Tema 24: Llamados a ser Uno

Nuestro Señor Jesucristo, no solo murió para perdonar nuestros pecados. Él murió para salvarnos, sanarnos, restaurarnos, liberarnos, a fin de que lleguemos a ser uno con el Padre y con Hijo. La oración intercesora de nuestro Señor al Padre fue:

“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”

Por tanto, el alto llamado de cada creyente, no es a ser salvos, sino llegar a ser uno con el Padre y con el Hijo y participar de esa perfecta y gloriosa unidad.

La iglesia gloriosa sin mancha y sin arruga, son aquellos que alcanzan la madurez espiritual, alcanzan la unidad para poder estar en el santo monte de Sion. Ellos tienen el nombre del Padre y del Hijo en sus frentes, porque llegaron a ser uno con el Padre y con El Hijo, y son sin mancha delante del trono de Dios.

“Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente. Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas. Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra. Éstos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Éstos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Éstos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero; y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios.

Es importante notar, que los que alcanzan este nivel glorioso de unidad son aquellos que siguen al Cordero dondequiera que Él va. Ellos fueron conformados a la imagen del Hijo de Dios, de tal manera que en la tierra siguieron a la luz del mundo, y no anduvieron en tinieblas, por ello recibieron la luz de la vida, para ser uno con el Padre y con el Hijo.

Amos dijo: “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” Por ello, aquellos que deseen caminar con el Señor como lo hizo Enoc, deben no solo creer en Él, deben seguir sus pisadas por cuanto Él nos dio el ejemplo.

Somos llamados a creer en Él, a padecer por Él y a andar como Él anduvo. Nuestro Señor Jesucristo para poder llevarnos a Dios, fue muerto en la carne pero vivificado en Espíritu. Fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados, el castigo de nuestra paz fue sobre Él y por Su llaga fuimos nosotros curados. Fue angustiado, y afligido y no abrió su boca para murmurar o para quejarse por causa de nuestras iniquidades y pecados. Como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca para maldecir o amenazar.

Cristo Jesús es nuestra paz, que de ambos pueblos judíos y gentiles hizo uno. Él por medio de la cruz, nos reconcilió con Dios, para ser un solo cuerpo, matando en la cruz del calvario las enemistades.
Jesús dijo: “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama”.

Caminar con Jesucristo, es buscar y luchar por la unidad en el cuerpo de Cristo. Como Su iglesia debemos habitar juntos en armonía y al igual que el Cordero de Dios matar toda enemistad.

El Señor abomina al que siembra discordia entre sus hermanos. Es el dragón, la serpiente antigua, el diablo lleno de ira, quien persigue al Hijo varón, a la mujer, y a la descendencia de la mujer, que representan en su orden, a los padres espirituales, a los jóvenes espirituales y a los niños espirituales.

El diablo desde el Génesis, está en enemistad con la mujer y su simiente, y su deseo es robar, matar y destruir a la simiente santa. Aquellos que persiguen a otros cristianos, se enojan con ellos, critican y murmuran, están caminando el camino de la serpiente, el camino de la enemistad poniéndose en contra del Señor.

Saulo respiraba amenazas en contra de los discípulos del Señor, sin saber que al perseguir a los cristianos estaba persiguiendo a Cristo, quien se le apareció y le dijo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón”

Sembrar discordia entre los hermanos, por medio de la murmuración, difamación, crítica, queja y menosprecio, es sembrar enemistad y seguir el ejemplo del diablo, quien busca dividir y destruir la unidad a la que hemos sido llamados.

Cuando un hermano en Cristo nos ofende y lastima, la Palabra de Dios nos dice que debemos perdonarle como Cristo nos perdonó. Debemos perdonarle sin murmuración, no debemos contarle a otros su falta, no debemos criticarle ni menospreciarle. Nuestra parte es matar la enemistad por medio del perdón y padecimiento como lo hizo Cristo Jesús en la cruz. Enojarnos contra el ofensor, reaccionar ante el agravio, tomar venganza o atacar al ofensor, murmurar o criticar a causa de la herida, que nos hicieron no es seguir el camino del Cordero de Dios, sino el camino de la serpiente antigua, el diablo, quien promueve la enemistad y persigue a los santos.

Aquellos que persiguen a los santos con sus enojos y críticas, no solo están en contra del Señor, están desparramando la obra del Señor, y además están poniendo en peligro su alto llamado de ser uno con el Padre y con el Hijo. Están arriesgando llegar a ser la esposa del Cordero, porque el Señor no se casará con creyentes que siembran discordia y enemistad, porque no son pacificadores como Él. Para ser la esposa del Cordero, es necesario ser sin mancha ni arruga. Solo Su iglesia gloriosa, la que alcanza madurez, es la que llega a ser la esposa del Cordero, por tanto, seguir el camino de la serpiente, el camino de la queja, de la murmuración y crítica es un camino que no conduce a la gloria de Dios ni a la unidad con el Padre ni con el Hijo.

Nuestro llamado es a ser pacificadores, como nuestro Señor. Somos llamados a padecer por causa de otros, somos llamados a ser molidos por los pecados de otros, a ser heridos por las rebeliones de otros, castigados para que otros puedan recibir paz, llagados para que otros puedan ser sanados, como aconteció con nuestro Señor Jesús. Los pacificadores serán llamados huíos, hijos maduros de Dios, que fueron conformados a la imagen del Hijo de Dios. Los huíos de Dios, los hijos de Dios que alcanzan la madurez espiritual, aman a sus enemigos, bendicen a los que los maldicen y oran por aquellos que los ultrajan y los persiguen. Los huíos de Dios, son hijos maduros del Padre celestial, quien es bueno y hace salir el sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos e injustos.

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos (huíos en griego) de Dios.

Somos llamados a ser los huíos de Dios, hijos de Dios que alcanzan la unidad de la fe, la medida del varón perfecto, la estatura de la plenitud de Cristo, por tanto debemos creer en Cristo, andar como Cristo, vivir como Cristo y morir como Cristo, para poder resucitar y estar con Cristo y ser uno con el Padre y con el Hijo para poder estar con el Cordero de Dios en el monte de Sion.

Caín mató a Abel. Saúl persiguió a David. Ismael se burlaba de Isaac, Esaú aborreció a Jacob. Todos estos eran caminos de enemistad y enojo contra los escogidos de Dios. No debemos ponernos de acuerdo con el diablo para perseguir a los santos y sembrar enemistad por medio de la murmuración, queja y crítica. Debemos caminar con el Señor y trabajar con Él, para presentar perfecto a todo hombre en Cristo Jesús. Debemos caminar con Él para perdonar, sanar, salvar, restaurar y liberar a los santos para que puedan llegar a ser uno con el Padre y con el Hijo. Nuestra parte es luchar por la unidad y matar toda enemistad como lo hizo nuestro Señor. Luchemos por la unidad del cuerpo de Cristo y para que todo creyente alcance la madurez espiritual y puedan llegar a ser uno con el Padre y el Hijo.

“…a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí”

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Tema 23: El Bautismo

Cuando Juan el Bautista bautizó en el río Jordán al Señor Jesús aproximadamente a los 30 años, después que sumergió al Señor y subieron del agua, el Espíritu Santo descendió en forma corporal como paloma y permaneció sobre Él. Los cielos fueron abiertos y se escuchó una voz que dijo: este es mi Hijo amado en el cual tengo complacencia.

Juan testificó la importancia del bautismo por inmersión del Señor Jesús, él dijo:

“Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios”

En el bautismo del Señor Jesús, Juan comprendió que Jesucristo era el Hijo de Dios. Hoy en día, el bautismo en agua, también es muy importante, porque es el acto público determinado por Dios para dar testimonio al mundo de que hemos creído en Cristo Jesús. De hecho, es el primer mandamiento que se debe guardar después de haber creído en Él. Jesús dijo:

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” Marcos 16:15-16

El bautismo en agua es la manifestación externa de la experiencia interna de salvación. Revela y testifica al mundo, de haber creído en la predicación del evangelio y declara y proclama, que Jesucristo es el Hijo de Dios, quien se dio a sí mismo para perdonar nuestros pecados y librarnos de este presente siglo malo conforme a la voluntad del Padre.

El bautismo en agua debe ser por inmersión, en donde la persona es completamente sumergida en agua como lo fue nuestro Señor Jesús. De hecho, la palabra griega para bautismo, es una transliteración y no una traducción. La palabra “bautizo”, se usaba para describir un barco que se había hundido o una prenda de ropa que se había sumergido en un tinte líquido para cambiarle el color. La palabra bautismo no significa rociar, sino sumergir. El bautismo bíblico no es rociar o derramar gotas de agua sobre la cabeza de una persona, sino sumergirla completamente en el agua.

El bautismo por inmersión es tipo de la sepultura del viejo hombre, Pablo dijo:

“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”. Ro. 6:3-4

Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo en la cruz, y el bautismo es la figura de Su sepultura. Es por ello que en el nuevo pacto, sí es posible vencer al pecado, porque por medio del nuevo nacimiento recibimos la naturaleza de Dios en nuestro espíritu y esta naturaleza no puede pecar porque lleva la simiente de Dios. Es por ello que después de nacer de nuevo es importante que el creyente aprenda a andar en el Espíritu y echar mano de la vida eterna que ha recibido para poder vencer el pecado y vivir en justicia, santidad y verdad.

Antes de llegar a Cristo el pecador en su espíritu, se encontraba muerto en delitos y pecados. El espíritu no regenerado del hombre caído estaba muerto para Dios pero vivo para el diablo. Tenía la naturaleza de Satanás, una naturaleza de ira, en donde el hombre vivía conforme a sus pensamientos, deseos y voluntad carnal. Pero al creer en Cristo Jesús y rendir su vida a Él, por la gracia de Dios, aun cuando su espíritu estaba muerto, Cristo Jesús le dio vida por medio del nuevo nacimiento. Cuando el Espíritu Santo engendra al pecador le imparte en su espíritu muerto, la vida de Dios, sucediendo dos milagros maravillosos: la muerte del viejo hombre y el nacimiento de una nueva criatura, que es Cristo en nosotros la esperanza de gloria.

Cuando un pecador se arrepiente, hay gozo en el cielo porque el milagro de Belén vuelve a suceder. Cristo Jesús vuelve a nacer, en la vida de aquel que cree en el evangelio y se rinde a Cristo. El nuevo nacimiento es la experiencia a la que se refiere la Palabra de Dios al decir: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” 2ª. Co. 5:17

¿Qué se necesita para que el pecador pueda nacer de nuevo, sea salvo y sea trasladado del reino de las tinieblas al reino de la luz?

1. Debe escuchar y creer la predicación del evangelio.
2. Debe creer que Jesucristo es el Hijo de Dios y que resucitó de los muertos.
3. Debe creer que no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos.
4. Debe confesar con su boca que Jesús es su Señor y Salvador
5. Debe invocar al Señor Jesús para ser salvo y recibirle en Su corazón.

Estas razones muestran que el bautismo de bebés se encuentra fuera de lugar. En primer lugar, es un bautismo por aspersión en lugar de inmersión como la Biblia lo enseña. En segundo lugar, un bebé no tiene la facultad de arrepentirse y decidir entregar su vida a Cristo. No puede creer en Su nombre y recibirle en su corazón, por tanto, no hay manera que el viejo hombre muera en él, por cuanto no puede renunciar al pecado y entregarse a Cristo.

En lo natural, la sepultura se hace cuando alguien muere. De la misma manera en lo espiritual. Si el viejo hombre sigue vivo en el bebé, no tiene sentido bautizarlo porque el viejo hombre no ha muerto, por tanto todavía no se puede sepultar, porque el viejo hombre sigue vivo, debido a que el bebé no tiene las facultades para creer y entregarse a Cristo y así experimentar el nuevo nacimiento, como también la muerte del viejo hombre. El nuevo nacimiento, no viene por la fe de los padres, sino por la fe que recibe el pecador, al creer este que Jesús es el Hijo de Dios.

El bautismo en agua por inmersión es el primer mandamiento que se debe guardar después de creer en Cristo. Cuando el Eunuco Etíope de Candace escuchó el mensaje de Felipe, pidió ser bautizado a lo que contestó Felipe “Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes”

En el día de Pentecostés, cuando Pedro y los 120 en el aposento alto fueron bautizados en el Espíritu Santo, comenzaron a hablar en otras lenguas. Después de todo esto, el apóstol Pedro, predicó un poderoso mensaje, en donde los Judíos que creyeron al evangelio y recibieron la Palabra de Dios se bautizaron, añadiéndose ese día a la iglesia como tres mil personas.

Esto nos muestra que el bautismo en agua debe llevarse a cabo después de creer en Jesucristo como el Hijo de Dios al recibir y creer la predicación del Evangelio.

El bautismo en agua, rompe las ataduras de nuestros enemigos en el pasado y nos separa de la vida pasada. Esto fue lo que ocurrió a Israel cuando faraón los perseguía cuando ellos salieron de Egipto, Dios sepultó a Faraón y a sus carros en el mar rojo, que es un tipo del bautismo en agua. El bautismo sepulta al viejo hombre para que podamos continuar nuestra caminata hacia la tierra prometida, el cumplimiento del propósito para nuestras vidas.

El bautismo no solo es el tipo de la sepultura del viejo hombre, sino también la resurrección del nuevo hombre, para que podamos andar en novedad de vida, viviendo conforme a la voluntad de Dios con la ayuda de la gracia de Dios y el poder del Espíritu Santo. Ahora bien, El bautismo no debe verse como un requisito para ser salvo, sino como un mandamiento a obedecer, porque el ladrón en la cruz, que creyó en Jesús, no se bautizó y sin embargo el Señor le dijo que estaría con Él en el paraíso.

El evangelio de nuestro Señor Jesucristo nos permite recibir el perdón de pecados, pero debemos entender que el propósito de la muerte de Cristo es que vivamos para Él.

“…y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ello” 2ª. Co. 5:15

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Tema 22: Tres Niveles de Santificación

Por la gracia del Señor hemos sido trasladados del reino de las tinieblas al reino de Su amado Hijo. Ahora nosotros los que no teníamos esperanza hemos sido hechos cercanos por la sangre de Cristo y ahora somos parte de la familia de Dios. (Col. 1:13; Ef. 2:13,19).

Por el milagro del nuevo nacimiento, hemos sido participantes de Su naturaleza divina. Nuestro espíritu fue engendrado por Dios y nos dio la potestad de ser hechos hijos de Dios. Sin embargo, Dios quiere santificarnos por completo, Dios quiere santificar nuestro espíritu, alma y cuerpo de tal manera que seamos hallados irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

Este proceso de santificación dura toda nuestra vida, pero la meta a alcanzar en vida, antes de irnos a la presencia del Señor, es ser conformados a la imagen del Hijo de Dios, que sería equivalente a desarrollar el fruto del Espíritu en nosotros.

Es necesario dejar la niñez espiritual y proseguir hasta alcanzar la madurez en donde nos volvemos padres espirituales y hermanos mayores que viven para complacer a nuestro Dios. Pero en este proceso de santificación y crecimiento espiritual, hay tres niveles de santidad que debemos alcanzar. Estos niveles son: 1) Apartarnos de lo malo; 2) De lo bueno; 3) De lo vano.

Apartarnos de lo malo

Jesucristo dio Su vida para apartarnos de este presente siglo malo. Él murió para deshacer las obras del diablo, y esto incluye: maldad, injusticia, rebeldía, iniquidad y todo aquello que se opone a la justicia, a la santidad y a la verdad. Lo malo está muy bien ilustrado por las obras de la carne; estas obras separan de Dios a las personas que las practican; les evitarán participar del reino de Dios y en lugar de ello irán a perdición y condenación.

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” Gá. 5:19-21.

La gracia de Dios es el favor divino inmerecido, que nos capacita para hacer Su voluntad. Por tanto, hay gracia disponible para dejar todo tipo de pecado y obra que no es agradable a los ojos de Dios.

Apartarse de lo bueno

No todo lo bueno es la voluntad de Dios para nuestra vida. En la medida que conozcamos al Señor, Él nos revelará las obras que Él ha determinado que hagamos, Él nos mostrará el ministerio que desea que desarrollemos y el llamado que el Señor quiere que obedezcamos.

Llegará el momento en donde Dios va a separarnos de cosas que son buenas, pero que para nosotros ya no tienen cabida porque Dios nos está guiando a hacer otras cosas que se alinean al plan de Dios para nuestra vida. Por ejemplo alguien puede tener la costumbre de caminar todos los días a una hora temprana de la mañana, pero llega el día en donde el Espíritu Santo le impulsa a cambiar de actividad y es probable que en lugar de caminar le guíe a orar o estudiar la Palabra de Dios. Aunque caminar es bueno para la salud, en el momento que el Espíritu Santo nos guía a hacer otra cosa, aquello que era bueno deja de ser provechoso, por cuanto el Señor nos guía a algo mejor. Llega el momento en nuestra vida en donde dejamos lo bueno para elegir lo mejor que Dios tiene para nosotros.

En el proceso de seguir a Cristo para poder alcanzar el propósito de Dios de llegar a tener la plenitud de Su vida y naturaleza desarrollada en nosotros, iremos siendo apartados, separados por Dios. Dios nos separará de algo, para llevarnos hacia algo. Poco a poco, nos iremos apartando de muchas cosas buenas, para hacer la voluntad que Dios nos revela personalmente por el Espíritu Santo y la Palabra de Dios.

Nuestro objetivo diario debe ser irnos separando de hacer nuestra voluntad para hacer la voluntad de Dios. Dios nos ha escogido para cumplir propósitos eternos, entre los cuales está el manifestar las abundantes riquezas de Su gracia por medio de transformar nuestro carácter y realizar obras por medio nuestro que glorifiquen Su Nombre, como el cumplimiento de la Gran Comisión, como también ser luz al mundo y sal de la tierra y utilizándonos nuestro Dios para ser de bendición a los demás. Dios nos ha creado para ser de bendición para los demás y por medio de los dones y unciones del Espíritu Santo, Dios quiere utilizarnos como Sus instrumentos de justicia para establecer Su reino en la tierra y deshacer toda obra del diablo. Sin embargo, antes de utilizarnos, Él quiere santificarnos para poder ser utilizados como vasos de honrar útiles para todos los del Señor.

Apartarse de lo vano

El cristianismo no es solamente hacer cosas y trabajar para el reino de Dios. De hecho, el “ser” es más importante que el “hacer”. Somos llamados a amar a nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas. La meta es amarle a Él más que a todo, y más que a cualquier cosa.

La idea aquí es dejar de amar lo terreno para amar a nuestro esposo celestial. Dejar de amar lo vano para amar al eterno y que tengamos puesta la mirada en las cosas de arriba y no en las de la Tierra, en donde lo que deseamos y anhelamos es amar y complacer a nuestro Dios.

El amor por lo vano es tener en estima a las cosas de este mundo que son temporales. Pero llega el momento en nuestro caminar en Dios en donde Dios nos desafía a dejar de amar lo terreno, lo vano, lo temporal por amarlo a Él.

La gracia de Dios quiere transformarnos de tal manera que dejemos de amar posesiones, posiciones, trabajo, bienes materiales, y en lugar de eso amar a nuestro Dios de tal manera que sea nuestro único deseo y que fuera de Él nada deseemos en la tierra.

Este nivel de santidad que se alcanza por la gracia de Dios hace que perdamos el amor a todo, y nuestra meta sea ganar a Cristo, como Pablo lo dijo:

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”

Ahora bien ¿Cómo podemos alcanzar estos niveles de santificación?

Estos niveles de santificación se obtienen siendo obedientes a la verdad que Dios revela. Debemos ser fieles para caminar en la luz de la Palabra de Dios que el Espíritu Santo nos da. Cuando Dios nos de entendimiento en un área específica, cuando Dios nos revele Su voluntad, debemos pedir a Dios la gracia para obedecer ese mandamiento, o en su defecto pedir que nos perdone el pecado que Él nos está señalando y pedir que nos libere de ese pecado. Debemos recordar que Cristo Jesús no solo quiere perdonar nuestros pecados, Él quiere liberarnos de todos ellos y transformarnos de tal manera que seamos conformados a Su imagen y semejanza manifestando en nuestro carácter Su carácter por medio del fruto del Espíritu Santo.

Debemos buscar conocer la mente y corazón de Dios en cada área de nuestra vida de tal manera que Dios tenga la libertad de hablarnos aquello que le agrada y lo que no le agrada de nuestra vida devocional, laboral, familia, o social.

Debemos caminar con Dios de tal manera que la luz de Su rostro nos guíe por medio de mandamientos personales que Él nos habla por medio del Espíritu Santo. Debemos rendir nuestra voluntad a Su luz y cada mandamiento que Él nos hable, y Él por Su gracia nos llevará de gloria en gloria, hasta que alcancemos Su propósito y podamos ser fieles a todo lo que el Señor nos muestre y demande.

En su voz está el poder para obedecer todo aquello que el Señor nos pida. Por ello desarrollar una comunión diaria es vital para ser transformados. Debemos clamar a Dios para que nos ayude para que la obra del Señor no nos haga olvidar y desplazar al Señor de la obra. Que podamos vivir cada día buscando Su rostro, conociéndole, escuchándole, pasando tiempo con Él, y con la ayuda de la gracia del Señor obedecer todo lo que Él nos mande de tal manera que siempre estemos de acuerdo con Él y podamos siempre caminar juntos.

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Tema 21: Jesús

El Verbo de Dios, quien estaba con Dios, quien era Dios, se hizo carne, para que el mundo pudiese ver la gloria del unigénito Hijo de Dios. Dios vino a la tierra en forma humana por medio de Jesucristo. Emanuel es uno de los nombres del Señor Jesús que significa: Dios con nosotros.

Jesucristo vino en carne para revelar al Padre, de tal manera que aquel que viera a Jesucristo viera al Padre. Él es el camino al Padre, y nadie puede llegar al Padre, ni conocerlo sino es por medio de Jesucristo.

Jesucristo reveló al padre por medio de: su carácter, sus obras, y su doctrina. Todo provenía del Padre. No hacía nada de sí mismo, todo lo que hizo, lo hizo porque el Padre se lo reveló. Apareció para deshacer las obras del diablo. Fue ungido con el Espíritu Santo y con poder y anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos del diablo porque Dios estaba con Él.

Jesucristo no vino a la tierra para condenar al mundo, sino para que el mundo fuera salvo por Él. Dios manifestó su amor por el mundo, de tal manera que envió a Su Hijo unigénito para que todo aquel que cree continuamente en Él no se pierda, sino tenga la vida eterna.

Aun siendo pecadores Cristo murió por nosotros, y por medio de Su sangre somos justificados y por Él seremos salvos de la ira de Dios. Siendo enemigos fuimos reconciliados con Dios con la muerte de Su Hijo, estando ya reconciliados por medio de Cristo seremos salvos por su vida.

Cuando Cristo Jesús vino a la tierra, vino como raíz de tierra seca, sin una gran apariencia ni hermosura, sin atractivo físico que llamara la atención. Fue despreciado y desechado entre los hombres, fue un varón de dolores experimentado en quebranto. El mundo fue creado Él, pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino y los suyos no le recibieron. Todas las cosas por Él  fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. A pesar de todo esto Su pueblo escondió de él Su rostro, fue menospreciado y no lo estimó. Sin embargo, Cristo Jesús llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, fue tenido por azotado, herido de Dios y abatido. Mas Él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados, el castigo de nuestra paz fue sobre Él y por Su llaga fuimos nosotros curados.

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su propio camino, mas el Padre cargó en Él, el pecado de todos nosotros. Fue angustiado y afligido, no abrió Su boca, como Cordero fue llevado al matadero, y como oveja delante de sus trasquiladores enmudeció y no abrió su boca. No hizo pecado, ni se halló engaño en su boca. Cuando le maldecían, no respondía con maldición, cuando padecía, no amenazaba sino que encomendaba la causa a Su Padre quien juzga justamente.

Llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero y por cuya herida fuimos sanados, para que nosotros estando muertos a los pecados. vivamos para la justicia. Fue cortado de la tierra de los vivientes y por la rebelión de Su pueblo fue herido. Por cárcel y por juicio fue quitado, y su generación ¿Quién la contará?

Con los impíos se dispuso Su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte, aunque nunca hizo maldad ni hubo engaño en su boca. El padre celestial, quiso quebrantarle y le sujetó a padecimiento, pero al poner Su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días y la voluntad del Padre en su mano será prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho; y Cristo el siervo justo de Dios, por Su conocimiento justificará a muchos y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, el Padre le dará parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte y fue contado con los pecadores, habiendo Él llevado el pecado de muchos y orado por los transgresores.

Cristo Jesús dio su cuerpo a heridores y sus mejillas a los que le arrancaban Su barba, no escondió Su rostro de injurias y escupidas. El Padre le ayudó y no se avergonzó, por eso puso su rostro como un pedernal y no se avergonzó.

Isaías profetizó de Él y dijo que el niño que habría de nacer, nacería de una virgen, a Él se le llamaría admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de Paz. El principado estaría sobre su hombro, pero aunque fue hecho en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

El ángel Gabriel le dijo a María: concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Cuando fue bautizado en el rio Jordán, al subir del agua los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.

Isaías profetizo acerca de Jesús y dijo: He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley.

David profetizó que a Jesús le horadarían sus manos y sus pies, y que repartirían entre si sus vestidos y sobre su ropa echarían suertes. Jesús les dijo a sus discípulos que sería entregado en manos de pecadores y le matarían pero que al tercer día iba a resucitar.

Fue condenado a muerte por el concilio por decir que era el Hijo de Dios. Pilato le mandó a azotar y le entregó para ser crucificado. Desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle. Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera, le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo.

Pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ÉSTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS. Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda. Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.   Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios. Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él.

Fue crucificado a las 9 de la mañana, y de las 12 del mediodía hasta las tres de la tarde hubo tinieblas sobre toda la tierra, y a las tres de la tarde exclamó: Dios mío, Dios mío porque me has desamparado, y luego de decir Padre en tus manos encomiendo mi espíritu murió. Cuando Jesús expiró, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.

Pedro dijo que el Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos para llevarnos a Dios, y aunque fue muerto en la carne fue vivificado en espíritu, descendió a las partes más bajas de la tierra,  fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé.

Jesús participó de carne y sangre para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, el diablo y así librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Le quitó al diablo las llaves de la muerte y del Hades y al resucitar, se llevó cautiva a la cautividad y dio dones a los hombres.

Al resucitar el Señor Jesús, estando sus discípulos a puertas cerradas se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros, sopló y les dijo recibid el Espíritu Santo, y les dijo como el Padre me envío así os envío yo. Y antes de ascender al cielo les dijo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Pablo hablando del Señor Jesús resumió Su nacimiento, la vida muerte y resurrección de Cristo; y le llamo el Misterio de la Piedad y dijo: E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria.

El Señor Jesús quién está sentado a la diestra del Padre en los cielos se reveló a Juan que como Alfa y Omega, el principio y el fin, el que es, el que era el que ha de venir, el Todopoderoso. Juan dijo del Señor Jesús: He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.

Juan vio el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.

También el apóstol Juan vio en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. Y vio a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?  Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo. Y Juan lloraba mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo. Y uno de los ancianos le dijo a Juan: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.

Y Juan miró, y vio que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.  Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.

Y miró, y oyó la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.

Jesucristo es el Rey de Reyes y Señor de Señores, fue entregado por nuestros pecados, y resucitado para nuestra justificación. Jesús vendrá nuevamente a la tierra con gloria y poder para establecer Su reino. ¿Estás tu preparado para su segunda venida?

¿Cómo podemos estar preparados para su Venida?

  1. Debemos creer que Él es el único camino para llegar al Padre, y que no hay otro nombre debajo del cielo para poder ser salvos.
  1. Debemos creer que el murió por nuestros pecados y resucitó al tercer día para llevarnos a Dios y regresará para reinar sobre la tierra.
  1. Debemos creer continuamente en Él y confesarle con nuestra boca como el Señor de nuestra vida y con su ayuda apartarnos de todo pecado y de camino de maldad que Él nos muestre.
  1. Debemos recibirle en nuestro corazón como el Señor de nuestra vida y entregarnos y rendirnos a Él para seguirle y vivir para hacer la voluntad de Dios.

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Tema 20: El Poder de la Gracia.

La gracia de Dios además de ser el favor inmerecido de Dios, también es el poder que capacita al hombre para cumplir con la voluntad de Dios. La gracia de Dios, no solo es un favor divino, también es capacitación divina, que da el poder para obedecer y hacer aquello que es imposible para la naturaleza humana. (1Co. 15.10; Fil.2:13; He.13:21)

Por la gracia de nuestro Señor Jesucristo, Él se hizo pobre, para que con Su pobreza, nosotros fuésemos enriquecidos. El hombre aun estando muerto en delitos y pecados, por la gracia de Dios, puede ser salvo, y por el nuevo nacimiento, es hecho participante de la naturaleza divina. El hombre fue enriquecido al ser participante de la naturaleza de Dios. Pero la voluntad del Padre celestial, no solo es recibir la vida de Dios, sino Su vida abundante, que nos habla de alcanzar la plenitud de Dios, alcanzar la madurez espiritual, la medida del varón perfecto, la estatura de la plenitud de Cristo. (2Co. 8:9; Ef.2:1; 2Pe. 1:4; Ef.3:19; Jn.10:10; Ef.4:13)

El creyente debe aprender a crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Esto significa no solo recibir la gracia salvadora que perdona pecados, sino la gracia capacitadora de Dios que transforma y vence el pecado. Debemos tener presente que la gracia de Dios, no solo perdona pecados, también es el poder de Dios para liberarnos de ellos. Puede transformarnos y tiene la capacidad para que la justicia de Dios sea cumplida en nosotros, de tal manera, que a través de ella podemos ser conformados a la imagen del Hijo de Dios, para que Su propósito pueda ser cumplido en nosotros. (2Pe.3:18; Ro.6:22; Ro.8:4; Ro.8:29; Sal.138:8)

El propósito de la gracia en la vida del pecador, inicia con la salvación, pero la meta, es sentarnos con Cristo en los lugares celestiales, para reinar con Él por la eternidad. La gracia de Dios es su favor inmerecido que nos capacita para ir de experiencia en experiencia, alcanzando madurez espiritual, hasta llevarnos a ser vencedores para poder sentarnos en el trono con Cristo y reinar con Él. (Ef.2:4-7; Ap.2:26)

El Señor Jesús dijo: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”. Esta experiencia de ser un vencedor, no viene por nacer de nuevo. La gracia salvadora, nos da la potestad de ser hechos hijos de Dios. Nos vuelve nuevas criaturas en Cristo Jesús. Niños en Cristo, que necesitan madurar para poder llegar a ser jóvenes espirituales y luego padres espirituales que se vuelven vencedores. (Ap.3:21; Jn.1:12; 2Co.5:17)

Los niños en Cristo, han recibido gracia para que sus pecados les sean perdonados. Pero los jóvenes espirituales, han recibido gracia para ser fuertes, para permanecer en la Palabra de Dios, y para vencer al maligno. Los padres espirituales, han recibido la gracia de Dios, para conocer al que es desde el principio, y debido a ese conocimiento superior de Dios, debido a la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, todo lo tienen por basura, lo han perdido todo para ganar a Cristo. Aquellos que conocen a Dios de una manera más profunda, como los padres espirituales, son transformados y conformados a Su imagen y semejanza. (Flp.3:7-8; Ro.12:1-2; 1Jn.2:12-14)

Es importante observar como en cada nivel de crecimiento espiritual, la gracia de Dios se manifiesta de manera diferente:

Los niños en Cristo, por la gracia de Dios, conocen a Cristo como el camino a la salvación. El camino que los lleva al Padre. El justo murió por los injustos para llevarnos a Dios. Pero los jóvenes espirituales, por la gracia de Dios, llegan a conocer a Cristo como la verdad, y debido a que ellos permanecen en la verdad, esa verdad los hace libres de la iniquidad, les libera de las ataduras y de la esclavitud del pecado. (Hch.4:11-12; 1P.3:18; Jn.8:31-32)

Los jóvenes espirituales reciben gracia para no practicar el pecado y ser libres de él. Además la gracia de Dios, les permite ser fuertes y les da el poder para permanecer obedeciendo la Palabra de Dios, y de esa manera, logran vencer al maligno.

Finalmente, los Padres espirituales, por medio de la gracia de Dios, llegan a conocer a Cristo íntimamente. Ellos llegan a conocer a Cristo como la vida. Cristo, quien es la imagen del Dios invisible, quien reveló al Padre con sus acciones, carácter, vida, muerte y resurrección, al revelarse profundamente en sus hijos, les transforma el carácter, y los va conformando a Su imagen y semejanza. Por ello, los padres espirituales, en la medida que van conociendo mucho más a Dios por medio de Cristo, van siendo transformados de gloria en gloria, en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. (Col.1:14-16; 2Co. 3:18; Ro.8:28-29; Jn.14.6)

Por tanto, por la gracia de Dios, los niños en Cristo, reciben la revelación de Cristo como camino, y esto les da salvación. Los jóvenes espirituales, reciben mayor gracia, y ellos llegan a conocer a Cristo como la verdad, y esto los hace libres. Los padres, alcanzan un nivel mayor de gracia, y llegan a conocer a Jesús como la vida, y esto los transforma.

¿Qué sería entonces crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo? Es ir creciendo en el conocimiento del Señor, de tal manera que primeramente se experimente el perdón de pecados, después la liberación del pecado y luego ser transformados en el carácter para ser conformados a la imagen y semejanza de Dios. Por tanto, el objetivo de la gracia, no es solo perdonar pecados. El Señor, quiere liberarnos de ellos y transformarnos de tal manera que lleguemos a ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto. (Mt.5:48; Gn.1:26)

Es por medio de la gracia de Dios, que Dios desea volvernos vencedores, para que podamos heredar todas las cosas. El Señor Jesús dijo: “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”. (Ap.21:7)

Es la gracia de Dios, la que nos capacitará para vencer al mundo, al diablo y a la carne. Cristo Jesús murió para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Vencer el pecado y vivir para Cristo, solo es posible por la gracia de Dios, que se obtiene por la fe que Dios otorga a aquel que cree a Su Palabra. (1Co.15:10; 2Co.5:15; Ro.1:16)

La salvación es un regalo de Dios que se obtiene por fe, no es por obras, para que nadie se gloríe. A esta obra de gracia, se le llama justificación imputada, en donde somos salvos por fe, sin necesidad de obras. La justicia imputada no requiere obras, solamente la fe que Dios otorga al que cree. Sin embargo, para recibir herencia, galardones y alcanzar los niveles de gloria que Dios ha prometido, se requiere otro tipo de justicia, ya no la imputada, sino la justicia impartida, que es una justicia que se recibe por fe, pero que produce obras de justicia. La justicia impartida, también es una obra de gracia que se recibe por la fe. Pero este tipo de justicia, produce obras en el creyente, que le permite alcanzar niveles de gloria como llegar a ser la esposa del Cordero. El apóstol Juan escribió: “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos” (Ef. 2:8-10; Ro. 5:1; 2Co. 5:21; Ap. 19:7-8)

Aquellos que solo reciben la fe, para recibir por gracia la justificación imputada, serán salvos, pero no alcanzarán niveles mayores de gloria, como el ladrón en la cruz, que fue salvo, pero no será parte de la esposa del Cordero por cuanto no calificó para esta posición, solamente recibió la fe para ser salvo por gracia. Pero aquellos que reciben mayor fe, para recibir por gracia la justicia impartida, la gracia de Dios les transforma y les permite hacer las obras que les califican para posiciones eternas como reyes y sacerdotes, y llegar a ser la esposa del Cordero. (Mt.22:11-13; Mt.25:7-12)

Ahora bien, para recibir mayor gracia, e ir creciendo en la gracia del Señor, no solo debemos creer en Dios, es necesario creerle a Dios. La fe, es un don que proviene de Dios y es dado a aquel que cree a Su Palabra. Pablo dijo: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Ro.1:16)

Es muy importante desarrollar nuestra comunión con Dios por medio de la oración, la lectura, estudio y obediencia de la Palabra de Dios. Debemos depender del Espíritu Santo quien nos guiará a toda la verdad y nos enseñará las cosas que han de venir. (1Jn.1:9; Jn.16:13)

Que el Señor pueda completar Su obra en nosotros y podamos llegar a ser santos y sin mancha para la alabanza de la gloria de Su gracia.

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Tema 19: Creer, Obedecer, Enseñar.

Como creyentes en Cristo Jesús hay tres niveles que debemos alcanzar en relación a la Palabra de Dios. Estos tres niveles son: creer, obedecer y enseñar. (Ro. 1:16; Hch. 5:29; 2Ti. 2:2)

Creer

La voluntad de Dios no solo es que creamos en Él, también es importante que le creamos a Él. Es necesario creer en toda la biblia y no solo en una parte de ella. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (2Ti. 3:16-17)

Debemos ser enseñados en todo el consejo de Dios y no solo en una parte de este. Cuando en un juicio, se llama a testificar a alguien, y este no dice todo lo que sabe al respecto; si omite voluntariamente información que puede afectar el veredicto, es considerado como un testigo falso y puede ser sancionado por la ley. (Hch. 1:8; 20:27)

Hoy en día, el problema no es muchas veces lo que se enseña, sino lo que no se enseña. Enseñar la bendición de Dios, sin enseñar la maldición que viene por el pecado, es incorrecto. Enseñar acerca del amor de Dios sin enseñar la ira de Dios, es ocultar una parte de la verdad. Enseñar la gracia y el favor de Dios sin enseñar el juicio y el temor de Dios, no está bien. Hablar de todos los beneficios que Jesús ganó gracias a Su sacrificio al morir por nuestros pecados, sin enseñar nuestra responsabilidad de tomar la cruz y negarnos a nosotros mismos para seguir a Cristo, es enseñar un mensaje desbalanceado.

Es necesario creer toda la Palabra de Dios. Es necesario conocer todos los atributos y nombres de Dios. Es verdad que Dios es amor, pero también es fuego consumidor. Es verdad que Dios amó al mundo y envió a Su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree no se pierda más tenga vida eterna, pero también es verdad que Dios está airado con el impío todos los días, si no se arrepiente, él afilará su espada; armado tiene ya su arco, y lo ha preparado.

Dios es bueno y es galardonador de los que le buscan, el ama la prosperidad de sus siervos, pero también Él vendrá en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.

Dios es misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad. Él perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable; y visitará la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos. No podemos hablar solo las cosas agradables para el hombre, y obviar lo que no es placentero. Debemos aprender a disfrutar lo bueno y a vencer el mal con el bien. Como Ester, que aprendió estar seis meses con óleo de mirra, que nos habla de experiencias amargas y desagradables; pero también seis meses con perfumes aromáticos y afeites de mujeres que nos habla de experiencias de bendición.

No debemos presentar solo un lado de Dios, sino todo Su carácter. Debemos conocer a Dios en todas sus facetas. Isaías dijo: “Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto”.

Dios va a salvar, bendecir y recompensar a Sus hijos obedientes pero también va castigar y condenar a los malos y desobedientes. Pablo dijo: “Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; porque no hay acepción de personas para con Dios”

 Obedecer

Los demonios creen en Dios y tiemblan, pero no obedecen la Palabra de Dios. Dios no desea que le digamos con nuestra boca Señor y sin embargo no le obedezcamos. Jesús dijo: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?”. El Señor les dijo a los escribas y fariseos “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí”.

El objetivo de creer la Palabra es para obedecerla. Obedecer su Palabra y permanecer en ella, es lo que revela a los verdaderos discípulos de Jesucristo. Jesús dijo: “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. No es la verdad que se cree la que hace libre, es la verdad que se obedece la que lleva a la libertad, a aquel que está en esclavitud.

El Señor Jesús nos salvó, no solo para ir al cielo y librarnos de la condenación eterna. Él nos salvó para obedecerle y hacer las obras, que Él preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. No somos salvos por obras, pero si somos salvos, para hacer buenas obras, según el puro afecto de su voluntad.

Cuando Dios sacó a Israel de la esclavitud de Egipto, Él fue muy claro al decirle a Faraón, que dejara ir a Su pueblo para servirle y hacerle fiesta en el desierto. De igual manera, Dios nos ha salvado y hemos sido liberados del pecado para hacernos siervos de Dios y vivir para Él. Pablo dijo: “y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos”.

Obedecer la Palabra de Dios, es el deseo de Dios para sus hijos. Samuel le dijo a Saúl: “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey”.

Los sacrificios a Dios, no pueden substituir el lugar de la obediencia. La obediencia a Su voz y a sus mandamientos es el anhelo y deseo de Dios para Su pueblo. Jeremías escribió: “Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto. Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien. Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia adelante, desde el día que vuestros padres salieron de la tierra de Egipto hasta hoy”

Enseñar

Dios quiere encontrar hombres fieles que sean idóneos para enseñar a otros. Dios quiere hacer discípulos a todas las naciones, para que obedezcan todos los mandamientos que Él ha mandado. Dios no está buscando maestros de biblia, como los Fariseos que enseñaban pero no vivían lo que enseñaban. Dios está buscando maestros de justicia, que enseñan a obedecer la Palabra de Dios que ellos obedecen y viven. Aquel que enseña la Palabra de Dios pero no la vive, no tiene la autoridad de Dios de aquel que la vive y la practica. La Palabra debe hacerse carne en nosotros, y no solo debe estar en la mente. Debe volverse vida, debe volverse una realidad en nosotros.

Dios quiere levantar maestros de justicia, que enseñen sus caminos a las naciones, como Esdras, de quien se dijo: “Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos”.

El evangelio no debe ser visto como verdades hermosas para predicar, sino como verdades divinas para vivir. La Palabra de Dios se nos ha sido dada para obedecerla, y aquellos que la enseñan deben ser ejemplos para aquellos que la escuchan. Como Pablo, quien dijo: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros”.

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Tema 18: Creciendo en Amor.

La meta de cada creyente es crecer desde la experiencia de salvación hasta alcanzar la madurez y manifestar el amor ágape de Dios. Pedro nos dice:

“vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.
2 Pedro 1:5-7

Somos salvos por gracia, por medio de la fe que el Señor Jesús nos impartió y por medio de la cual nos hizo nacer de nuevo. Por su gracia fuimos trasladados del reino de las tinieblas al reino de la luz por medio del nuevo nacimiento. El desafío, es crecer desde ser bebés en Cristo, nuevas criaturas, a ser Su iglesia gloriosa sin arruga, la esposa de Cristo que se ha preparado y se le ha concedido que se vista de lino fino y resplandeciente, que son las obras justas de los santos. (Ef. 2:8-10; Col. 1:12-13; Ef. 5:27; Ap. 19:7-8)

Alcanzar la madurez espiritual es un proceso, y el apóstol Juan nos muestra los tres niveles de crecimiento espiritual: hijitos (niños en espirituales), jóvenes (jóvenes espirituales), padres (padres espirituales). Estos tres niveles de crecimiento corresponden a: (1 Jn. 2:12-14)

1. 30, 60 y al 100 por uno. Mt. 13:23
2. Hierba, espiga, grano lleno en la espiga. Mr. 4:28
3. Fruto, más fruto, mucho fruto. Jn. 15:2; Jn. 15:5
4. Fe, esperanza, amor. 1Co. 13:13
5. Galardón, galardón grande, galardón sobremanera grande.
Ap. 22:12; He. 10:35; Gn. 15:1
6. Atrio exterior, lugar santo, lugar santísimo. Sal. 68:24
7. Llamados, elegidos y fieles. Ap. 17:14

Los niños en Cristo reflejarán el 30 % del carácter de Cristo. Los jóvenes espirituales reflejarán el 60 % del carácter de Cristo, pero los padres espirituales reflejarán el 100 % del carácter de Cristo. Los padres espirituales, son los que alcanzan la madurez en Cristo y dan el 100 % del fruto del Espíritu Santo en sus vidas. Ellos son los que alcanzan la madurez y llegan a formar parte de la congregación de los primogénitos, aquellos que serán reyes y sacerdotes y reinaran con Cristo sobre la tierra (He. 12:22-23, Ap. 5:9-10).

En este pequeño estudio, queremos compartir como el amor hacia Dios debe ir creciendo hasta madurar, tomando como ejemplo el amor de la Sulamita que representa el amor de la iglesia hacia su esposo celestial que va en progresión.

Cantares 2:16
Mi amado es mío, y yo suya; El apacienta entre lirios.

Este primer nivel de amor corresponde a los niños espirituales. La expresión mi amado es mío y yo soy suya, revela como la entrega hacia el Señor es respuesta al amor y bendiciones recibidas. De hecho, nosotros le amamos porque Él nos amó primero. Este amor responde a ser amado. En primer lugar no se busca amar al Señor, sino ser amado, amar al Señor es en segundo lugar. Para el niño en Cristo, su relación con el Señor está basada en lo que puede recibir: salvación, sanidad, liberación, provisión, bendición. En la medida que es bendecido, su agradecimiento y amor por el Señor crece, y corresponde al Señor amándole y sirviéndole.

Acercarse al Señor para pedir y recibir sus bendiciones, es una de las bendiciones por ser hijos de Dios. Pedir para recibir no es incorrecto. Dios es galardonador de los que le buscan, nuestro Dios se complace en bendecir a sus hijos, pero este amor debe madurar para no estar enfocado en la bendición sino en el Señor.

Cantares 6:3
Yo soy de mi amado, y mi amado es mío; El apacienta entre los lirios.

Aquí el amor ha crecido, y ahora en primer lugar está entregarse al Señor y en segundo recibir sus bendiciones. En esta etapa del crecimiento espiritual el joven espiritual se entregado a Cristo Jesús para servirle y obedecerle, para hacer las obras de Dios y servir en el ministerio. La bendición ha pasado a un segundo plano, porque el primer lugar lo tiene su entrega al Señor, por eso dice yo soy de mi amado, yo vivo para mi Señor, y después dice mi amado es mío, los beneficios del Señor están en segundo lugar, han perdido la primacía.

En este nivel de amor se encuentra obedecer los mandamientos de Dios para ser bendecidos. La obediencia a los mandamientos de Dios trae bendición y la desobediencia a los mandamientos de Dios acarrea maldición. Por tanto, obedecer para recibir bendiciones, es muy sabio, sin embargo todavía este amor necesita crecer y madurar. El amor maduro no obedece para ser bendecido, aunque es verdad que la obediencia atrae la bendición de Dios. El amor maduro obedece para agradar y para complacer al Señor.

Cantares 7:10
Yo soy de mi amado, Y conmigo tiene su contentamiento.

Este nivel de amor, el primer lugar lo tiene el Señor y busca complacerle, amarle y agradarle en todo. En el amor maduro al Señor, el enfoque no es la bendición ni el ministerio. Muchos por servir en la obra del Señor olvidan al Señor de la obra. La iglesia de Éfeso hacía muchas obras por amor al nombre del Señor, pero habían perdido su relación con Él y el Señor ya no tenía el primer lugar en esta iglesia, sino el ministerio. La obra de Dios había reemplazado su relación con Dios y dejaron perder el primer amor que tenían hacia el Señor (Ap. 2:1-5).

La esposa de Cristo, vive para amar, agradar y complacer a su amado esposo celestial. El ministerio y las bendiciones no son lo primordial para ella. Ella ha muerto a su voluntad y en su corazón ya no hay espacio para sí misma, vive completamente para agradar y complacer a su amado. Este es el amor que debemos procurar alcanzar para poder llegar a ser la iglesia gloriosa sin mancha y sin arruga que llegará a ser la esposa que irá a las bodas del Cordero.

El desafío para los creyentes es dejar de ser niños en Cristo que aman y buscan al Señor por las bendiciones, y llegar a madurar de tal manera, que vivan para amar y complacer al Señor, en donde las bendiciones y ministerio no reemplacen el amor hacia nuestro Dios.

El propósito de Dios inició con la salvación de Dios, pero su meta es que seamos uno con el Padre y con el Hijo. Recordemos que en el matrimonio, ya no son dos sino una sola carne. De igual manera, para ser la esposa del Cordero debemos llegar a ser uno con el Padre y con el Hijo, uno con la justicia, la santidad, la verdad, uno con la Palabra de Dios, uno con el fruto del Espíritu. (Jn. 17:19-23).

El propósito de Dios es presentarnos santos y sin mancha delante de Él en amor, por ello es necesario crecer espiritualmente para vivir para el Señor y no para nosotros mismos.

2 Corintios 5:15
…y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

Debemos crecer en gracia en conocimiento del Señor Jesús, de tal manera que cada día muramos y Cristo pueda ser formado hasta llegar a alcanzar por Su gracia la medida del varón perfecto, la estatura de la plenitud de Cristo (2 Pe. 3:18; 1Co. 15:31, Ef. 4:13; Gál. 4:19)

La meta es que un día el Padre pueda decir de nosotros lo que dijo de Su Hijo Unigénito:
Mateo 3:17
Y hubo una voz de los cielos, que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.

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Tema 17: La Voz de Dios.

Somos llamados a una relación con nuestro Dios

Por la gracia de Dios hemos sido salvos, y somos llamados a tener comunión con Su Hijo Jesucristo, con la ayuda del Espíritu Santo, conforme a la voluntad de nuestro buen y amoroso Padre celestial. A esta relación personal con nuestro Dios llamamos comunión, y escuchar su voz es de vital importancia por cuanto por medio de su voz se nos es impartida gracia para obedecer Su Palabra y ser transformados a Su imagen y semejanza.

Diferencia entre Logos y Rema

El Logos es la Palabra escrita de Dios que podemos leer en la biblia. El Rema es la Palabra que Dios nos habla personalmente la cual  nos habla directamente o por medio de un logos que es vivificado cuando leemos las Sagradas Escrituras. Lo poderoso del Rema es que nos da el poder para hacer lo que Dios nos está diciendo. El Rema nos imparte el poder de Dios para poder obedecer el mandamiento que Dios nos habla o nos dice debemos obedecer. Por medio del Rema, recibimos la gracia para obedecer su voz en el área particular que Dios nos está hablando, sea para hacer su voluntad obedeciendo un mandamiento o dejando un pecado que el Espíritu Santo nos está señalando.

El poder para obedecer está en su voz

Dios no solo quiere perdonar nuestros pecados, también Él desea liberarnos de ellos y presentarnos irreprensibles delante de Él espíritu, alma y cuerpo. Hemos sido escogidos para ser santos y sin mancha delante de Él, pero este proceso de transformación es individual y opera en la medida que somos obediente a la voz Dios que nos habla individualmente.

La función del Espíritu Santo

Es el Espíritu Santo quien nos ha de guiar a toda la verdad, y Dios nos hablará a cada uno según sus propósitos eternos y maravillosa soberanía. Los 10 mandamientos deben ser observados por todos, como también debemos de apartarnos de tipo de maldad, injusticia, rebeldía, sin embargo; es el Espíritu Santo quien hablará personalmente a cada creyente para guiarle a que pecado dejar y que mandamiento debe obedecer en relación con Dios y con los demás.

Una carga que no se puede llevar

Si alguien más nos indica lo que debemos hacer o lo que no debemos hacer, esta persona no tiene la capacitad para darnos la gracia para obedecer lo que nos está diciendo, lo que hará que sea una carga que no podremos llevar y esto nos frustrará o puede desviarnos a volvernos religiosos que obedecen por apariencia para agradar a alguien más que no es Dios.

Guianza personal

La guía personal es indispensable para ir de gloria en gloria hasta llegar a ser la morada de Dios, y ser uno con el Padre y con el Hijo. La senda del justo es como la luz de la aurora que va en aumento hasta que el día es perfecto. Aunque la meta todo creyente es ser perfectos como nuestro Padre que está en los cielos, la dirección para cada uno será diferente, porque las debilidades de un creyente no son las debilidades de otro, y las fortalezas de uno, no son las fortalezas de otro. Cada uno debe ir avanzando según la luz que el Espíritu Santo individualmente da a cada uno. La responsabilidad de cada creyente es obedecer a la luz recibida y seguir la dirección y guía del Espíritu Santo.

¿Cómo habla nuestro Dios?

El hombre es un ser tripartito, espíritu, alma y cuerpo. Dios puede hablar a nuestro cuerpo con voz audible, a nuestra alma por medio del entendimiento o pensamientos, y también nos puede hablar al espíritu por medio de la revelación.

¿Qué medios utiliza Dios para hablarnos?

Los medios que Dios utiliza para hablarnos pueden ser: al leer la biblia, al escuchar la palabra de Dios, por medio de visiones, sueños, profecía, otras personas, circunstancias, por su creación, etc.

Dios puede hablarnos por diferentes medios, sin embargo cuando Dios habla nunca estará en contra de las Sagradas Escrituras. Si alguna profecía, sueño, visión o cualquier revelación que diga que es la voz de Dios, y contradice la Palabra de Dios, debemos desecharla, porque Dios siempre hablará la verdad, y Su palabra es verdad, por tanto cualquier Palabra que se nos dé en nombre del Señor, y no está conforme a la verdad de la Palabra de Dios.

El discernimiento es muy importante

Es necesario crecer en el discernimiento para poder discernir la fuente o procedencia del mensaje que hemos recibido. Hay tres tipos de fuentes de donde pueden venir un mensaje: de Dios, del diablo, del espíritu humano. Siempre que Dios hable, este mensaje estará de acuerdo a la Palabra de Dios, por tanto conocer las Sagradas Escrituras será de gran ayuda para determinar si un mensaje viene de Dios o no. El diablo, aunque puede presentarse como un ángel de luz, cuando el habla, habla mentira, porque él es mentiroso y cuando habla, habla de sí, y siempre hay mentira en sus palabras. El espíritu humano procura exaltarse a sí mismo, buscar la aprobación y reconocimiento de los hombres, y no la gloria de Dios. El espíritu humano es egocentrista y busca la auto-realización y auto-satisfacción,  no busca la voluntad de Dios, no busca agradar y complacer al Señor sino a sí mismo. Por ello al conocer estos aspectos y las Sagradas Escrituras, podremos discernir la fuente y la procedencia de un mensaje determinado.

Es necesario filtrar los pensamientos

Por otro lado, todo pensamiento debe ser examinado y no debe aceptarse como la voz de Dios. Hay pensamientos que de igual manera puedan venir de Dios, del diablo o del espíritu del hombre. Los pensamientos deben ser examinados y además de los filtros que hemos citado, hay un filtro muy fino para poder aceptar un pensamiento. Para poder aceptar un pensamiento este debe ser verdadero, honesto, justo, puro, amable, de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza. Si un pensamiento está en contra de alguno de estos filtros debe ser desechado, es un pensamiento que debe ser abortado de nuestra mente, por cuanto cumple con los requerimientos divinos.

No podemos permitir pensamientos incorrectos en nuestra mente porque los pensamientos incorrectos, llevan a actitudes incorrectas y desarrollan hábitos incorrectos que llevan a vivir una vida incorrecta en contra de la Palabra de Dios  y de la voluntad de Dios.

La Palabra de Dios y la Paz de Dios

Es el deseo de Dios que seamos guiados por medio de Su Palabra, ya que ella es lámpara a nuestros pies, y lumbrera a nuestro camino. Sin embargo, el Espíritu Santo nos ha dado una herramienta muy valiosa para ser gobernados por Él y es la paz de Dios. La paz de Dios es utilizada por el Espíritu Santo como un árbitro para aprobar o no una decisión o camino que queremos tomar.

La paz de Dios será utilizada por Dios como la luz roja del semáforo que nos indica que debemos detenernos, como la luz verde que nos indica que podemos continuar. Cuando en nuestro corazón sintamos una inquietud, un desagrado, una pequeña intranquilidad, es como el silbo apacible del Espíritu Santo diciendo, no sigas por ese camino.

Si el Espíritu Santo coloca paz en nuestro corazón, y esta paz está acompañada con el entendimiento en la Palabra de Dios, que aquello que estamos por hacer no contradice la Palabra de Dios, no está en contra de la santidad y verdad de Dios, entonces podemos continuar en ese camino, siempre confiando en el Señor, y clamando el temor de Dios para no apartarnos del camino de justicia y santidad.

Nuestra meta: ser conformados a la imagen del Hijo de Dios.

La voluntad de Dios es nuestra santificación, Dios quiere que seamos santos como Él es santo. La meta es ser conformados a la imagen del Hijo de Dios, ser la imagen y semejanza de Dios, alcanzar la gloria del Señor Jesucristo, la medida del varón perfecto, la estatura de la plenitud de Cristo. Por tanto, si algo está en contra de llegar ser como Cristo en Su carácter, si algo nos aparta de la santidad y de la justicia de Dios, debemos desechar aquello porque no es conforme a la voluntad de Dios.

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Tema 16: Las 4 Peticiones al Señor.

Dios mostró su amor para con la humanidad, porque siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros. Dios amó al mundo y envió Su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree, no se pierda más tenga vida eterna. El justo murió por los injustos para llevarnos a Dios, y aunque murió en la carne, fue vivificado en Espíritu y resucitó al tercer día.

La salvación no se puede ganar, no se puede comprar, ya que no es por obras, para que nadie se gloríe. La salvación se obtiene por medio de la fe, que es un don de Dios dado por gracia, a aquel que cree e invoca el nombre de Cristo. El hombre no merece ser salvo, ya que la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Jesucristo es el único camino al Padre, y no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos, solamente por el nombre de Jesús. Jesús, es el único digno en el cielo, en la Tierra y debajo de la Tierra, que gracias a Su sangre derramada podemos ser hechos hijos de Dios y así ser parte de la familia de Dios.

Uno de los ladrones que fue crucificado juntamente con Cristo, le injurió y no invocó su nombre para ser salvo. Le exigió que lo salvara, y no se humilló delante del Señor. Aunque la salvación está disponible para todos los hombres, no todos responden a Su sacrificio en la cruz, no todos creen en Cristo e invocan Su nombre para recibir el perdón de pecados y la salvación que Dios otorga gracias a Su gracia y amor.

Ser pecador no es impedimento para ser salvo, porque Cristo Jesús murió por los pecadores, y gracias a Su sacrificio, por medio de Su sangre derramada, la gracia de Dios tiene el poder para perdonar pecados, liberar de cualquier atadura, podrir todo yugo y de transformar a un pecador en Su hijo, conformado a Su imagen y semejanza.

Ahora, queremos presentar las 4 peticiones que se deben hacer al Señor para invocar su nombre, y así pedir por nuestra salvación y ser librados de la condenación eterna:

Primera Petición: Señor Jesús perdóname, reconozco que soy pecador, te he fallado, he pecado contra ti y contra otros.

Todos hemos pecado y por haber pecado estamos separados de la gloria de Dios. No hay justo ni aún uno, todo ser humano está bajo pecado, no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.

Verdaderamente, todos hemos pecado, ya sea con acciones, pensamientos, intenciones, o palabras. Todos hemos hecho nuestra voluntad en lugar de vivir para hacer Su voluntad. Todos en algún momento hemos quebrantado uno o más de Sus mandamientos, todos somos culpables de haber pecado.

Segunda Petición: Señor te pido que me salves y me libres de la condenación eterna.

No solo basta reconocer que somos pecadores, hay que pedir a Jesús que nos salve de la condenación eterna, que está preparada para todos aquellos que no conocieron a Dios, ni obedecieron al evangelio de nuestro Señor Jesús. No solo es necesario saber la historia de su muerte y resurrección, debemos creer e invocar su nombre para ser salvos.

Con el corazón se cree para justicia pero con la boca se confiesa para salvación. Es necesario invocar con nuestra boca el nombre del Señor y pedirle que nos salve.

Tercera Petición: Señor Jesús te pido que entres a mi corazón y vengas a vivir en mí como el Señor de mi vida.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en Su nombre les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. El Señor Jesús está a la puerta de nuestros corazones y Él quiere entrar y morar en nosotros. Él está a la puerta, si alguno oye Su voz y abriere la puerta, Él entrará y cenará con Él.

Es necesario invitar personalmente a Jesús a entrar en el corazón y recibirle como nuestro Señor y Salvador personal. Somos llamados a tener una relación personal en donde aprendamos a amarle y a escuchar Su voz.

Cuarta Petición: Señor ayúdame a no ofenderte. Ayúdame a no pecar contra ti y a no pecar contra otros. Enséñame a vivir para amarte a Ti y a mi prójimo.

Aprender a vivir, es aprender a amar. El amor no hace mal a otros, ni a Dios, ni a nadie. El cristianismo se resume en amar a Dios y al prójimo. Jesús descendió del cielo para enseñarnos a amar a Dios y a los demás. Él nos dio el ejemplo, nuestra parte es aprender amar como Él amó, y vivir como Él vivió. El mismo dijo: He aquí les envío como el Padre me envió a mí.

Aquellos que se humillen serán exaltados, y Dios quiere que aprendamos a humillarnos en oración e invocar Su Nombre para poder ser salvos y recibir los beneficios del sacrificio de Cristo Jesús.

Si tú quieres humillarte e invocar Su nombre por medio de la oración, haz estas 4 peticiones en voz alta:

1. Señor Jesús perdóname reconozco que soy pecador, te he fallado, he pecado contra ti, te he ofendido a ti y a muchos.
2. Señor te pido que me salves y me libres de la condenación eterna.
3. Señor te pido que entres a mi corazón y vengas a vivir en mí como mi Señor y Salvador personal.
4. Señor ayúdame a no ofenderte ni a Ti, ni a los demás. Ayúdame a no pecar ni contra Ti, ni contra otros. Enséñame a vivir para amarte a Ti y a mi prójimo.

Después de estas 4 peticiones, tomemos tiempo para darle gracias:

1. Gracias Señor por morir por mí.
2. Gracias por perdonar mis pecados.
3. Gracias por salvarme de la condenación.
4. Gracias por venir a vivir a mi corazón.
5. Y gracias por amarme.

Y éste es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.
1 Juan 5:11-13

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a Su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y ésta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.
Juan 3:16-21

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Efesios2:8-10

Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Ésta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
Romanos 10:8-13

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Tema # 15: 100 Razones por las cuales murió Cristo Jesús

Son Incontables los beneficios y bendiciones que nuestro amado Señor Jesucristo nos heredó mediante Su sublime sacrificio en la cruz del Calvario, todo lo que somos y lo que hemos recibido está intrínsecamente vinculado a Su sacrificio de amor. Sin embargo podemos encontrar muchas escrituras que nos hablan en forma general, de algunas de las razones por las cuales Él murió por nosotros, presentamos cien de ellas. 

1. Para tener paz con Dios.

Romanos 5:1

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”

Nuestro Señor Jesucristo murió para que podamos tener paz con Dios. Cuando recibimos el perdón por nuestros pecados recibimos la paz con Dios, pero cuando llegamos a confiar en Él, recibimos la paz de Dios (Fil. 4:7).

Para poder permanecer en paz con Dios es necesario pedir perdón por cada pecado que Él nos señale por medio del Espíritu Santo. Después del nuevo nacimiento; cuando Dios en Su paciencia perdona y pasa por alto nuestros pecados pasados (Ro. 3:25), el Espíritu Santo continuará justificándonos y nos mostrará renglón por renglón las áreas de nuestra vida que deben ser corregidas.

Si pedimos perdón por los pecados que el Espíritu Santo nos muestre y permitimos que Su gracia nos ayude a dejar todo aquello que es contrario a la voluntad de Dios, permaneceremos en paz con Dios, de lo contrario sentiremos en nuestro Espíritu Su intranquilidad santa.

2. Para tener entrada a la gracia de Dios.

Juan 1:17

“Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo”.

La gracia de Dios no es tolerancia al pecado, la gracia de Dios tiene dos significados principales: favor divino y capacitación divina. La misericordia evita que recibamos lo que merecemos, pero la gracia de Dios como Su favor divino, permite que recibamos lo que no merecemos.

Por Su favor divino somos salvos, no por merecerlo, pero también por Su capacitación divina podemos vencer el pecado y hacer las cosas que son agradables delante de Él por medio de nuestro Señor Jesucristo (He. 13:21).

3. Para salvarnos por gracia por medio de la fe.

Efesios 2:8-9

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.

La gracia se recibe por medio de la fe, la cual es un don divino, el hombre puede creer pero no puede tener fe. La fe es divina y proviene de Dios, pero es dada a aquel que cree en Su Palabra. La salvación no se puede ganar o comprar por ningún medio. No podemos ser salvos por obras porque éstas no pueden borrar nuestros pecados, solo la sangre de nuestro Señor Jesucristo.

Nadie merece ser salvo, todos merecemos la muerte pero aquellos que creen a la Palabra de Dios y en humildad claman por ayuda a nuestro Dios, ellos recibirán la fe que necesitan para poder ser salvos. Los demonios creen en Dios pero no son salvos, a ellos Dios no les ha concedido fe. La fe es el poder del evangelio que Dios da a todo aquel que cree en Él (Ro. 1:17).

4. Para librarnos del presente siglo malo.

Gálatas 1:4

“El cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre”

Es la voluntad de Dios librarnos de este siglo, solo la sangre de Cristo nos puede librar de la potestad de las tinieblas y trasladarnos al reino de Su amado Hijo. Solo Su gracia nos puede librar de este mundo y su sistema para poder vivir haciendo Su voluntad y vivir para agradarle y complacerle.

5. Para santificarnos por completo.

1 Tesalonicenses 5:23

Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

La santificación es triple: espíritu (nuestra naturaleza), alma (nuestra inteligencia, sensibilidad y voluntad) y cuerpo (nuestro depósito). El propósito final de Dios no es perdonar nuestros pecados sino presentarnos irreprensibles delante de Él, sin mancha. Él nos salvó para presentarnos sin defecto delante de Su presencia.

6. Para guardarnos sin caída y presentarnos sin mancha delante de Él.

Judas 1:24

“Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría”

La gracia de Dios no solo perdona nuestros pecados, también nos da el poder para no pecar. Dios tiene todo el poder para guardarnos sin pecar y presentarnos sin mancha delante de Su gloria con gran alegría. Aquellos que no se apartan de pecar, todavía no han conocido la verdadera gracia de Dios (1P. 5:12).

7. Para hacernos santos y sin mancha delante de Él.

Efesios 1:4

“según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”

El poder de Su gracia comienza con el perdón de pecados, pero Su proceso de redención continua por medio del crecimiento espiritual hasta llevarnos a madurez; en donde llegamos a ser santos y sin mancha habiendo sido transformados en todo nuestro ser.

8. Para hacernos su Esposa.

Apocalipsis 19:7

“Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos”.

Aquellos que reciban el perdón de pecados por medio de Jesucristo serán salvos; pero aquellos que alcancen la madurez espiritual, y que por la gracia de Dios se les permita hacer las obras de justicia requeridas, son los que llegarán a ser la Esposa del Cordero. Ser la esposa del Cordero es una posición de honor que es otorgada a aquellos que califican. El perdón de pecados viene por recibir la fe para ser salvos; pero llegar a ser la esposa del Cordero viene como resultado de recibir la fe para dejar todo pecado y ser obediente a todos los mandamientos de Dios. Aquellos que sean niños en Cristo, bebés espirituales, no podrán ser la Esposa del Cordero.

9. Para capacitarnos para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

2 Tesalonicenses 2:13-14

“Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

El hombre fue destituido de la gloria de Dios por el pecado (Ro. 3:23); ahora, una vez instituido nuevamente en la gloria, debe alcanzar, por la gracia de Dios, la gloria de nuestro Señor Jesucristo, y esto nos habla de carácter, de estatura espiritual, nos habla de alcanzar Su naturaleza y desarrollar el fruto del Espíritu Santo en nuestra vida.

10. Para que podamos ser perfectos como nuestro Padre.

Mateo 5:48

“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”.
Nuestro llamado es el mismo llamado que Dios le hizo a nuestro Padre en la fe Abraham.

Es la voluntad de Dios que andemos delante del Señor siendo perfectos (Gn. 17:1). Debemos ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto.
Llegamos a Cristo imperfectos, muertos en delitos y pecados (Ef. 2:1), pero por Su gracia por medio de la fe, seremos perfeccionados para alcanzar Su imagen y semejanza (Gn. 1:26), y la plenitud de Su naturaleza (2 P. 1:4). Dios quiere terminar la obra que ha comenzado en nosotros y llevarnos a perfección (Fil. 1:6).

11. Para hacernos santos como Él es santo.

1Pedro 1:16

“porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”.

Como somos Sus hijos, Él quiere que seamos santos como Él es santo. Dios no solo quiere darnos Su perdón, Él también quiere darnos Su santidad, es por ello que seremos disciplinados por Él, para hacernos partícipes de Su santidad (He. 12:10).

12. Para conformarnos a la imagen del Hijo de Dios.

Romanos 8:29

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”.

El plan de Dios para aquellos que escuchan Su voz y le siguen; es que hemos sido predestinados para ser conformados a la imagen de Jesucristo. Dios no predestina a unos para condenación y a otros para salvación. Para aquellos que rinden sus vidas al señorío de Jesucristo, y no solo creen en Él intelectualmente, Dios ha predestinado el proceso para que alcancen la madurez espiritual y lleguen a ser conformados a la imagen del Hijo de Dios.

Dios nos da a elegir el destino, Dios pone delante de nosotros el camino de la vida y de la muerte, el camino de la bendición o la maldición y para que escojamos medio del libre albedrío (Dt. 30:19). Lo que no es elegible es el proceso de transformación que Dios utilizará para llevarnos a la gloria. Las aflicciones, adversidades, y dificultades que nos forman son elegidas por Dios. El hombre no puede escoger Su cruz, puede escoger tomarla o no, pero es Dios quien diseña nuestra cruz. La parte del hombre es tomarla, la parte del hombre es negarse a sí mismo cada día tomar su propia cruz y seguir a Cristo (Mt. 16:24).

13. Para hacernos parte de Su iglesia gloriosa sin mancha ni arruga.

Efesios 5:27

“A fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”.

Los cristianos que serán la iglesia gloriosa son aquellos que permitieron que el Espíritu Santo quitara de sus vidas toda mancha y arruga, que representa el pecado y la inmadurez espiritual. Los cristianos que serán la esposa del Cordero son aquellos que dejaron todo pecado y toda inmadurez y llegaron a ser como Él, santos y sin mancha, llegaron a ser el producto terminado de Dios.

14. Para capacitarnos para alcanzar al monte de Sion Espiritual.

Hebreos 12:22

“Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles”

El monte de Sion representa alcanzar la gloria de Dios y ser la morada de Dios, Su habitación (Sal. 132:13-14). Alcanzar el monte de Sion espiritual es sinónimo de alcanzar la gloria de Dios, la medida del varón perfecto, la estatura de la plenitud de Cristo (Ef. 4:13). El monte de Sion es el lugar más exaltado en el cielo (Ap. 14:1-5) y será el más exaltado en la Tierra cuando el Señor Jesucristo reine sobre todas las naciones (Is. 2:3).

15. Para hacernos parte de la congregación de los primogénitos.

Hebreos 12:23

“A la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos”

La congregación de los primogénitos está formada por todos aquellos creyentes santos que alcanzaron la madurez espiritual. Ellos dejaron de ser niños espirituales, dejaron de ser jóvenes espirituales y llegaron a la madurez espiritual, ellos llegaron a ser padres espirituales. Fueron llamados, escogidos y fieles por ello calificaron para andar con el Cordero de Dios (Ap. 17:14), ellos son los que llegan a ser la Esposa del Cordero.

16. Para llamarnos a alcanzar una misma esperanza.

Efesios 4:4

“Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación”

Así como Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad (1Ti. 2:4), así también mediante su sacrificio, todos hemos sido llamados a una misma esperanza de la vocación celestial. Es el deseo de Dios que todos los que creen en Él lleguen a ser uno con Él, como el Padre y el Hijo son uno, perfectos en unidad, que todos lleguemos a ser uno (Jn. 17:20-23).

Aquellos que alcancen el monte de Sion espiritual son los que llegarán a ser uno con Él y por ello tienen el nombre del Padre y del Hijo en sus frentes, ellos llegarán a ser perfectos, santos, y sin mancha delante de Dios (Ap. 14:1-5).

17. Para que podamos alcanzar el Supremo Llamamiento.

Filipenses 3:13-14

“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”

El supremo llamamiento no es ser salvo, el supremo llamamiento es ganar a Cristo (Fil. 3:8); es ser conformados a la imagen del Hijo de Dios (Ro. 8:28); es llegar a ser reyes y sacerdotes para reinar con Cristo por la eternidad (Ap. 5:10); es llegar a ser la iglesia gloriosa sin mancha ni arruga (Ef. 5:27); es ser la esposa el Cordero que se ha preparado (Ap. 19:7).

18. Para sentarnos en el trono con Jesús.

Apocalipsis 3:21

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”

Aquellos que venzan al mundo, a la carne y al diablo como lo hizo nuestro Señor Jesús. se sentarán para reinar sobre las naciones con Él (Ap. 2:26-27).

19. Para trasladarnos del reino de las tinieblas al reino de la luz.

Colosenses 1:13

“El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo”

Por medio el nuevo nacimiento somos trasladados del reino de las tinieblas al reino del amado Hijo de Dios. Gracias al nuevo nacimiento podemos entrar y ver el reino de Dios (Jn. 3:3,5). Estábamos muertos en delitos y pecados pero al ser salvos por medio del nuevo nacimiento recibimos vida y por Su gracia podemos continuar creciendo espiritualmente para poder recibir la vida abundante de Dios que es Su naturaleza y plenitud.

20. Para convertirnos de las tinieblas a la luz.

Hechos 26:18

“Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados”

El evangelio de nuestro Señor Jesús no es solamente creer en Cristo, es necesario dejar de caminar en las tinieblas del pecado para caminar en la luz de la obediencia a la Palabra de Dios.

21. Para convertirnos de la potestad de Satanás a la de Dios.

Hechos 26:18

“Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados”.

Además de creer en Jesucristo es necesario vivir bajo Su señorío, dejar de vivir bajo la autoridad e influencia satánica y pasar a ser dirigido por el Espíritu Santo y vivir bajo la autoridad divina en sumisión y obediencia a la Palabra de Dios.

22. Para recibir por la fe, perdón de pecados.

Hechos 26:18

“Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados”

El perdón de pecados se recibe por medio de la fe, es decir; el hombre no puede recibir perdón a menos que Dios le dé la fe para ser perdonado. La fe es un don divino que Dios da a aquel que cree a Su Palabra y teme a Su nombre. Los demonios creen en Dios pero no viven bajo el señorío de Dios.

23. Para recibir herencia entre los santificados.

Hechos 26:18

“Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados”

La herencia para los santos es doble: Cristo es nuestra herencia, y también las naciones. Ganar a Cristo es diferente a ser salvo. Ganamos a Cristo cuando Su carácter es formado en nosotros y alcanzamos el premio del supremo llamamiento que es Cristo en nosotros la esperanza de gloria. Cuando alguien alcanza la madurez espiritual y es conformado a la imagen del Hijo de Dios en su vida, y es hallado en Cristo no por su propia justicia sino por la fe, entonces ha ganado a Cristo. Ganamos a Cristo cuando alcanzamos la medida del varón perfecto, la estatura de la plenitud de Cristo.

También nuestra herencia está formada por todas aquellas personas que llevamos al reino y les ayudamos a crecer espiritualmente para alcanzar el premio del supremo llamamiento de Dios. Nuestro trabajo no debe ser solamente predicar el evangelio para que las personas sean salvas; así como Pablo, debemos luchar y trabajar para que todo hombre sea presentado perfecto en Cristo Jesús.

24. Para heredar todas las cosas.

Apocalipsis 21:7

“El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”
Los vencedores son aquellos que heredarán todas las cosas. La salvación es el inicio de la carrera, el evangelio de nuestro Señor Jesucristo nos quiere preparar para vencer al mundo, al diablo y a nuestra carne. Aquel que viva para hacer la voluntad de Dios y sea fiel a todo lo que Dios le mandó heredará todas las cosas.

25. Para permitirnos ganar a Cristo.

Filipenses 3:8

“Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”

Para ganar a Cristo no solo es necesario creer en Él, hay que dejarlo todo por Él. Aquellos que crean en Cristo y se arrepientan de sus pecados serán salvos; pero aquellos que dejen todo por Cristo como Abraham, ellos ganarán a Cristo, Cristo Jesús será su galardón.

26. Para concedernos conocerle.

Filipenses 3:10

“A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte”

Somos salvos para conocerle, esta es la manera de ser transformados a Su imagen y semejanza, por medio del conocimiento que adquiramos de Él. Seremos conformados a Su imagen en la medida que le conozcamos. La naturaleza de Dios que se nos sea revelada, será la naturaleza de Dios que se nos será impartida. Aquellos que aman, aman porque han conocido a Dios, que es amor.

27. Para que podamos experimentar el poder de resurrección.

Filipenses 3:10

“A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte”

Cuando morimos a nuestro ego, a nuestra voluntad, experimentaremos el poder de Su resurrección y podremos disfrutar la vida resucitada de Cristo en nosotros. El poder de resurrección levantará nuestros cuerpos sin corrupción, pero este poder también está disponible no solo para vivificar nuestro cuerpo sino también nuestra alma.

28. Para hacernos partícipes de Sus padecimientos.

Filipenses 3:10

“a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte”

Gracias a la muerte de Cristo, ahora Su iglesia somos Su cuerpo (Ef. 1:23); y como cuerpo de Cristo al igual que Él padeció por nuestros pecados, así nosotros padeceremos aflicciones, adversidades y tribulaciones a fin de cumplir el propósito de Dios en nuestra vida y en la vida de otros.

29. Para hacernos semejantes a Él en Su muerte.

Filipenses 3:10

“A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte”

Todos somos llamados a morir en la cruz con Cristo Jesús, es por ello que tomamos nuestra cruz cada día y le seguimos. Nuestra meta es ser crucificados con Cristo de manera espiritual para que ya no vivamos nosotros sino Cristo en nosotros. Es la vida crucificada la que tiene poder sobre el pecado, los creyentes que han sido crucificados son los que reciben el poder para vencer a sus enemigos y conquistar la herencia que Dios ha determinado para sus vidas.

30. Para calificarnos para resucitar en la primera resurrección.

Apocalipsis 20:6

“Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”

La primera resurrección es para los vencedores, es para aquellos que alcanzaron la madurez espiritual y fueron hechos reyes y sacerdotes, estos reinarán con Cristo mil años. Todos aquellos que no maduraron espiritualmente serán salvos, pero resucitarán hasta después del milenio, en la segunda resurrección. La primera resurrección que es llamada la mejor resurrección es para aquellos que padecieron juntamente con Cristo, y juntamente con Cristo serán glorificados y reinarán con Él como vencedores.

31. Para hacernos justos.

2 Corintios 5:21

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”

Por medio del nuevo nacimiento, gracias a que Jesucristo se hizo pecado por nosotros, somos hechos justos delante de Dios; nuestro espíritu que estaba muerto en delitos y pecados, al recibir el Espíritu Santo, recibió la vida de Dios y la justicia de Dios se nos fue imputada, concediéndonos ser participantes de la naturaleza de Dios. Nuestro espíritu que estaba muerto para Dios recibe ahora la vida de Dios, recibe la justicia de Dios y por ello somos contados justos delante de Su presencia.

Para poder ser justos en nuestros espíritus tuvimos que experimentar el nuevo nacimiento, que es la experiencia que tuvimos cuando Dios nos envió Su arrepentimiento y fuimos engendrados por Él, por medio del Espíritu Santo.

32. Para redimirnos de la maldición de la ley.

Gálatas 3:13

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)”

La maldición por causa del pecado es triple: la muerte de nuestro espíritu; la confusión de nuestra alma, que incluye angustias y todo tipo de problemas emocionales; y la corrupción de nuestro cuerpo que conlleva enfermedades y finalmente la muerte física.

Al ser redimidos de la maldición de la ley en nuestro espíritu, podemos nacer de nuevo, recibir Su naturaleza y poder perfeccionar nuestros espíritus hasta alcanzar la madurez de Cristo Jesús. En nuestra alma podemos ser renovados y experimentar Su buena voluntad, agradable y perfecta experimentando la paz, el gozo y la sanidad total de nuestra alma librándonos de todo tipo de angustia. En nuestro cuerpo también seremos redimidos cuando en la resurrección recibamos un cuerpo glorificado libre de toda corrupción.

33. Para que la bendición de Abraham nos alcanzase.

Gálatas 3:14

“Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu”

Gracias a Cristo Jesús somos simiente de Abraham y conforme a la promesa los herederos (Gá. 3:29); por tanto, las promesas de heredar nuestra tierra prometida espiritual, y alcanzar el monte de Sion espiritual es para nosotros, como también llegar a ser reyes y sacerdotes, porque estas promesas fueron hechas a Abraham (Gn.17:6,8).

34. Para que no vivamos para nosotros mismos.

2 Corintios 5:15

“ y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos”

Así como Cristo Jesús no vino para hacer Su propia voluntad; de igual manera, nosotros hemos sido salvos por la muerte de Cristo para hacer Su voluntad y no la nuestra, para vivir para aquel que murió y resucitó por nosotros.

35. Para que vivamos para Cristo.

Filipenses 1:21

“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”.

El propósito y realización de nuestra vida la encontraremos al vivir para Cristo Jesús, porque Él es la vida. En la medida que vivimos para amarle y complacerle, en esa medida encontramos la plenitud de gozo y el deleite en Dios, porque en Su presencia hay plenitud de gozo.

36. Para hacernos herederos de la promesa hecha a Abraham.

Gálatas 3:29

“Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”

Abraham, el Padre de la fe, fue el camino que Dios utilizó para bendecirnos en Cristo Jesús. Cristo Jesús es la simiente de Abraham, en quien todas las familias de la tierra serán bendecidas. Cristo Jesús por Su gracia, a través de la fe, nos hace hijos de Abraham; y ahora por Su misericordia también somos participantes de Sus promesas y bendiciones, al hacernos parte de la familia en la fe.

37. Para que lleguemos a ser uno con el Padre.

Juan 17:20-21

“Más no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste”.

Esta es la meta de todo creyente, este es el propósito de Dios para toda Su iglesia, llegar a ser uno con Él. Llegaremos a ser uno con Él cuando seamos conformados a la imagen del Hijo de Dios y alcancemos la medida del varón perfecto, la estatura de la plenitud de Cristo, entonces seremos uno con el Padre y con el Hijo.

38. Para que podamos glorificarle en cuerpo y Espíritu.

1 Corintios 6:20

“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

No nos pertenecemos. Por la sangre de Cristo hemos sido comprados por precio para ser libres del pecado, pero ahora es necesario glorificar al Padre con nuestro espíritu y con nuestro cuerpo; los cuales le pertenecen por haber pagado tan alto precio con el sacrificio de Su unigénito Hijo.

39. Para ser templos de Dios.

1 Corintios 3:16

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

Hoy en la gracia tenemos el privilegio de ser hechos hijos de Dios, y nos volvemos templos del Espíritu Santo al nacer de nuevo, por haber sido engendrados por el Espíritu Santo. Ahora el Espíritu Santo esta en nosotros para guiarnos a toda verdad, y para que podamos llegar a ser moradas de la plenitud de Dios (Ef. 3:19).

40. Para que podamos nacer de nuevo.

Juan 3:3

“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.

Solo la sangre de Cristo pura, santa y perfecta, tiene el poder de hacernos nacer de nuevo. Ninguna buena obra tiene el poder de cambiar la naturaleza de ira de un pecador, solo la sangre de Cristo puede hacerlo. Nuestros pecados solo pueden ser lavados y limpiados por medio de la sangre de Cristo. Es por medio del nuevo nacimiento que entramos y vemos el reino de Dios. Aquel que está muerto en sus delitos y pecados, todavía permanece en el reino de las tinieblas, y solo puede ser trasladado al reino de Jesucristo, por el poder del Espíritu Santo, por medio del nuevo nacimiento.

41. Para hacernos nuevas criaturas.

2 Corintios 5:17
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

Por la gracia de Dios, al nacer de nuevo, Cristo Jesús nace en nosotros y Él se vuelve nuestra esperanza de gloria. Cristo Jesús es la nueva criatura que nace en todo recién convertido que ha sido engendrando por el Espíritu Santo. Cada uno de aquellos que creen al evangelio, se vuelven pesebres donde el Hijo de Dios nace para hacerles parte de la familia de Dios.

42. Pasa llevarnos a Dios.

1Pedro 3:18

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;
El hombre fue separado de Dios por causa del pecado, pero gracias al sacrificio de Cristo Jesús podemos ser hechos hijos de Dios, y somos adoptados en la familia de Dios nuestro amado Padre celestial.

43. Para que padezcamos por Él.

Filipenses 1:29

“Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él”,

Cristo Jesús es nuestro ejemplo, Él no solo es nuestro Salvador y Señor, también en nuestra meta y propósito a alcanzar. Por ello, al ser conformados a Su imagen y semejanza, también padeceremos siguiendo Su ejemplo y Sus pisadas. El evangelio de nuestro Señor Jesucristo no solo es creer en Cristo Jesús, sino también padecer por Él; tanto para poder alcanzar el propósito de Dios para nuestras vidas, como también para llevar a muchos hijos a la gloria, tal como lo hizo nuestro Señor.

44. Para que seamos transformados de gloria en gloria.

2 Corintios 3:18

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

El propósito de Dios para todo creyente es que alcance la gloria de nuestro Señor Jesucristo, por medio del Espíritu Santo seremos transformados de gloria en gloría hasta alcanzar la medida del varón perfecto, la estatura de la plenitud de Cristo. Iremos de gloria en gloria hasta ver a Dios en Sion (Sal. 84:7).

45. Para hacernos reyes y sacerdotes.

Apocalipsis 5:10

“…. y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.
Dios está preparando a aquellos que han de ser los reyes y sacerdotes que reinarán con Jesucristo en las naciones durante el reino milenial y por la eternidad. Aquellos que venzan al mundo, al diablo y a la carne como nuestro Señor Jesús, recibirán autoridad para reinar sobre las naciones.

46. Para introducirnos en el monte de Su heredad.

Éxodo 15:17
“Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, En el lugar de tu morada, que tú has preparado, oh Jehová, En el santuario que tus manos, oh Jehová, han afirmado”.

El propósito de Dios para Su pueblo es llevarnos al monte de Su heredad, Sion, para habitar en medio de Su pueblo. El propósito de Dios para cada creyente es transformarlo para que pueda habitar con nuestro Dios en el monte de Sion y llegar a ser una morada o templo para Él. Dios quiere que lleguemos a morar con Él en el lugar santísimo en donde habita la presencia de Dios.

47. Para dar buenas nuevas a los pobres.

Lucas 4:18

“El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos”;

El Evangelio de nuestro Señor Jesús es para los necesitados, así como los sanos no tienen necesidad de médico, el Señor Jesús no vino a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento, el vino a predicar el evangelio no a hombres ricos y pudientes, sino a pobres y necesitados, el escogió a lo vil del mundo, a lo menospreciado; a lo que no es, para deshacer lo que es (1 Co. 1:28).

48. Para sanar a los quebrantados de corazón.

Lucas 4:18

“El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos”;

Nuestro Señor tiene el poder de sanar nuestra alma de cualquier herida hecha por ofensas o por cualquier causa, Él puede librarnos de cualquier sentimiento nocivo y de cualquier actitud incorrecta. El nuevo pacto nos ofrece un nuevo corazón, libre de ataduras y conflictos.

49. Para dar pregonar a los cautivos libertad.

Lucas 4:18

“El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos;

Por la gracia de Dios, y gracias a la sangre de Cristo, podemos ser libres de toda atadura y de toda adicción. Dios tiene el poder de liberarnos de cualquier tipo de esclavitud, para que podamos servirle y glorificarle. Todo yugo en nuestra vida puede ser podrido por causa de la unción de Dios.

50. Para dar vista a los ciegos.

Lucas 4:18

“El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos”;

Dios quiere abrir nuestros ojos espirituales para que podamos ver sus planes y propósitos eternos. Aunque el Señor también tiene el poder de abrir los ojos de los cielos naturales, hay más ciegos naturales, que espirituales. El hombre sin Cristo está ciego a las verdades eternas; y mucho pueblo de Dios hoy en día desconoce muchos misterios de Dios, como el misterio escondido y el misterio de la piedad.

51. Para poner en libertad a los oprimidos.

Lucas 4:18

“El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos”;

El Señor quiere que seamos libres de toda opresión y experimentemos Su paz. Jesús hace el llamado a todos los trabajados y cansados, para hacerlos descansar. Él es el reposo que nuestra alma necesita.

52. Para predicar el año agradable del Señor.

Lucas 4:19

“A predicar el año agradable del Señor”.

Estamos en la época maravillosa de la gracia en donde Dios quiere revelar su favor y bendición, es tiempo de misericordia y bondad. Sin embargo, se acerca el día del juicio, el día de la venganza de nuestro Dios, en donde Él juzgará el pecado del mundo, por ello debemos aprovechar este tiempo de gracia para prepararnos diligentemente para el día del juicio y poder estar en pie delante del Hijo del hombre.

53. Para ir de aumento en aumento.

Proverbios 4:18

“Más la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto”.

Por la gracia de Dios la caminata del cristiano debe ir de gloria en gloria, esto significa ir creciendo espiritualmente hasta alcanzar la perfección en Cristo Jesús. Comenzamos como niños espirituales en Cristo pero debemos llegar a ser Su iglesia gloriosa sin mancha y madura, perfecta en Cristo Jesús.

54. Para convertirnos en un linaje escogido.

1 Pedro 2:9

Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

Dios anda buscando una descendencia (Mal. 2:15), hijos a Su imagen y semejanza. Nosotros queremos ser esa descendencia, hijos maduros que busquen y sean capaces de agradarle y complacerle. No queremos ser conformados a este mundo, sino conformados a la imagen del Hijo de Dios.

55. Para convertirnos en un real sacerdocio.

1 Pedro 2:9

Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

Gracias a Cristo Jesús podemos ser reyes y sacerdotes según el orden de Melquisedec. ¡Qué privilegio nos otorga el nuevo pacto! porque podemos ser sacerdotes que ministren delante del Señor sin velo, como lo hizo David en el Tabernáculo de David. Por su muerte sacrificial podemos ser sacerdotes con vidas crucificadas, que al igual que nuestro amado Señor vivamos para hacer la voluntad de Dios y no nuestra propia voluntad.

56. Para hacernos un pueblo adquirido.

1 Pedro 2:9

Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

Ahora por la sangre de Cristo somos conciudadanos con los santos, somos Su pueblo, un pueblo adquirido a precio de sangre, que desea ser de bendición a las naciones y cumplir los propósitos eternos de Dios en el mundo entero. El pueblo de Dios busca establecer el reino de Dios en cada tribu, pueblo, lengua y nación a fin de que la gloria de Dios alcance a todas las naciones.

57. Para enviarnos a anunciar las virtudes de nuestro Dios.

1 Pedro 2:9

Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

Es nuestra responsabilidad el presionar hasta llegar al lugar santísimo, para conocer a Dios personalmente, y luego anunciar sus virtudes en todas las naciones por medio del cumplimiento de la gran comisión.

58. Para que vivamos a la justicia

1Pe 2:24

… quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.

La carne no puede ni quiere sujetarse a la ley de Dios; pero la gracia de Dios nos da el poder para cumplir la ley, y vivir en justicia y santidad. Lo que era imposible para la ley fue y es posible por la gracia de Dios.

59. Para ser sanarnos.

1Pe 2:24

… quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.

Nuestro Señor llevó nuestros dolores y enfermedades, por ello la sanidad es parte del nuevo pacto, ser sanos es posible por medio de la fe. Es necesario pelear la batalla de la fe para recibir lo que Cristo Jesús ganó gracias a Su sacrificio en la cruz del calvario.

60. Para consolarnos de todas nuestras tribulaciones.

2 Corintios 3-4

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.

No podemos evitar las aflicciones y adversidades, no estamos exentos de angustias y calamidades; sin embargo, sí podemos recibir la gracia de Dios para ser consolados, y de esta manera consolar a aquellos que estén pasando por una situación similar a la nuestra, conforme a la gracia con que nosotros hemos sido consolados.

61. Para que ahora podamos alcanzar gracia y misericordia para el oportuno socorro.

Hebreos 4:16

Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

La gracia se nos es ofrecida para tiempos de necesidad. Nuestro Señor es poderoso para socorrer a los que son tentados porque Él fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. El trono de gracia ofrece misericordia y gracia para el oportuno socorro, por ello debemos buscar a Dios en nuestra necesidad y no poner nuestra confianza en nada ni en nadie más.

62. Para que alcancemos la unidad de la fe.

Efesios 4:13

… hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;

Es el deseo de Dios que Su iglesia alcance madurez, y que todos lleguemos a la unidad de la fe. En los últimos tiempos la iglesia del Señor alcanzará madurez para llegar a ser la iglesia gloriosa sin mancha ni arruga, también alcanzará la unidad de la fe.

63. Para que alcancemos el conocimiento del Hijo de Dios.

Efesios 4:13

… hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;

No solo debemos conocer a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, es necesario conocer la excelencia de Su conocimiento. Necesitamos conocerlo como abogado, rey, sacerdote, juez, hermano mayor, como el primogénito de toda creación, como el Dios fuerte, el príncipe de Paz, como el Dios todopoderoso, como Jehová, en fin… conocerle íntimamente y no solo superficialmente.

64. Para que lleguemos a ser un varón perfecto.

Efesios 4:13

… hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;

Nuestra meta y modelo es Cristo Jesús, no debemos de conformarnos con menos, nuestra meta es llegar a ser como el varón perfecto, Cristo Jesús. Debemos confiar que aquel que comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.

65. Para concedernos la oportunidad de alcanzar la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

Efesios 4:13

… hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;

Cuando nacemos de nuevo nos volvemos niños en Cristo, pero nuestra meta es desarrollarnos espiritualmente y dejar de ser niños, hasta alcanzar la plenitud de Cristo. No debemos conformarnos solo con la vida de Cristo que hemos recibido, debemos proseguir y presionar hasta alcanzar la vida en abundancia que nos habla de Su carácter desarrollado, es decir alcanzar la plenitud de Su carácter en nosotros.

66. Para hacernos participantes de Su naturaleza divina.

2Pedro 1:4

Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;

Por virtud del nuevo nacimiento recibimos la naturaleza de Dios, y se nos hace participantes de ella, en esa experiencia espiritual recibimos Su simiente, es por eso que podemos ser santos como Él es santo, porque el Espíritu Santo nos impartió Su naturaleza por medio de ser engendrados el día que nacimos de nuevo.

67. Para darnos vida.

Juan 10:10

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

El hombre sin Cristo está muerto espiritualmente, aun cuando esté vivo en la carne. Él nos vino a dar vida, Su vida entró en nuestro Espíritu cuando Dios nos dio la fe para poder ser salvos. Cada creyente que ha nacido de nuevo tiene la naturaleza de Dios en él, por ello es que Cristo en nosotros es la esperanza de gloria. Sin el nuevo nacimiento sería imposible llegar a ser conformados a Su imagen y semejanza, porque es hasta en el nuevo nacimiento que recibimos Su vida.

68. Para darnos vida en abundancia.

Juan 10:10

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

La vida abundante de Dios no necesariamente se refiere a prosperidad material. La vida abundante se refiere a la abundancia de Su naturaleza en nosotros; fe, virtud, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor. Cuando el hombre madura en todas estas áreas es cuando el hombre entra a la vida en abundancia de Dios.

El fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. La vida abundante es el fruto del Espíritu desarrollado en nosotros. Cuando desarrollemos el fruto del Espíritu en nuestra vida, experimentaremos la vida abundante de Dios.

69. Para librarnos de la ira.

Romanos 5:9

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.
La sangre de Cristo limpia de todo pecado a aquel que camina en la luz de Dios y tiene comunión con sus hermanos (1Jn. 1:7). Aquel que camina en la luz de la Palabra de Dios que ha recibido será librado de la ira de Dios por la sangre de Jesucristo. Nadie que practica el pecado podrá librarse del juicio de Dios.

70. Para que no perezcamos.

Juan 3:16

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Jesús vino a salvar al mundo porque todos estábamos bajo condenación por causa del pecado heredado, y causa de nuestros propios pecados. El hombre no necesita hacer nada para condenarse, ya está condenado, pero el amor de Dios fue tan grande que envió a Su Hijo unigénito para librarnos de condenación.

71. Para bendecirnos.

Efesios 1:3

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual

Gracias a Cristo Jesús y a Su sacrificio hemos sido bendecidos con toda bendición espiritual, pero para hacer reales en nuestras vidas estas bendiciones debemos de traerlas a existencia por medio de la fe. Es por medio de la fe que recibimos las bendiciones que Cristo Jesús obtuvo para nosotros en la cruz del calvario.

72. Para ser aceptos.

Efesios 1:6

…para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,
La única manera para ser aceptos delante del Padre, es por medio del sacrificio de Cristo Jesús, el pecado nos separa de Dios y solo la sangre de Cristo tiene el poder de limpiarnos y hacernos hijos de Dios. Jesucristo es el único camino para llegar al Padre (Jn. 14:6). No hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos (Hch. 4:12).

Solamente podemos tener acceso al Padre por la sangre de Cristo, debido a que nuestros pecados nos separan de Dios (Is. 59:2). Debido a esto para poder llegar a ser hechos hijos de Dios es necesario creer en el nombre de Jesús y recibirle como nuestro Señor y Salvador (Jn. 1:12).

73. Para reconciliar las cosas que están en la tierra y en los cielos.

Colosenses 1:20

…y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.

La sangre de Jesucristo limpio los cielos de la rebelión de Satanás y también limpio nuestros pecados para poder ser participes de Su gran salvación. Dios no extendió Su misericordia a los ángeles que pecaron ni al diablo, pero en Su bondad extendió Su misericordia a la descendencia de Abraham.

Nuestro Señor Jesucristo no solo vino a morir por la humanidad, también vino para reivindicar al Padre de la acusación maligna ante su expulsión del cielo. La reconciliación de las cosas que están en los cielos como en la tierra incluyen dos propósitos principales: primeramente Jesús vino para revelar al Padre y segundo vino para morir por los injustos y pecadores para llevarnos a Dios.

74. Para que podamos tener comunión con Él.

1 Corintios 1:9

Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.

Es el deseo de nuestro Dios que tengamos comunión con Su Hijo Jesucristo. Somos llamados a tener una relación de amor y amistad con Él. Dios no solo quiere que creamos en Jesucristo, sino que tengamos una relación personal con Él, Dios quiere que le conozcamos íntimamente y no solo superficialmente.

75. Para dar mucho fruto.

Juan 15:8

En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.
Dios se goza en que creamos en Cristo y que por Su gracia lleguemos a ser hijos de Dios, pero Su gozo es mayor si damos mucho fruto, y alcanzamos la madurez espiritual que Él desea, porque solo así podremos cumplir con todos sus propósitos para nuestras vidas.
Dios se compara con el agricultor que aunque se alegra al ver nacer la planta que sembró, su gozo es mayor, cuando la ve crecer, alcanzar madurez, y producir el fruto deseado.

76. Para glorificar al Padre.

Juan 15:8

En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.
El Padre es glorificado al revelar a Cristo en nosotros. Cristo es el fruto del Espíritu que el Padre quiere desarrollar en nuestra vida. La Palabra nos habla de: hierba, que corresponde a los niños espirituales; espiga, que corresponde a los jóvenes espirituales; y después grano lleno en la espiga, que corresponde a padres espirituales (Mr. 4:28). Es por ello que el Señor no solo vino a darnos vida, Él vino a darnos vida en abundancia y Su vida abundante en nuestra vida, es el fruto que glorifica al Padre. Sus hijos maduros dan mayor gozo al Padre que los niños en Cristo.

77. Para ser enriquecidos.

2 Corintios 8:9

Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.

Sin Cristo estábamos muertos en delitos y pecados, y aun estando muertos, por Su gracia, por Su mucho amor con que nos amó, nos dio vida juntamente con Cristo, y nos hizo sentar en lugares celestiales con Cristo. Ahora al ser sus hijos, sus riquezas en gloria están disponibles para nosotros por medio de la fe, hemos sido grandemente enriquecidos.

78. Para que la bendición de Abraham fuese para nosotros.

Gálatas 3:14

…para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu
Por la sangre de Cristo ahora pertenecemos a la familia de Dios y somos herederos de sus promesas. En Cristo Jesús somos benditos con el creyente Abraham y por medio de la fe podemos recibir en Cristo Jesús todas sus bendiciones.

79. Para gloria suya.

Isaías 43:7

… todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.

Hemos sido creados por Dios, para Dios. Todo lo que somos y tenemos, todo lo hemos de ser, y tener, para Su gloria y honra; porque por Él, de Él y para Él son todas las cosas. Dios nos creó para Su gloria pero por causa del pecado fuimos separados del propósito de Dios, pero gracias al sacrificio de Cristo Jesús, hemos sido comprados a un altísimo precio, por ello debemos glorificar a Dios con nuestro cuerpo y Espíritu los cuales son de Dios.

80. Para que podamos vivir para alabanza de la gloria de Su gracia.

Efesios 1:6

… para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado

Por la misericordia de Dios no recibimos lo que merecemos, y por Su gracia recibimos lo que no merecemos. Hemos sido creados para glorificar o mostrar la naturaleza de Dios. Hemos sido creados para glorificar su bondad, amor, misericordia, justicia, etc. Las cuales son reveladas a nuestra vida por medio de Su gracia.

81. Para cumplir la justicia de la ley.

Romanos 8:4

… para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

La carne no puede sujetarse a la ley de Dios ni tampoco puede, pero la gracia de Dios por medio del nuevo nacimiento nos permite andar en el Espíritu para que podamos cumplir la ley. La gracia de Dios es el favor divino que nos capacita para hacer Su voluntad.

82. Para poder agradar a Dios.

Hebreos 11:6

Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

El único medio para agradar a Dios es la fe. El sacrificio de Cristo nos abrió la puerta de Dios para poder recibir Su gracia por medio de la fe. Agradarle es posible cuando Dios nos da Su fe para hacerlo. Dios es el único que puede hacernos aptos para hacer Su voluntad, Él hace en nosotros lo que es agradable por Jesucristo Señor nuestro (He. 13:21).

83. Para que podamos hacer las obras preparadas de antemano.

Efesios 2:10

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Dios ha preparado un plan para nuestra vida, hay obras que Dios quiere que realicemos que han sido preparadas de antemano para que nosotros las llevemos a cabo. Nuestra tarea es inquirir delante del Señor y descubrir el plan de Dios para nuestra vida y someternos a Él, para glorificarle haciendo las obras que Él determinó para nosotros, antes de la fundación del mundo.

84. Para hacernos nuevas criaturas.

2 Corintios 5:17

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

El nuevo nacimiento nos permite ser nuevas criaturas en Cristo Jesús, cada uno de nosotros debe descubrir Su llamado, que parte del miembro del cuerpo es, porque hemos sido creado con propósitos eternos y somos parte del plan de Dios para establecer Su reino en la tierra.

85. Para ser luz del mundo.

Mateo 5:14

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

Al igual que nuestro Señor Jesús somos la luz del mundo, nuestra misión es ayudar a aquellos que están en obscuridad para que encuentren el camino hacia Dios y puedan dirigirse hacia el cumplimiento del propósito de Dios para sus vidas. Nuestra meta debe ser llevar a otros al nivel de gloria que Dios por Su gracia nos ha permitido alcanzar.

86. Para ser la sal de la tierra.

Mateo 5:13

Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.

Los cristianos que viven en justicia y verdad son los que preservan a esta tierra. El juicio de Dios es inevitable para el que camina en inmoralidad e iniquidad. Diez justos hubieran salvado a Sodoma y a Gomorra, pero lamentablemente no se encontraron en la ciudad ni siquiera diez justos. Es la voluntad de Dios que por medio de la simiente de Abraham sean benditas todas las familias de la tierra, pero esto será una realidad en nuestra vida solamente si caminamos en santidad, justicia y verdad, de esta manera podremos ser instrumentos en las manos de Dios para bendecir a las naciones.

87. Para enviar el otro Consolador.

Juan 14:16

Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: para ser echada fuera y hollada por los hombres.

Gracias a que Jesucristo fue a interceder ante el Padre, ahora nosotros podemos recibir al Espíritu Santo, que es el Consolador enviado por el Padre para ayudarnos en nuestra tarea de establecer el reino de Dios en las naciones. No podemos evitar las aflicciones y adversidades en nuestra vida pero podemos recibir el consuelo del Espíritu Santo, el cual nos capacitará para consolar a otros con la consolación que nosotros hemos recibido.

88. Para santificarnos.

1 Tesalonicenses 4:7

Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación.

Hemos sido llamados por Dios para separarnos del pecado, del mundo, de los deseos de nuestra carne, y de las tentaciones del diablo, para Dios. La santificación no es opcional, es un pre-requisito para poder entrar en el reino. Aquellos que practiquen el pecado y la maldad serán apartados de Dios e irán a condenación aun cuando ellos se llamen a sí mismos cristianos o siervos de Dios, no hay manera de salvarse para aquel que no quiera abandonar el pecado. El perdón de Cristo nos da la oportunidad de corregir nuestra vida y enmendar nuestras faltas, nos da la oportunidad de volver a Dios para vivir conforme a Su voluntad y no según nuestras pasiones incorrectas. Para ser salvos es necesario seguir la santidad sin la cual nadie verá al Señor.

89. Para que nosotros podamos conocer a Dios.

Juan 17:3

Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

La salvación es el inicio de la carrera, la meta es ser conformados a la imagen y semejanza de Dios, pero solamente seremos transformados en la medida que Dios se revele a nosotros. Somos transformados en la misma imagen como por el Espíritu del Señor, en la medida que Su gloria nos es revelada. Cuando Dios se revela a nosotros, Su carácter nos es impartido y llegamos a ser como Él. Somos transformados de gloria en gloria en la medida que le vamos conociendo.

90. Para llevarnos al Padre.

Juan 14:6

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Jesús es el camino al Padre, por ello necesitamos tener tres revelaciones de Jesucristo; como camino, para salvar a los pecadores; como verdad, que es Su Palabra, para guiarnos a Su santo monte y a sus moradas; y como vida, que es Su naturaleza, para ser conformados a Su imagen y semejanza, y cumplir el propósito de Dios para nuestra vida. No solo queremos entrar al reino, queremos tener una amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor Jesucristo (2 P.1:11). Nuestra meta es llegar al Padre, no la salvación, la meta es ser uno con Él, y esto lo logramos al ser conformados a la imagen y semejanza del Hijo de Dios.

91. Para mostrar las abundantes riquezas de Su gracia.

Efesios 2:7

… para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

Dios nos ha escogido para mostrar su abundante amor y gracia; de hecho, es la iglesia del Señor quien debe anunciar a los principados y potestades, la multiforme sabiduría de Dios (Ef. 3:10).

92. Para darnos la oportunidad de padecer juntamente con Él.

Filipenses 1:21

Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él,

Nuestro Señor Jesús fue perfeccionado por aflicciones para llevar mucho hijos a la gloria (He. 2:10). Para que el pueblo de Dios pueda entrar al reino de Dios, será necesario que atraviese muchas tribulaciones (Hch. 14:22). Así como nuestro Señor Jesús padeció por nosotros, de igual manera hemos de padecer también nosotros por Su cuerpo, que es la iglesia (Col. 1:24). También hemos de padecer para ayudar a que muchos hijos de Dios puedan llegar a la gloria, y sean presentados perfectos delante del Señor (Col. 1:28).

93. Para poder socorrernos en nuestras tentaciones.

Hebreos 2:18

Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.

Nuestro Señor Jesús fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin cometer pecado; por ello, Él puede socorrer a aquellos que son tentados, porque Él fue participante de las mismas aflicciones. No tenemos por qué ceder a las tentaciones, podemos clamar por ayuda y socorro; y el Señor con Su poder puede darnos la salida en los momentos de tentación para que no pequemos contra Él. Él es poderoso para guardarnos sin caída y presentarnos puros y sin mancha delante de Él con gran alegría (Judas 1:24).

94. Para restaurar todas las cosas.

Hechos 3:21

A quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.

El pecado contaminó el cielo y la tierra, por ello Jesucristo vino a morir para reconciliar las cosas que están en los cielos, y en la tierra. Jesucristo va a regresar para restaurar todas las cosas en la tierra, por ello al reino milenial se le llamará: la regeneración, donde aún los animales volverán al orden de Dios y no harán más mal. Por un periodo de 1000 años la tierra experimentará un reino de paz antes que venga el juicio del gran trono blanco, que dará la entrada a la eternidad con cielos nuevos y nueva tierra.

95. Para deshacer las obras del diablo.

1 Juan 3:8

El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
El Señor Jesús vino para deshacer toda obra maligna, esto incluye: condenación, culpabilidad, intranquilidad, aturas demoníacas, opresiones de maldad, engaño, hipocresía, y todo tipo de pecado. Es por medio de Cristo Jesús, por el poder del Espíritu Santo, que es desecha toda obra de maldad para establecer el reino de Dios.

96. Para reivindicar al Padre.

Proverbios 27:11

Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón, y tendré qué responder al que me agravie.

Cuando Satanás fue expulsado del cielo por causa de su rebelión, acusó a Dios de no ser ni justo, ni misericordioso, por ello ante la acusación maligna, el Padre no se defendió, decidió enviar a Su Hijo Jesucristo a la tierra para revelarse a través de Él, y así mostrar a los ángeles y principados, la verdad; por ello, Jesucristo vino a revelar la verdad, Él fue la verdad encarnada. El misterio de la Piedad es que Dios fue manifestado en carne por medio de Jesucristo y así revelar por medio de sí mismo al Padre, por ello le dijo a Felipe: – el que me ha visto a mí, ha visto al Padre. Su misión en la tierra no solo era morir por la humanidad perdida, también era revelar al Padre.

97. Para cumplir la ley.

Mateo 5:17

No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.

Jesucristo vino para cumplir todo lo que estaba escrito acerca de Él, y también para obedecer toda la ley de Dios, Él no vino a abrogar la ley moral de Dios, los 10 mandamientos aún están en vigencia, la diferencia del nuevo pacto es que ahora estos están escritos no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, en el corazón.

98. Para darnos un nuevo pacto.

Lucas 20:22

De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.
Fue por Su sangre derramada que ahora tenemos la oportunidad de entrar a un nuevo pacto, por este nuevo pacto ahora ya no somos advenedizos sino conciudadanos con los santos, llegamos a ser parte de la familia de Dios.

99. Para hacernos descansar.

Mateo 18:28

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Solo Cristo Jesús nos puede hacer descansar, porque solo Su sangre tiene el poder de limpiarnos de nuestros pecados, y hacernos libres de toda atadura, condenación o culpabilidad. Solo el Señor Jesús nos puede librar de cualquier opresión y prisión. El que el Hijo de Dios libertare será verdaderamente libre (Jn. 8:36).

100. Para darnos paz.

Juan 14:27

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga

Solo Cristo Jesús nos puede dar Su paz. Por Su sacrificio en la cruz podemos estar en paz con Dios, al recibir el perdón de nuestros pecados, y podemos tener la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, al llegar a conocerle y confiar en Él.

Podemos tener paz debido a que nuestro Señor sufrió el castigo por nuestros pecados. No existe manera alguna de tener paz, a menos que Jesucristo perdone nuestros pecados. El pecado produce intranquilidad que no puede ser eliminada, excepto por la sangre de Cristo. Ciertamente no merecemos tener paz, pero por Su amor y misericordia está disponible para nosotros por medio de Su gracia (Is. 53:5)

100 Razones por las cuales Cristo Jesús murió

1. Para tener paz con Dios.
2. Para tener entrada a la gracia de Dios.
3. Para salvarnos por gracia por medio de la fe.
4. Para librarnos del presente siglo malo.
5. Para santificarnos por completo.
6. Para guardarnos sin caída y presentarnos sin mancha delante de Él.
7. Para hacernos santos y sin mancha delante de Él.
8. Para hacernos su Esposa.
9. Para capacitarnos para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
10. Para que podamos ser perfectos como nuestro Padre.
11. Para hacernos santos como Él es santo.
12. Para conformarnos a la imagen del Hijo de Dios.
13. Para hacernos parte de Su iglesia gloriosa sin mancha ni arruga.
14. Para capacitarnos para alcanzar al monte de Sion Espiritual.
15. Para hacernos parte de la congregación de los primogénitos.
16. Para llamarnos a alcanzar una misma esperanza.
17. Para que podamos alcanzar el Supremo Llamamiento.
18. Para sentarnos en el trono con Jesús.
19. Para trasladarnos del reino de las tinieblas al reino de la luz.
20. Para convertirnos de las tinieblas a la luz.
21. Para convertirnos de la potestad de Satanás a la de Dios.
22. Para recibir por la fe, perdón de pecados.
23. Para recibir herencia entre los santificados.
24. Para heredar todas las cosas.
25. Para permitirnos ganar a Cristo.
26. Para concedernos conocerle.
27. Para que podamos experimentar el poder de resurrección.
28. Para hacernos partícipes de Sus padecimientos.
29. Para hacernos semejantes a Él en Su muerte.
30. Para calificarnos para resucitar en la primera resurrección.
31. Para hacernos justos.
32. Para redimirnos de la maldición de la ley.
33. Para que la bendición de Abraham nos alcanzase.
34. Para que no vivamos para nosotros mismos.
35. Para que vivamos para Cristo.
36. Para hacernos herederos de la promesa hecha a Abraham.
37. Para que lleguemos a ser uno con el Padre.
38. Para que podamos glorificarle en cuerpo y Espíritu.
39. Para ser templos de Dios.
40. Para que podamos nacer de nuevo.
41. Para hacernos nuevas criaturas.
42. Pasa llevarnos a Dios.
43. Para que padezcamos por Él.
44. Para que seamos transformados de gloria en gloria.
45. Para hacernos reyes y sacerdotes.
46. Para introducirnos en el monte de Su heredad.
47. Para dar buenas nuevas a los pobres.
48. Para sanar a los quebrantados de corazón.
49. Para dar pregonar a los cautivos libertad.
50. Para dar vista a los ciegos.
51. Para poner en libertad a los oprimidos.
52. Para predicar el año agradable del Señor.
53. Para ir de aumento en aumento.
54. Para convertirnos en un linaje escogido.
55. Para convertirnos en un real sacerdocio.
56. Para hacernos un pueblo adquirido.
57. Para enviarnos a anunciar las virtudes de nuestro Dios.
58. Para que vivamos a la justicia
59. Para ser sanarnos.
60. Para consolarnos de todas nuestras tribulaciones.
61. Para que ahora podamos alcanzar gracia y misericordia para el oportuno socorro.
62. Para que alcancemos la unidad de la fe.
63. Para que alcancemos el conocimiento del Hijo de Dios.
64. Para que lleguemos a ser un varón perfecto.
65. Para concedernos la oportunidad de alcanzar la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.
66. Para hacernos participantes de Su naturaleza divina.
67. Para darnos vida.
68. Para darnos vida en abundancia.
69. Para librarnos de la ira.
70. Para que no perezcamos.
71. Para bendecirnos.
72. Para ser aceptos.
73. Para reconciliar las cosas que están en la tierra y en los cielos.
74. Para que podamos tener comunión con Él.
75. Para dar mucho fruto.
76. Para glorificar al Padre.
77. Para ser enriquecidos.
78. Para que la bendición de Abraham fuese para nosotros.
79. Para gloria suya.
80. Para que podamos vivir para alabanza de la gloria de Su gracia.
81. Para cumplir la justicia de la ley.
82. Para poder agradar a Dios.
83. Para que podamos hacer las obras preparadas de antemano.
84. Para hacernos nuevas criaturas.
85. Para ser luz del mundo.
86. Para ser la sal de la tierra.
87. Para enviar el otro Consolador.
88. Para santificarnos.
89. Para que nosotros podamos conocer a Dios.
90. Para llevarnos al Padre.
91. Para mostrar las abundantes riquezas de Su gracia.
92. Para darnos la oportunidad de padecer juntamente con Él.
93. Para poder socorrernos en nuestras tentaciones.
94. Para restaurar todas las cosas.
95. Para deshacer las obras del diablo.
96. Para reivindicar al Padre.
97. Para cumplir la ley.
98. Para darnos un nuevo pacto.
99. Para hacernos descansar.
100. Para darnos paz.

Que el Señor te bendiga grandemente

Tu siervo en Cristo Jesús

Rev. Raúl E. Aguilar F.

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