de Dios es tan importante, porque es por medio de Su luz y Su verdad que Él nos guiará a Su santo monte y a Sus moradas (Sal. 43:3). Dios desea revelarnos Su Palabra como lumbrera para que esta ilumine nuestro camino, y también sea lámpara para que ilumine nuestros pasos hasta llegar a la experiencia de conquistar el monte de Sion espiritual y llegar a ser la morada de Dios.

El desafío de todo creyente es ser guiado por la Palabra de Dios que provenga del Espíritu Santo a nuestra vida, aquellos que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios que han alcanzado la madurez (Ro. 8:14). Sin embargo antes de poder ser guiado por la Palabra de Dios que provenga del Espíritu Santo al creyente, el creyente debe primero aprender a ser guiado por el Espíritu Santo por medio de la Palabra escrita: La Biblia.

Es el Espíritu Santo quien nos enseñará todas las cosas y nos las recordará (Jn. 14:26 ); Él es quien nos guiará a toda la verdad y nos mostrará las cosas que han de venir (Jn. 16:13). En nuestros primeros pasos de la vida cristiana Dios pondrá tutores para que nos enseñen y para que podamos entender la Palabra de Dios escrita y ser dirigidos por ella (Gá. 4:1-2).

Es muy importante que el creyente ore para poder recibir revelación y entender la Palabra de Dios para que ésta pueda ser su lámpara y lumbrera.

Debemos orar para que Dios:

  1. Abra nuestros ojos para ver las maravillas de Su ley (Sal. 119:18)
  2. Nos de entendimiento para poder observar sus mandamientos de todo corazón (Sal. 119:34)
  3. Recibamos el Espíritu de sabiduría y revelación para conocerle (Ef. 1:17)
  4. Alumbre nuestros ojos para saber cuál es la esperanza a la que se nos ha llamado (Ef. 1:18)
  5. Alumbre nuestros ojos para saber cuáles son las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos (Ef. 1:18)
  6. Alumbre nuestros ojos para saber cuál es la supereminente grandeza de Su poder (Ef. 1:19)

Para que el Espíritu Santo nos guíe personalmente primero debemos ser fieles en lo poco, debemos ser fieles obedeciendo la Palabra de Dios escrita que se nos es revelada. En la medida que seamos obedientes a las verdades que se nos han confiado Dios nos irá confiando mayores verdades. En Su luz veremos la luz (Sal. 36:9), en la medida que crezcamos espiritualmente podremos entender mayores verdades, porque aún el entendimiento es por fe (He. 11:3).

La justicia de Dios se revela por fe y para fe (Ro. 1:17) por ello para ir creciendo en justicia debemos obedecer el nivel de justicia correspondiente a nuestro nivel de fe y de esta manera proseguir al siguiente nivel de fe. El Señor Jesucristo les dijo en un determinado momento que habían verdades que Él quería compartir pero que todavía no las podían sobrellevar (Jn. 16:12). El niño espiritual es inexperto en la palabra de justicia (He. 5:13), el niño se alimenta de la leche espiritual necesita obedecer los mandamientos de ese nivel para poder proseguir al siguiente y comer alimento sólido para que pueda crecer y madurar (He. 5:14).

La Palabra de Dios que se nos revela, será probada por medio de la aflicción (Mt. 13:21). Aquellos que deseen vivir la Palabra de Dios y vivir vidas piadosas, por cuanto este mundo esta caído sufrirán aflicciones (Jn. 16:33) y sufrirán persecución (2Ti. 3:12). Hay una persecución que no podemos evitar y es la persecución por causa de la justicia. Aquellos que quieran guardar la justicia de Dios, sus mandamientos sufrirán persecución por cuanto este mundo aborrece al Señor y a aquellos que son de él (Jn. 15:18-19; 1 Jn. 3:13).

Existen tres niveles de crecimiento espiritual, el apóstol Juan les llama hijos, jóvenes y padres, que corresponde a llamados, elegidos y fieles. Aquellos que andarán con el Cordero de Dios serán los llamados, elegidos y fieles (Ap. 17:14), para ser vencedores y llegar a ser reyes y sacerdotes para reinar con Cristo es necesario ser llamado, elegido y fiel.

Los niños espirituales deben recibir gracia para soportar la aflicción que viene por causa de la obediencia a la Palabra de Dios (Mt. 13:21), si ellos no vencen estas aflicciones tropezarán y no podrán crecer a nivel mayor de madurez, por tanto los llamados de Dios, aquellos que han sido salvos para proseguir hacia la madurez deberán soportar y vencer las aflicciones que vienen por causa de la Palabra de Dios que les ha sido revelada. No debemos olvidar que Dios por medio Su gracia nos capacitará para poder vencer y hacer Su voluntad (He. 13:21), y por Su gracia Cristo Jesús nos fortalecerá (Fil. 4:13). En países donde hay persecución hacia el evangelio, hay pena de muerte para aquellos que se bautizan en el nombre de Jesucristo proclamando así su fe en Cristo Jesús, sin embargo hay muchos santos a quienes Dios les hada dado gracia para ser fieles en este nivel de luz recibida y han entregado sus vidas por causa de Cristo.

Los jóvenes espirituales que llegan a ser elegidos de Dios, son aquellos que son escogidos en el horno de aflicción (Is. 48:10). Si somos fieles en soportar las aflicciones por causa de la Palabra calificaremos para poder ser escogidos en el horno de la aflicción. Los pozos y prisiones que se experimentan por causa del llamado de Dios para nuestras vidas, como aconteció con la vida de José, son gradas para alcanzar el trono de Egipto y reinar en vida por la gracia de Dios concedida.

La Palabra de Dios es clara al mostrarnos que no solo se nos es concedido creer en Cristo, sino padecer por Él (Fil. 1:28). Los apóstoles cuando fueron azotados por mandato del concilio salieron gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre de Cristo (Hch. 5:41). Esto nos deja ver por qué muchos no siguen el camino de justicia, por qué muchos no caminan en santidad de Dios, a causa del vituperio y la persecución que la Palabra de Dios conlleva.

No es posible separar el sufrimiento por causa de obedecer la Palabra de Dios en el evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Aquel que desee seguir a Cristo debe negarse a sí mismo, tomar su cruz cada día y seguirle (Mt. 16:24; Lc. 9:23). Hemos sido llamados para ser conformados a la imagen del Hijo de Dios (Ro. 8:29), hemos sido llamados para ser corderos como lo fue nuestro Señor y de la misma manera sufriremos aflicciones y adversidades por causa de Su iglesia.

Consideremos algunos versos en donde la Palabra de Dios no habla con respecto al sufrimiento:

  1. Aquellos que sufran serán los que reinen con Cristo (2ª. Ti. 2:12)
  2. Los herederos de Dios y coherederos con Cristo son los que padecen juntamente con Él (Ro. 8:17)
  3. Los que padezcan con Él, juntamente con Él serán glorificados (Ro. 8:17)
  4. Los que padecen persecución por causa de la justicia son bienaventurados (Mt. 5:10)
  5. Son bienaventurados los que son perseguidos y vituperados por causa de Cristo (Mt. 5:11-12)
  6. Los requisitos para participar en la primera resurrección son: conocerle, participar de sus padecimientos y ser semejantes a Él en Su muerte (Fil. 3:8-11)
  7. Somos perfeccionados por medio de las aflicciones (He. 2:10)
  8. Somos escogidos en el horno de la aflicción (Is. 48:10)
  9. Si por hacer lo bueno sufrimos y lo soportamos esto es agradable delante de Dios (1P. 2:20).

El camino hacia el monte de Sion no es agradable para la carne, pero es glorioso para nuestro espíritu, aquellos que aman la justicia y aborrecen la verdad, Dios les unge con óleo de alegría más que a sus compañeros (He. 1:9). Vivir el evangelio de Dios nos permite experimentar Su presencia que es el lugar donde encontramos la plenitud de gozo y las delicias a su diestra (Sal. 16:11). Nuestro Dios es poderoso para guardarnos sin caída y presentarnos delante de Él sin mancha y con gran alegría (Judas 24).

Aunque la vida de obediencia a la Palabra de Dios conlleva sufrimiento y persecución en este mundo, Dios nos llena de Su gozo y paz que sobrepasa todo entendimiento (Fil. 4:6-7). Consideremos algunos versos que nos revelan cómo la obediencia nos llevará al deleite en Dios y a experimentar Su paz:

  1. Aquellos que aman Su ley tienen mucha paz (Sal. 119:165)
  2. Caminar en Sus mandamientos es camino de vida y paz (Pr. 3:1-2)
  3. Sus caminos son deleitosos y llenos de paz (Pr. 3:17)
  4. Dios guarda en completa paz aquel que confía en Dios y cuyo pensamiento persevera en Él (Is. 26:3)
  5. Dios unge de alegría a aquel que ama la justicia y aborrece la maldad (He. 1:9)
  6. Podemos regocijarnos en Sus mandamientos y estatutos (Sal. 119:16,47)
  7. La alegría de Dios es mayor que la que da la abundancia del grano y el mosto (Sal. 4:7)
  8. Los justos se alegran, se gozan delante de Dios y saltan de alegría (Sal. 68:3)
  9. Nos deleitamos en Dios cuando andamos en el espíritu y entramos al reposo de Dios, no andamos en nuestros caminos, no buscamos nuestra voluntad, ni hablamos nuestras palabras (Is. 58:13-14)

Aunque el evangelio de nuestro Señor Jesucristo es la Palabra de la cruz  (1Co. 1:18) que mata el pecado en nosotros, al vivir en el espíritu sin satisfacer los deseos de la carne (Gá. 5:16)  es una vida de gozo, paz y alegría en Cristo Jesús. Cuando vivimos hablando entre nosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en nuestros corazones; cuando vivimos dando siempre gracias a nuestro Dios somos llenos de Su Espíritu Santo (Ef. 5:18-20),  y por lo tanto somos llenos de Su gozo y paz. La vida negada y crucificada es una vida llena del deleite en Dios, vivir para Dios y no para nosotros mismos es una vida de gozo que es donde radica nuestra fuerza (Neh. 8:10).

Es extremadamente importante la obediencia a Sus mandamientos y soportar los padecimientos y sufrimientos por causa de la piedad y Su Palabra. Por la gracia de Dios podemos vivir en el espíritu sin rendirnos a satisfacer los deseos carnales, la negación a nuestros deseos,  nuestra rendición a Su voluntad y la vida de en santidad y obediencia nos llevarán a una vida plena llena de satisfacción en Dios. Vivir para satisfacer los deseos del corazón y de los ojos garantiza la depresión, el desánimo y la insatisfacción, aquel que ama el deleite vendrá a pobreza espiritual con mucha necesidad espiritual (Pr. 21:17).

Salomón es el perfecto ejemplo de alguien que vivió para el placer, vivió para hacer todo lo que quiso, Él mismo dijo que no se apartó su corazón de placer alguno y no negó a sus ojos ninguna cosa que desearan (Ec. 2:10). Salomón hizo todo lo que quiso y al final llegó a ser un rey viejo necio deprimido que no admite consejo (Ec. 4:13).  Consideremos lo que hizo Salomón y cómo vivió para sí mismo y leamos su propio testimonio del resultado de vivir para su placer y satisfacción.

Lo que hizo Salomón:

  1. Gozo de los bienes materiales (Ec. 2:1)
  2. Agasajó su carne con vino (Ec. 2:3)
  3. Edificó casas, plantó para viñas, hizo huertos, jardines, estanques, árboles, estanques (Ec. 2:4-6)
  4. Compro siervos, siervas. Tuvo muchas vacas, ovejas más que todos los reyes anteriores a Él (Ec. 2:7)
  5. Amontonó plata, oro y tesoros preciados. Tuvo cantores y cantoras y toda clase de instrumentos de música y tuvo los deleites de los hombres (Ec. 2:8)
  6. No negó a sus ojos ninguna cosa que desean ni apartó su corazón de placer alguno (Ec. 2:10)

Después de haber hecho todo esto, después de experimentar el placer y satisfacer todo deseo de su corazón Salomón nos testifica la cosecha que recibió, Salomón nos explica todo lo que le trajo el vivir para sí mismo y los efectos que causó esto en su corazón, Él dice:

  1. Al considerar todo lo que hizo y el trabajo que tomó para hacer todo esto, llegó a la conclusión que todo era vanidad y aflicción de espíritu, sin provecho (Ec. 2:11)
  2. Perdió el discernimiento y llegó a pensar que el necio tendrá el mismo fin que el sabio (Ec. 2:15-16)
  3. Aborreció la vida, y su obra se volvió fastidiosa con aflicción de espíritu (Ec. 2:17)
  4. Aborreció su trabajo (Ec. 2:18)
  5. Se desesperanzó su corazón (Ec. 2:20)
  6. Cosechó días de dolor, molestia y un corazón que no puede reposar en la noche (Ec. 2:23)

Este hombre a quién Dios le dio mucha sabiduría y que no caminó en la verdad que predicó, al final de sus días plasmó la conclusión de su vida diciendo:

“El fin de todo el discurso oído es éste: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” Eclesiastés 12:13.

El pecado que nos convirtió en ovejas descarriadas fue apartarnos para seguir nuestro propio camino (Is. 53:6). Cuando el hombre vive para sí mismo “peca” por cuanto fue creado por Dios para Dios (Ro. 11:36; Col. 1:16). Cuando el hombre vive para hacer su voluntad en lugar de la voluntad de Dios “peca”. Cuando el hombre se rinde a su propia voluntad, se rinde a sus pensamientos y deseos en lugar de rendirse a la voluntad de Dios “peca”. Es por ello la necesidad de conocer la verdadera gracia que no solo nos otorga el perdón de Dios sino también nos capacita para hacer la voluntad de Dios (1Co. 15:10; He. 13:21; Fil. 2:13).

Cuando el hombre retorne a Dios, se convierta de sus malos caminos, deje sus malos pensamientos (Is. 55:7), cuando el hombre se niegue a sí mismo, cuando tome su cruz cada día para seguir a Cristo, cuando viva para Dios, andando en el espíritu, no satisfaciendo los deseos de la carne, cuando por la gracia de Dios ame la justica y aborrezca la maldad, obedezca los mandamientos de Dios y viva bendiciendo al Señor en todo tiempo con un corazón agradecido, cuando viva para alabarle y adorarle en espíritu y en verdad, apartados de todo pecado, verdaderamente encontrará en la presencia, la plenitud de gozo y las delicias de Dios.

Esto no se alcanza de la noche a la mañana, pero por Su gracia es posible alcanzarlas, Su Palabra dice:

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” 1 Ts. 5:23-24

“Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.” Hebreos 13: 20-21

“Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén” Judas 1:24-25

“porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” Filipenses 2:13

Debemos creer y experimentar que aquello que es imposible para los hombres, posible es para Dios (Lc. 18:27). La gracia de Dios no solo es favor divino, también es capacitación divina nos transformará para ser hechos conforme a la imagen del Hijo de Dios, y nos permitirá realizar y cumplir con el ministerio que hemos recibido del Señor Jesús, por ello es que Pablo el ministro de la gracia llegó a expresar:

“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y Su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” 1 Corintios 15:10.

¡Bendito y alabado sea el Nombre de nuestro Dios!

¡¡¡¡Aleluya!!!!

 Que el Señor te bendiga grandemente

Tu siervo en Cristo Jesús,

Rev. Raúl E. Aguilar F.

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