Tema 36: Entrad por la puerta angosta.

Aunque el Padre amó al mundo y envió a su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree no se pierda más tenga vida eterna (Juan 3:16), no todos van a ser salvos, porque no todos obedecen al evangelio (Romanos 10:15-16). Dios ha dado el libre albedrío al hombre y ha puesto delante de él, el camino de la bendición y la maldición, la vida o la muerte (Deuteronomio 30:19) pero es el hombre quien debe elegir cual tomar.

Dios quiere que todos los hombres sean salvos

Dios quiere que todos los hombres sean salvos (1ª Timoteo 2:4) y manda a todos que se arrepientan (Hechos 17:30-31), pero la decisión de seguir a Cristo es voluntaria. Dios no va a obligar a nadie a negarse a sí mismo y a tomar Su cruz cada día para seguirle, es personal y voluntario (Marcos 8:34). Aunque el sacrificio de Cristo fue la muestra de amor de Dios por los pecadores (Romanos 5:8), muchos van a rechazar a Cristo porque aman las obras de las tinieblas y aborrecen la luz, y no llegan a la luz porque no desean que sus obras sea reprendidas (Juan 3:19-20).

Dios no determina quien se salva y quien se condena

Dios no ha determinado quien se salva y quien se condena. Dios por su presciencia sabe de antemano quién creerá en Él y le seguirá (Juan 2:24-25) o quien será condenado. Cuando alguien cree en Jesucristo y le recibe como Su Señor y Salvador, su nombre es escrito en el libro de la vida (Lucas 10:20), pero cuando alguien habiendo creído en el Señor, se aparta del camino de justicia y santidad y se entrega al pecado, entonces corre el peligro de que su nombre sea borrado del libro de la vida (Éxodo 32:33).

Para ser salvos hay que creer y perseverar

Para ser salvos no solo es necesario creer en Jesucristo, porque aún los demonios creen y tiemblan (Santiago 2:19). Para ser salvos es necesario perseverar hasta el fin (Marcos 13:13), es necesario seguir la paz con todos y la santidad sin la cual nadie verá al Señor (Hebreos 12:14). Aquellos cristianos que habiendo nacido de nuevo retroceden del camino del evangelio y se apartan de Cristo irán a perdición (Hebreos 10:39).

Para no ser borrado del libro de la vida es necesario vencer (Apocalipsis 3:5). Aquellos que habiendo creído en Cristo no produzcan el fruto del Espíritu serán cortados y echados al fuego (Juan 15:1-5). Es la voluntad de Dios que venzamos y guardemos sus obras hasta el fin (Apocalipsis 2:26). Es la voluntad de Dios que después de recibir el perdón de pecados ya no pequemos más. (Juan 8:11).

La salvación es por la gracia de Dios por medio de la fe, no es por obras para que nadie se gloríe (Efesios 2:8-9). Sin embargo, es importante comprender que el hombre debe, por la gracia de Dios arrepentirse y convertirse para que sean borrados sus pecados y vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio (Hechos 3:19).

El Espectáculo de Dios

La tierra fue creada por Dios para ser un espectáculo (1ª Corintios 4:9), y en este espectáculo Dios revela su carácter y sus maravillosas obras (Salmo 19:1), pero también Dios mostrará al diablo y sus obras de maldad e iniquidad. Dios mostrará que sucede con aquellos que aman la justicia y aborrecen la maldad (Salmo 73:12-19), qué bendiciones obtienen aquellos que le temen y guardan sus mandamientos (Salmo 22:4), y que sucede con aquellos que se entregan al pecado y a la iniquidad (Romanos 2:5-9).

Hay un tiempo para lanzar al diablo al lago de fuego

Dios no quiso destruir al diablo y a los ángeles que le siguieron en el momento en que se rebeló en el cielo. Dios determinó primero mostrar la evidencia de su maldad e iniquidad antes de lanzarlo al lago de fuego (Mateo 25:41). En este espectáculo en el planeta tierra Dios mostrará su amor, bondad, justicia benignidad, su rica misericordia, y también permitirá que la maldad crezca y se desarrolle para que cuando llegue el momento de juzgar al diablo y a todos los que hacen iniquidad, todos los ángeles del cielo puedan reconocer que Dios es justo, y que todos sus juicios son justos (Apocalipsis 16:1-7)

Es por causa del espectáculo de Dios, que el evangelio será predicado a toda criatura, para testimonio (Mateo 24:14). Aunque no todos creerán en Jesucristo, por cuando aman al pecado y las obras de las tinieblas (Romanos 10:13-16). Dios está mostrando a los ángeles en el cielo, como en su bondad y misericordia se le da la oportunidad al hombre de escuchar el evangelio, los ángeles verán como algunos hombres rechazan la gracia y amor de Dios para salvarlos, prefiriendo seguir sus propios camino sin tener en cuenta a Dios.

Ángeles y Hombres tienen el libre albedrío

La palabra de Dios nos muestra que tanto los hombres como los ángeles de Dios tienen libre albedrio. Dios no obliga a los ángeles a adorarle, tan es así, que permitió un tercio de ángeles siguieran a Satanás y se rebelaran contra Dios. Dios no fabrica adoradores sin voluntad propia. Él está buscando adoradores en espíritu y en verdad (Juan 4:23-24), hombres y mujeres que decidan por Cristo, que decidan ser conformados a Su imagen y semejanza y rechacen la naturaleza de la serpiente antigua que se convirtió en dragón de 7 cabezas (Apocalipsis 12:9; 20:2).

Dios desea un culto santo pero racional

Dios desea un culto santo pero racional (Romanos 12:1) en donde seguirle, amarle, adorarle y servirle, sea por convicción personal y no por imposición de Dios. Es por ello que Dios desea ser conocido y entendido (Jeremías 9:23-24), porque Dios desea que le amemos con todo el corazón, con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra alma (Mateo 22:37-38).

El joven rico prefirió mantener sus posesiones que seguir a Cristo

El joven rico manifestó guardar los mandamientos de Dios (Mateo 18:21-22), sin embargo eligió no vender sus posesiones y entregarlos a los pobres para seguir a Cristo. Aunque este joven rico aparentemente guardaba los 10 mandamientos de Dios, lo cierto es que su corazón amaba las riquezas y prefirió quedarse con sus posesiones que seguir a Cristo. Cristo Jesús no obligó al joven rico a dejarlo todo para seguirle, esta debe ser una decisión personal, no una imposición. Los apóstoles dejaron todo por seguir a Cristo (Marcos 10:28), pero hay otros que no lo hacen, de hecho muchos que creyeron en Cristo no lo confesaban porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios (Juan 12:42-43).

Dios permite qué crean en Él y después se alejen

Después de la rebelión en el cielo, en la soberanía y presciencia de Dios, la tierra fue creada como un espectáculo para los ángeles en el cielo para que ellos pudieran conocer si Dios era amor o no, si era justo o no, si era misericordioso o no. También se revelará el carácter y naturaleza del diablo, de los ángeles caídos y también de los hombres que eligieron el camino de la maldad e iniquidad.

El diablo fue creado perfecto y se enalteció por causa de su hermosura (Ezequiel 28:14-17). Dios permitió que se rebelara porque Dios no obliga a nadie a adorarle. De igual manera así como el diablo al principio caminó con Dios, pero después se apartó, hay muchos que creerán en Jesucristo y por la gracia de Dios se apartarán de las contaminaciones del mundo, gracias al conocimiento de nuestro Señor y Salvador (2 Pedro 2:20-22). Sin embargo después volverán a enredarse en el pecado y se apartarán del camino de justicia y santidad, y abandonarán a Jesucristo, y dice la Palabra hubiera sido mejor que no lo conocieran, que conocerle y apartarse del santo mandamiento que les fue dado.

La predestinación de Dios se basa en Su presciencia

La predestinación de Dios está basada en su presciencia (1ª Pedro 1:2), y no tiene que ver con determinar la salvación o condenación de las personas. La salvación o condenación es una elección personal. Por medio del sacrificio de Cristo Jesús la provisión de Dios para entrar al reino de Dios está disponible, pero el pecador debe decidir creer en Cristo y seguir el camino del evangelio (Juan 1:12).

La predestinación de Dios tiene que ver con el plan de Dios para cada uno de nosotros. Dios tiene un plan predeterminado según nuestras propias elecciones (Efesios 2:10). Dios predetermina un plan para ser utilizados como vasos de honra o de deshonra, para usos viles u honrosos. Aquellos que se aparten de la iniquidad e invoquen el nombre de Cristo, serán utilizados como vasos de honra (2ª Timoteo 2:19-21). Aquel que se limpie de todo pecado, será utilizado por Dios como un vaso santificado y útil para el Señor para toda buena obra.

Depende de nuestras elecciones así es el plan que Dios predestinó para nosotros

Si decidimos obedecer a Cristo y Su Palabra, nuestro Dios Todopoderoso, por su presciencia nos hizo un plan para guiarnos a la salvación que hemos elegido, por medio de la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad (2ª Tesalonicenses 2:12-14). Pero si la persona decide seguir el camino de injusticia y maldad, también la persona por la presciencia de Dios, tiene un plan de Dios para ser utilizado en el camino que él escogió y guiarlo hacia el infierno. De manera que aquellos que han de seguir la justicia y la verdad, Dios le hizo un plan para caminar hacia la salvación, y aquellos que siguen la maldad e iniquidad les hizo un plan para guiarlos a la condenación.

¿Cómo trabaja la predestinación?

Dios desde el principio conoce todas las cosas antes que estas sucedan. Por su presciencia Él sabe quién le va a seguir y quien no, y de acuerdo a nuestras decisiones y elecciones, que Él sabe de antemano, nos hace un plan para ser utilizados en el camino que hemos decidido escoger. Aquellos que Él sabía que habrían de obedecer, les hizo un plan para el camino de la obediencia, y es así como muchos han sido predestinados para que Cristo Jesús se formado en ellos (Romanos 8:29).

El plan predestinado para José

Dios conocía que José le iba a servir y le hizo un plan, en ese plan estaba la traición de sus hermanos, ser vendido a los ismaelitas, ser comprado para la casa de Potifar, que la esposa de Potifar mintiera y lo enviarán a la cárcel. Todo era la predestinación de Dios para un justo como José. Dios sabía qué José sería fiel y huiría de la tentación, y le hizo un plan para llevarlo al trono y ser de bendición a Egipto, Israel y las naciones.

José fue predestinado para el trono en Egipto, porque Él eligió seguir a Dios y obedecerle, entonces Dios lo estableció en ese camino, en el camino que José eligió. Esto es lo que sucede con la predestinación, Dios nos establece en el camino que nosotros hemos elegido. Dios al justo lo establece en el camino de justicia, pero a los malos los establece en el camino de maldad. Dios no determina quien será bueno o quien será malo. El conoce el futuro y de acuerdo a sus decisiones les hace un plan, según el camino de su propia elección.

Los seguidores del Anticristo

Cuando se levante el anticristo en los últimos tiempos, le seguirán todos aquellos que decidieron no amar la verdad, que es Cristo, y por complacerse en la injusticia y por haber rechazado la verdad, Dios los establecerá en el camino que ellos eligieron y les enviará un espíritu de engaño para que crean a la mentira y sean condenados (2ª Tesalonicenses 2:9-12). Dios ayudara al justo a que sea más justo, al que es santo, a que sea más santo, pero también ayudará al injusto a que sea más injusto (Apocalipsis 22:11).

¿Qué camino elegiremos?

Hay dos caminos: la vida y la muerte, Cristo y el diablo, la puerta estrecha, y el camino espacioso. Y es el hombre quien elegirá por donde entrar y qué camino seguir.

Mateo 7:13-14
13 Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella;
14 porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

¿Por qué la puerta es angosta y el camino estrecho?

La puerta es estrecha y es angosto el camino que lleva a la vida, porque solo es para aquellos que abrazan la gracia de Dios que perdona pecados por medio del sacrificio de Cristo Jesús y reciben la gracia de Dios que transforma y nos da el poder para obedecer los mandamientos de Dios y alejarnos de todo lo que ofende a Dios.

Es un camino angosto porque hay que negarnos a nosotros mismos, tomar la cruz cada día y seguir a Cristo. Es angosto porque sin santidad nadie verá al Señor. Es angosto porque aunque las personas hagan milagros, echen fuera demonios, y profeticen en el nombre de Jesús, sino se apartan de la iniquidad, el Señor les va a decir apartaos de mi hacedores de maldad (Mateo 7:20-24).

El camino espacioso que lleva a la perdición

El camino que lleva a la perdición es espacioso por cuanto la persona da rienda suelta a sus pasiones y vive para complacerse a sí mismo en lugar de complacer al Señor. Viven para el placer y aman más los deleites que a Dios mismo (2ª Timoteo 2:4). Se entregan al pecado, a la iniquidad, a la maldad e inmoralidad, aun cuando la biblia habla que son dignos de muerte, no se apartan de hacer lo malo y no se arrepienten de sus maldades e injusticias (Romanos 1:21-32), no viven para Dios, no toman en cuenta a Dios, viven de acuerdo a sus propios pensamientos, sin rendirse al Señorío de Cristo ni a la Palabra de Dios.

¿Para que murió Cristo Jesús?

Cristo Jesús murió para salvarnos y librarnos de este presente siglo malo (Gálatas 1:4), el murió para que vivamos para Él (2ª Corintios 5:15). El vino a esta tierra para ser ejemplo para que siguiéramos sus pisadas (1ª Pedro 2:21-22). El vino para deshacer toda obra de diablo, para que le conociéramos y aprendiéramos a vencer el pecado y a vivir como Él vivió (1 Juan 3:5-9).

El evangelio de nuestro Señor Jesucristo incluye el perdón de nuestros pecados por medio de la fe en Cristo Jesús, pero también incluye que sean abiertos nuestros ojos, que nos convirtamos de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; y que podamos también recibir la herencia de Dios entre los santificados. (Hechos 26:18).

Entremos por la puerta angosta y sigamos el camino estrecho que es Jesucristo y prosigamos para obtener todo lo que Dios tiene para nosotros en Cristo Jesús (Filipenses 3:7-14).

¡Bendito sea el nombre del Señor!

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Tema 35: La Misericordia de Dios.

El cielo fue contaminado por la rebelión de Lucifer (Isaías 14:12-15) y cuando este fue expulsado y derribado por Dios hasta el Seol, le acusó de no ser justo, no ser amor, ni misericordioso (Proverbios 27:11). Por tanto, es importante comprender que la tierra fue creada para ser un espectáculo de Dios (1ª Corintios 4:9) en donde Dios se revela a sí mismo. La Palabra de Dios nos muestra que los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia las obras de sus manos (Salmo 19:1). Las cosas invisibles su eterno poder y deidad, se han hecho claramente visibles y manifiestas por medio de Su creación, de tal manera que Dios revela lo que no se ve, por medio de lo que se ve (Romanos 1:20).

El espectáculo de Dios

En este maravilloso espectáculo del planeta tierra hay dos personajes que juegan un papel muy importante en los propósitos eternos de Dios. En primer lugar Jesucristo, quien por medio de la sangre de Su cruz vino a la tierra para reconciliar las cosas que están en los cielos, como las cosas que están en la tierra (Colosenses 1:20). Jesucristo no solo vino a morir por los pecadores, principalmente vino a revelar a Su Padre (Juan 14:8-11).

La Palabra de Dios nos dice que Jesucristo es la misma imagen de la sustancia del Padre (Hebreos 1:3). Es la imagen del Dios invisible (Colosenses 1:15). En Él habita corporalmente toda la plenitud de la verdad (Colosenses 2:9). Es el Verbo quien era Dios (Juan 1:1), y se hizo carne y vimos Su gloria como del Unigénito lleno de gracia y verdad (Juan 1:14).

Jesucristo reveló al Padre

Jesucristo es la revelación de Dios hecho carne. De hecho, este es el misterio de la piedad, Dios manifestado en carne (1ª Timoteo 3:16). Jesucristo vino a revelar en sí mismo al Padre. Reveló Su amor, Su misericordia, bondad, Su justicia, por medio de sus enseñanzas, milagros y maravillas, vida, muerte y resurrección.

Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.
Juan 14:8-11.

Jesucristo reveló el amor y la misericordia de Dios como la Palabra de Dios lo describe:

1. Dios amó al mundo de tal manera que envió Su hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree no se pierda más tenga vida eterna (Juan 3:16).
2. Dios muestra Su amor para con nosotros, porque aun siendo pecadores Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8).
3. Dios que es rico en misericordia, por Su gran amor con que nos amó aun estando muertos en pecados nos dio vida juntamente con Cristo (Efesios 2:4-5).
4. Dios mostró su amor enviando a Su Hijo unigénito para que vivamos por Él (1ª Juan 4:9).

El hombre y la misericordia de Dios

Ahora bien, en este maravilloso espectáculo que se da en el planeta tierra, el segundo personaje que juega un papel muy importante es el hombre, ya que Dios lo eligió para ser el objeto de la revelación de su amor y misericordia. Dios no mostró misericordia al diablo ni los ángeles que pecaron, por cuanto ellos pecaron en la presencia de Dios a la luz de la revelación divina. Su rebelión no fue por ignorancia, es por ello que Dios no socorrió a los ángeles sino a la simiente de Abraham (Hebreos 2:16).

La misericordia de Dios perdona y levanta del polvo

La misericordia de Dios al hombre fue revelada por medio del perdón de sus pecados (Hechos 10:43), y levantarle del polvo y el estiércol para hacerlo sentar con los príncipes de Su pueblo y heredar un sitio de honor (1ª Samuel 2:8). La obra de gracia y misericordia de Dios con respecto al hombre inicia con el perdón de los pecados, pero continúa llevándolo de gloria en gloria, de poder en poder (Salmo 84:7), hasta que el hombre alcance la medida del varón perfecto la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4:13).

La gracia y misericordia de Dios transforma a un hombre pecador muerto en delitos y pecados, en un rey y sacerdote conformado a la imagen y semejanza de Dios, que alcanza la gloria de nuestro Señor Jesucristo y llegar a ser uno con el Padre con el Hijo (Romanos 8:29).

El Propósito de Dios es que seamos uno con Él

El propósito del sacrificio de Cristo Jesús no solo es salvarnos del infierno. El propósito de Dios es llegar a ser uno con el Padre y el Hijo, perfectos en unidad y vivir para adorar al Padre en Espíritu y verdad (Juan 4:23-24).

Juan 17:19-24
19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.
20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,
21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.
22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.
23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.
24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.

La gracia y misericordia de Dios quieren salvar al hombre de la condenación, quiere liberarlo del pecado y transformarle de tal manera, que sea presentado santo y sin mancha delante de Su gloria (Judas 24), irreprensible y santificado por completo espíritu, alma y cuerpo (1ª Tesalonicenses 5:23).

Se puede recibir la gracia de Dios en vano

Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios. 2ª Corintios 6:1.

La gracia de Dios se recibe en vano cuando después de haber recibido el perdón de sus pecados, la persona se aparta del camino de justicia y retrocede para perdición (Hebreos 10:39).

Se recibe en vano la gracia de Dios cuando después de haberse escapado de las contaminaciones del mundo por medio del conocimiento de Cristo Jesús, se enredan en el pecado y son vencidos. Estos creyentes que se apartan del camino de santidad y justicia se comparan con el perro que regresa a su vómito y con la puerca lavada que regresa a revolcarse en el cieno (2ª Pedro 2:20-22).

La gracia y misericordia de Dios no están disponibles para el que peca voluntariamente después de conocer la verdad

La gracia no es tolerancia al pecado. La gracia es el favor divino que capacita para hacer su voluntad y que permite recibir lo que no se merece. La gracia y misericordia de Dios no será dada a aquellos que alcancen un nivel elevado del conocimiento de la verdad, sean iluminados y disfruten del don celestial y luego decidan voluntariamente regresar al pecado y se aparten del camino de justicia y verdad.

Hebreos 6:4-8
4 Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo,
5 y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero,
6 y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.
7 Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios;
8 pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada.

Hebreos 10:26-29
26 Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados,
27 sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.
28 El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente.
29 ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?

La gracia de Dios nos capacita para hacer Su voluntad

La gracia de Dios no es tolerancia al pecado. Dios no envió a Jesucristo para revelar Su gracia para encubrir el pecado, sino para borrarlo y eliminarlo (Hechos 3:19). Jesucristo vino para deshacer toda obra del diablo (1ª Juan 3:8). La gracia de Dios que fue derramada en la cruz del calvario da el poder al creyente para cumplir la justicia de la ley (Romanos 8:1-4). La gracia es el favor divino que capacita al creyente para hacer la voluntad de Dios (Filipenses 3:13). La gracia de Dios nos hace aptos para hacer la voluntad de Dios, haciendo Él en nosotros lo que es agradable delante de Él por Jesucristo (Hebreos 13:21).

El que practica el pecado es del diablo

Jesucristo apareció para deshacer las obras del diablo no para que el hombre continúe en sus pecados. Dios perdonó a la mujer tomada en el mismo lecho de adulterio, pero le dijo que no pecara más (Juan 8:11). El que no se aparta, con la ayuda de la gracia de Dios, de practicar el pecado y la maldad es del diablo y no habrá salvación para Él.

1 Juan 3:7-10
7 Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo.
8 El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
9 Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.
10 En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.

Pablo ejemplo de la misericordia de Dios

Pablo es un ejemplo de la misericordia de Dios, quien fue perdonado habiendo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador, pero por la gracia de Dios peleo la batalla de la fe, acabó Su carrera y guardó la fe.

1ª Timoteo 1: 12-16
12 Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio,
13 habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad.
14 Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús.
15 Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.
16 Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna.

2ª Timoteo 4:7-8
7 He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.
8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

El hombre fue escogido para mostrar la gracia y misericordia de Dios

Dios escogió al hombre para mostrar Su amor y misericordia, para revelar en los siglos venideros las abundantes riquezas de Su gracia para con nosotros en Cristo Jesús. De pecadores hasta hacernos sentar con Cristo en lugares celestiales como reyes sacerdotes para reinar con Él por la eternidad (Apocalipsis 5:9-10).

Efesios 2:4-7
4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,
5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),
6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,
7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

La misericordia de Dios por tanto no solo es dada para perdonar nuestros pecados, sino para convertirnos en vencedores y estar sentados con Cristo en el trono para reinar con Él (Apocalipsis 3:21).

Debemos anunciar la multiforme sabiduría de Dios

La iglesia ha sido elegida para anunciar a los principados y las potestades la multiforme sabiduría de Dios (Efesios 3:10). Es deber de la iglesia anunciar el mensaje de gracia y misericordia que en el cielo no se conocía y que por la soberanía de Dios el hombre fue escogido para manifestarlo. Ahora al igual que Pablo debemos anunciar las inescrutables riquezas de Cristo y aclarar el misterio escondido y explicar el propósito eterno manifestado en Cristo Jesús y Su iglesia (Efesios 3:8-12).

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Romanos 11:33.

Bendito sea el nombre del Señor

 

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Tema 34: La batalla de la fe.

Aunque las bendiciones en el reino de Dios son gracias a la gracia de Dios, estas se reciben por medio de la fe. Es por medio de la fe que tenemos entrada a la gracia de Dios (Romanos 5:2). La fe es un don de Dios que se recibe (Efesios 2:8) no se puede ganar, no se puede comprar, la fe es divina, es un regalo de Dios que no merecemos. La fe es de Dios y proviene de Dios y no puede ser producida por el hombre. El hombre puede creer pero no puede producir fe, sin embargo Dios da fe aquel que cree al evangelio, a aquel que cree a Su Palabra (Romanos 1:16).

Logos y Rema

La fe viene a nuestra vida cuando creemos la Palabra que Dios nos habla personalmente (Romanos 10:17). La Palabra de Dios que produce fe es la palabra griega “rema”. Logos es la Palabra de Dios escrita. La biblia contiene el logos de Dios. Por medio del logos podemos ser sabios en Cristo Jesús (2a Timoteo 3:15) pero por medio del rema recibimos la fe de Dios. El logos es una espada de doble filo, nos da discernimiento y separa el alma del espíritu, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón (Hebreos 4:12). El rema produce la fe que nos hace crecer espiritualmente y nos hace vencer al mundo, al diablo y a la carne.

Para recibir las bendiciones hay pelear la batalla de la fe

Las bendiciones de Dios se reciben por fe, y para obtenerlas será necesario pelear por ellas, por un lado, debido a que el maligno, el diablo, es el archi-enemigo de Dios y busca robar, matar y destruir y oponerse a todo aquel que busca amar a Dios y adorarle en espíritu y verdad.

Por otro lado, es necesario pelear la batalla de la fe porque las bendiciones de Dios se encuentran en el mundo espiritual (Efesios 1:3). Legalmente nos pertenecen en Cristo Jesús, pero estas bendiciones para trasladarlas del mundo espiritual al mundo material, se debe utilizar la fe, y es aquí en donde se pelea la batalla de la fe para poder recibir lo que Cristo Jesús ganó y compró con su muerte en la cruz del calvario gracias a la gracia, amor y misericordia de Dios.

Bendiciones en tiempo pasado

Podemos notar como la Palabra de Dios al hablar de muchas bendiciones que ya nos han sido dadas, habla en tiempo pasado porque estas ya nos fueron entregadas gracias al sacrificio de Jesucristo, y son reales en el mundo espiritual. Consideremos algunas de ellas:

1. Nos bendijo con toda bendición espiritual. Efesios 1:3.
2. Nos hizo aptos para participar de la herencia. Colosenses 1:12.
3. Nos libró de la potestad de las tinieblas. Colosenses 1:13.
4. Estando muertos nos dio vida juntamente con Cristo. Efesios 2:5.
5. Nos resucitó juntamente con Él. Efesios 2:6.
6. Nos hizo sentar con Cristo en los lugares celestiales. Efesios 2:6.
7. Por su herida fuimos sanados. 1a Pedro 2:24.
8. Nos dio todas las cosas que pertenecen a la vida y la piedad. 2a Pedro 1:3.
9. Nos redimió de la maldición de la ley. Gálatas. 3.13.

Herederos de las promesas

Por la gracia de Dios somos herederos de estas bendiciones (Tito 3:3), al ser de Cristo, somos linaje de Abraham y conforme a las promesas sus herederos (Gálatas 3:29), pero estas deben recibirse por medio de la fe (Gálatas 3:13-14).

La batalla de la fe es como la ley de la siembra y la cosecha, no debemos cansarnos de hacer el bien porque a su tiempo segaremos sino hubiésemos desmayado (Gálatas 6:9). Solo si permanecemos creyendo, orando, confesando su Palabra y sus promesas, sin apartarnos del camino de justicia y santidad, entonces ganaremos la batalla de la fe.

Practicar el pecado nos separa de Dios

Cuando el creyente se aparta del camino de justicia y deja de observar los mandamientos de Dios, cuando deja el camino de santidad, los pecados hacen separación entre Dios y el hombre y Dios no escucha sus oraciones (Isaías 59:1-2). La victoria en contra de nuestros enemigos, sean estos adversidades, aflicciones, dificultades y otros, esta íntimamente relacionada con vivir en obediencia a los mandamientos de Dios (Salmo 81:13-16). La obediencia a los mandamientos de Dios son el canal por medio del cual Dios nos envía el agua de sus bendiciones y favores.

La obediencia no nos hace merecedores de sus bendiciones

Es importante entender que la obediencia a sus mandamientos no nos hace merecedores de Su bendición, las bendiciones de Dios son gracias a la gracia de Dios y se obtienen por medio de la fe y no son por obras (Efesios 2:8-9), sin embargo la obediencia es el medio de Dios para que las bendiciones nos puedan alcanzar (Deuteronomio 28:1-2).

Como el canal o tubería que nos lleva el agua hacia nuestras casas. La tubería no nos hace merecedores de recibir el agua, sin embargo es el medio por donde el cual nos la envían. No podemos creer que merecemos las bendiciones de Dios por obedecer sus mandamientos, sin embargo, hay que entender que la obediencia a sus mandamientos es el canal que utiliza para prosperar nuestro camino y bendecirnos (Josué 1:8).

La batalla de la fe

¿Cómo peleamos la batalla de fe? Peleamos la batalla de la fe de la siguiente manera:

1. Permanecemos firmes en la fe sin movernos de la esperanza. Colosenses 1:23
2. Creemos y tenemos esperanza aún cuando en lo natural no haya esperanza. Romanos 4:18.
3. Vivimos en el Espíritu sin satisfacer los deseos de la carne. Romanos 8:1.
4. Oramos siempre y sin desmayar hasta recibir lo que hemos pedido. Lucas 18:1.
5. Nos mantenemos hablando la Palabra de Dios que creemos. 2a Corintios 4:13.
6. Fortalecemos nuestra fe dando gloria a Dios. Romanos 4:20.
7. Nos esforzamos para no apartarnos ni a izquierda ni derecha de sus mandamientos. Josué 1:7.
8. Caminamos en obediencia a todos sus mandamientos. Josue 1:8.
9. Vivimos bendiciendo al Señor en todo tiempo apartados de toda queja y murmuración (Salmo 34:1).
10. Nos apartamos de todo tipo pecado, amargura, murmuración, que nos separan de Dios y que evita que Dios escuche nuestras oraciones (Isaías 59:1-2).
11. Debemos mantenernos creyendo que recibiremos lo que hemos pedido. (Marcos 11:24).
12. Debemos deleitarnos en Él y el concederá las peticiones de nuestro corazón. (Salmo 37:4).

La fe vence si nos apartamos del pecado

La fe vence al mundo, a la carne y al diablo, si nos apartamos de todo pecado (1a Juan 5:1-5). No puede haber victoria ante nuestros enemigos, si practicamos el pecado y no abandonamos las obras de la carne. Es necesario apartarnos de todo pecado que el Espíritu Santo nos señale y como también obedecer todo mandamiento que nuestro Dios nos haya hablado o enseñado.

La fe camina de la mano con la obediencia a los mandamientos de Dios

Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? . 1a Juan 5:1-5.

Bendito sea el nombre del Señor.

 

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Tema 33: Gratitud y Alabanza.

Dios nos ha bendecido con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo (Efesios 1:3). Legalmente todas estas bendiciones nos pertenecen en Cristo Jesús, pero para que estas puedan ser trasladadas al mundo material y se manifiesten, debemos pelear la batalla de la fe (1ª Timoteo 6:12). Todo lo que Jesucristo ganó en la cruz del calvario debe ser obtenido por medio de la fe a través de la gracia de Dios (Efesios 2:8-9). Por ello, es necesario mantenernos creyendo la Palabra de Dios (Marcos 11:24), orando de día y de noche sin desmayar (Lucas 18:1), confesando su Palabra (Hebreos 10:23), hasta recibir la respuesta de nuestra oración y clamor (Gálatas 6:9).

Importancia de la gratitud y la alabanza

Para poder vencer en la batalla de la fe, es necesario permanecer con un corazón agradecido y lleno de alabanza, ya que la fe se fortalece dando gloria a Dios (Romanos 4:20). La falta de gratitud y alabanza, desvían al creyente de la senda de justicia y el camino de fe:

Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican. Romanos 4:21-32

No alabar a Dios y no darle gracias es el inicio del camino al pecado

Cuando alguien deja de dar gracias a Dios y deja de darle gloria, inicia su descenso del camino de santidad y justicia, e inicia su camino hacia la iniquidad, injusticia y maldad. Solo es cuestión de tiempo para que el pecado crezca y produzca su fruto. El diablo no estuvo agradecido con Dios a causa de la hermosura, sabiduría y esplendor que Dios le había dado (Ezequiel 28:17). En lugar de dar gracias a Dios y alabarle por lo que había recibido por parte de Dios, su ingratitud y orgullo de no reconocer, que lo que era y tenía, eran por causa de Dios, le llevaron a rebelarse y a querer usurpar el trono de Dios en el monte de Sion en el cielo (Isaías 14:13-15).

Ingratitud de Israel en el desierto

Israel en el desierto en lugar de estar agradecidos con Dios por haberles liberado de la esclavitud en Egipto, se quejaron y expresaron estar fastidiados del maná que Dios les enviaba para comer y a causa de esto muchos murieron por las serpientes ardientes que fueron enviadas por Dios debido a su ingratitud, queja y murmuración (Números 21:5-7).

Si queremos vencer en la batalla de la fe debemos permanecer con un corazón agradecido, abundando en acción de gracias (Colosenses 2:7), alabando a Dios en nuestros corazones (Efesios 5:19), bendiciendo al Señor con nuestra boca en todo tiempo (Salmo 34:1), ofreciendo a Dios siempre sacrificio de alabanza, fruto de labios que confiesen Su nombre (Hebreos 13:15).

No debemos cansarnos de hacer bien

Muchos cristianos no perseveran en oración, no perseveran en gratitud y alabanza, no perseveran luchando de la manera correcta la batalla de la fe y por ello no pueden vencer las dificultades, adversidades y aflicciones de la vida. Solo aquellos que no se cansen de hacer bien, y no desmayen de caminar en obediencia a la Palabra de Dios, son los que van a recibir la cosecha de sus oraciones y peticiones (Gálatas 6:9).

Aquellos que en sus angustias y problemas no buscan la gracia de Dios (1ª Pedro 5:10) y se permiten amargarse, deprimirse, entristecerse por las ofensas recibidas, dificultades, adversidades y dificultades que les sobrevienen, no podrán recibir la victoria en la batalla de la fe, porque estos pecados nos evitarán recibir las bendiciones de Dios.

Practicar el pecado nos separa de Dios y hace que Dios no escuche nuestras oraciones

Cuando el pueblo de Dios comete pecado y no se aparta de hacer iniquidad, impide a Dios salvarlos de sus enemigos y evitan que Dios escuche y responda a sus oraciones.

Isaías 59:1-2
1 He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír;
2 pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.

La obediencia es un canal de Dios para bendecirnos y pelear por nosotros

Dios vencerá a nuestros enemigos, si escuchamos su voz y caminamos en obediencia a sus mandamientos. La obediencia a Su Palabra es un canal de Dios para enviar sus bendiciones, gracia y favor, para darnos la victoria en todas nuestras batallas.

Salmo 81:13-16
13 ¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo, Si en mis caminos hubiera andado Israel!
14 En un momento habría yo derribado a sus enemigos, Y vuelto mi mano contra sus adversarios.
15 Los que aborrecen a Jehová se le habrían sometido, Y el tiempo de ellos sería para siempre.
16 Les sustentaría Dios con lo mejor del trigo, Y con miel de la peña les saciaría.

Hemos sido creados para la alabanza de la gloria de Dios

El hombre ha sido creado, formado y hecho para la gloria de Dios (Isaías 43:7). Dios nos escogió antes de la fundación del mundo para ser santos y sin mancha delante de Dios, y nos predestinó para ser para alabanza de la gloria de Su gracia (Efesios 1:3-6). Por ello cuando el hombre se queja y murmura, se deprime, critica a Dios o a su prójimo, se aparta del camino del Señor quien nos manda a estar siempre gozosos (1ª Tesalonicenses 5:16).

Aquellos que han de ser vencedores y ganarán la batalla de la fe, son aquellos que caminan en obediencia a la Palabra de Dios, y a pesar de pruebas, ofensas y tribulaciones, se mantienen orando y alabando a Dios a pesar de ser heridos, golpeados y azotados, como sucedió con Pablo y Silas que a media noche cantaban himnos a Dios y oraban a pesar de haber sido castigados y azotados cruelmente (Hechos 16:22-25).

Para ganar la batalla de la fe, necesitamos caminar en obediencia a sus mandamientos, no dejar de clamar ni orar, ni dejar de permanecer creyendo que vamos a recibir lo que hemos pedido. Debemos mantenernos confesando Su Palabra y sus promesas, con un corazón agradecido y lleno de alabanza. Esta manera de vivir, es la que nos traerá por medio de la fe y la gracia de Dios, la victoria en todas nuestras batallas. De esta manera es cómo podemos llegar a ser más que vencedores en Cristo Jesús (Romanos 8:35-39), e ir caminando de triunfo en triunfo (2ª Corintios 2:14).

¡Bendito sea nuestro Dios quien adiestra nuestras manos para la batalla y nuestros dedos para la guerra!
(Salmo 144:1)

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Tema 32: La Verdad os hará libres.

Nuestro Dios por medio de Cristo Jesús no solo quiere perdonar nuestros pecados (Efesios 1:7), Él quiere hacernos libres de la potestad de las tinieblas (Colosenses 1:13). Él quiere que el creyente se convierta de las tinieblas a la luz y de la potestad de Satanás a Dios (Hechos 26:18), y también que pueda recibir herencia entre los santificados (Colosenses 1:12).

Cuando el hombre cree en Cristo Jesús y le recibe como Su Señor y Salvador, recibe por medio de la fe en Cristo Jesús perdón de pecados (Hechos 10:43). Dios nos justifica gratuitamente por Su gracia por medio de la redención en Cristo Jesús (Romanos 3:24) y Dios en Su paciencia pasa por alto los pecados pasados (Romanos 3:25). Sin embargo para ser libres de las ataduras del presente lo que se requiere es la obediencia a la Palabra de Dios y permanecer caminando en la luz de Dios que se recibe por medio del Espíritu Santo.

La verdad que liberta es la que se obedece

Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:31-32.

La libertad de toda atadura y adicción vendrá al caminar en la luz de la verdad de Dios y permanecer en ella. Para ser libre de malos hábitos y adicciones es necesario renovar nuestra mente, de esta manera podremos experimentar la voluntad de Dios en nuestra vida, la cual es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2).

Dios quiere transformarnos completamente

Para dejar un mal hábito o práctica incorrecta es necesario cambiar nuestra manera de pensar, para poder cambiar nuestra manera de vivir. El poder del hábito se encuentra en el amor que se le tiene, por tanto para ser libre del mal hábito, es necesario que Dios cambie nuestros sentimientos, deseos y actitudes, y esto es posible gracias a la gracia de Dios por medio de la Palabra de Dios.

La renovación de mente es extremadamente poderosa, porque substituye nuestros pensamientos por los pensamientos de Dios, y substituye nuestros sentimientos por los sentimientos de Dios. De tal manera que somos conformados a tener su alma y corazón (1 Samuel 2:35). Aquellos que por la gracia de Dios llegan a tener el alma y corazón conforme a Dios, llegan a pensar como Dios piensa, y sienten como Dios siente, por eso llegan a actuar como Dios actúa (Efesios 5:1-2).

La renovación de mente nos transforma

Por medio de la renovación de mente Dios quiere destruir toda fortaleza de pensamiento que está en armonía con las tinieblas, Él quiere derribar todo argumento y altivez que se levantan en contra del conocimiento de Dios, y llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo (2ª Corintos 10:4-5). La liberación de hábitos incorrectos viene por la gracia de Dios, cuando nuestra voluntad se rinde a la luz de la Palabra de Dios y nos sometemos a la sabiduría divina.

El alma debe ser salvada

La Palabra de Dios debe ser recibida con mansedumbre para que esta pueda salvar nuestras almas (Santiago 1:21). El alma es salvada cuando sus pensamientos, sentimientos, y actitudes son cambiados por la Palabra de Dios. Dios envía abundantemente el agua limpia de Su Palabra y por el poder del Espíritu Santo y la gracia de Dios somos limpiados de toda inmundicia y todo ídolo (Ezequiel 36:25). Esto significa que la Palabra de Dios es poderosa para limpiar todo pensamiento, actitud, o sentimiento incorrecto (Juan 15:3).

No debemos ser oidores olvidadizos

Muchos al escuchar la Palabra de Dios no son limpiados porque son oidores olvidadizos (Santiago 1:22). Para que la Palabra de Dios nos limpie, debemos reconocer nuestro pecado cuando la Palabra de Dios nos lo muestre, sea que la escuchemos o la leamos. Debemos responder a esa Palabra que Dios nos está enseñando y señalando. Debemos tomar tiempo y confesar nuestro pecado delante de Dios por medio de la oración y apartarnos de Él, cada vez que el Espíritu Santo nos lo señale por medio de Su Palabra (Proverbios 28:23).

Aquel que no clama por perdón cuando Dios le revela un pecado, y no clama para recibir gracia para obedecer la luz que Dios le muestra, no será limpiado por la Palabra de Dios.

El alma se purifica por la obediencia a la verdad

Para que el alma sea purificada es necesario disponerse a obedecer por la gracia de Dios la luz de la Palabra de Dios (1ª Pedro 1:22). Aquel que obedece la verdad es purificado en Su alma y es transformado para caminar en obediencia a la Palabra de Dios, pero es necesario que el creyente confiese su pecado para ser limpiado de toda maldad (1ª Juan 1:9) y clame por la gracia para poder obedecer porque es Dios quien puede poner el querer como el hacer (Filipenses 2:13), y es Dios quien nos hace aptos para hacer lo que es agradable delante de Él (Hebreos 13:21).

La obediencia es un fruto de la gracia de Dios

Caminar en obediencia a los mandamientos de Dios es una obra de gracia de parte de nuestro Dios, pero para ello es necesario nacer de nuevo, ser limpio de ídolos y toda inmundicia, recibir el Espíritu Santo, ser transformado en la mente y el corazón por medio de la Palabra de Dios, entonces, Dios hará que andemos en sus caminos y obedezcamos sus mandamientos. Ezequiel lo describe de forma maravillosa:

Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. Ezequiel 36:25-27.

Libertad para el que obedece la Palabra de Dios

Para ser libre por tanto de cualquier mal hábito, adicción o atadura, es necesario no solo creer en Cristo. El creyente debe ser renovado por la Palabra de Dios. Debe rendirse a ella, someterse a ella, debe clamar para recibir gracia para caminar a la luz que el Espíritu Santo le da, apartándose de todo pecado sean estos malos pensamientos, sentimientos, o actitudes que estén en contra de la Palabra de Dios y debe disponerse a obedecer todo mandamiento de Dios, clamando por gracia para poder hacerlo.

En la medida que seamos renovados en nuestra alma por la Palabra de Dios, Dios irá cambiando nuestros pensamientos, sentimientos, actitudes y acciones y veremos como Dios nos libra de todo mal hábito, y por Su gracia nos conformará a Su imagen y semejanza, de tal manera que llegaremos a pensar como Dios piensa, a sentir como Dios siente, y a actuar como Dios actúa.

¡¡¡Bendito sea Su santo nombre!!!

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Tema 31: Diezmos, Ofrendas y Primicias.

Hay 4 estrategias que personalmente creo el Señor ha dado a su iglesia para establecer el reino de Dios por medio del cumplimiento de la gran comisión, estas son: La oración, la Palabra de Dios, la alabanza y adoración, y por último nuestras finanzas.

Ahora bien, respecto a las finanzas hablaremos de los diezmos, las ofrendas y las primicias. En primer lugar, es importante comprender que todo lo que somos y tenemos debe ser utilizados para Su gloria (Colosenses 1:16). Todas las cosas le pertenecen a Dios, todo ha sido creado por Él y para Él (Romanos 11:36). Hemos sido creados para Su gloria (Isaías 43:7), por tanto uno de los propósitos a alcanzar es llegar a ser instrumentos de alabanza de la gloria de Su gracia (Efesios 1:4-6).

Reconocemos que es nuestro Dios quien produce el querer y el hacer por medio de la gracia de Dios, por ello estamos convencidos que es el Espíritu Santo quien nos guiará a toda la verdad (Juan 16:13), nos enseñará todas las cosas (Juan 14:26) para que caminemos en obediencia a todos sus mandamientos y vivir para hacer la voluntad de nuestro Dios.

Los diezmos

La Palabra de Dios nos enseña que Abraham nuestro padre en la fe, entregó los diezmos de todo a Melquisedec quien era Rey de Justicia y Rey de Salem (Hebreos 7:2). Para los creyentes en el nuevo testamento Abraham es un modelo a seguir por cuanto es nuestro padre en la fe (Isaías 51:2), y aquellos que somos de Cristo somos linaje de Abraham y conforme a la promesa los herederos (Gálatas 3:29).

Aquellos que son de la fe son bendecidos con el creyente Abraham (Gálatas 3:9). Cristo Jesús se hizo maldición para que la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, para que por medio de la fe recibiéramos la promesa del Espíritu (Gálatas 3:13-14). Por tanto, en el nuevo testamento los creyentes seguimos los pasos de Abraham que incluye amar a Dios por sobre todas las cosas, dejar tierra, parentela, la casa de nuestro padre, para ir a hacia la tierra prometida, y al igual que Abraham buscamos la ciudad que tiene fundamentos y cuyo arquitecto es Dios, que es Sion (Hebreos 11:10).

Abraham es un modelo de vida para el creyente neo testamentario, del tal manera que los que son de la fe, siguen las pisadas de fe de Abraham (Romanos 4:12). Por tanto pagar nuestros diezmos (Génesis 14:20), andar delante de Dios y ser perfecto (Génesis 17:1), entregarnos a Dios por completo (Génesis 12:1-3), y aún sacrificar lo que más amamos (Génesis 22:1-3) son los pasos de fe que por medio de la gracia de Dios debemos imitar en la vida de Abraham.

Jesús y el diezmo

Cuando los fariseos quería tentar a Jesús si debían pagar impuestos o no, el Señor les contestó que es necesario dar a Cesar lo que es de Cesar y a Dios lo que es de Dios (Marcos 12:17).

Hablando de dinero, ¿Qué es de Dios? La biblia nos dice que los diezmos y las ofrendas son de Dios y no entregárselos a Él es robar (Malaquías 3:8-9).

Los diezmos y la iglesia de Jerusalén

La iglesia cristiana en Jerusalén que fundaron los apóstoles en donde Jacobo era el pastor principal recogía los diezmos (Hebreos 7:8), por tanto podemos ver a la luz de las Sagradas Escrituras que la base bíblica para diezmar no está fundamentada en la ley de Moisés, es una práctica que viene desde los tiempos de nuestro padre Abraham, quien es padre de la fe para circuncisos y para incircuncisos (Romanos 4:11-12).

Entre las bendiciones que Dios promete para aquellos que diezman tenemos (Malaquías 3:10-12):

1. Abrir las ventanas de los cielos y derramar bendición hasta que sobreabunde.
2. Reprender al devorador, y no destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril.
3. Todas las naciones os dirán bienaventurados.
4. Seréis tierra deseable.

Guía para pagar tus diezmos

1. Entrega todo tu diezmo (el 10 por ciento de todos tus ingresos) a la iglesia local en donde te congregas por cuanto es el lugar en donde te alimentas y cuidan de ti (Malaquías 3:10).
2. Debes entregar tus diezmos y ofrendas en el lugar que nuestro Dios ha elegido y no donde tu elijas (Deuteronomio 12:13-14)
3. Si no te congregas, ora para que el Espíritu Santo te diga a donde darlo, no lo manejes, ni dispongas de Él, no te pertenece, es consagrado para Dios, no te toca a ti decidir qué hacer con Él (Números 18:21,24).
4. Si no has sido fiel pagando tus diezmos pídele perdón a Dios y comienza a hacerlo (Proverbios 28:13). Los diezmos son utilizados por Dios para el sostenimiento de su obra aquí en la tierra. El diezmo es como el impuesto del cielo para aquellos que vivimos en la tierra y disfrutamos de todas las bendiciones de nuestro Dios y participamos de los beneficios de Su amor y misericordia.

Ofrendas

La Palabra de Dios nos habla de ofrendar y el apóstol Pablo nos enseña muy bien en 2ª Corintios 9:7-14:

Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito: Repartió, dio a los pobres; Su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios. Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios;
13 pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos; asimismo en la oración de ellos por vosotros, a quienes aman a causa de la superabundante gracia de Dios en vosotros.

Dios quiere que seamos bendición para bendecir. Él quiere utilizarnos como canales de bendición para alcanzar a otros y ministrar sus necesidades. A diferencia del diezmo, la cantidad a ofrendar no está determinada por Dios. En cuanto al diezmo, Dios nos pide el 10 %, pero en cuanto a la ofrenda debe ser en base a nuestra relación con el Señor. La regla que Pablo expone en estos versos es dar según lo propuesto en el corazón.

Para ofrendar es necesario ser guiado por el Espíritu Santo en cuanto a la cantidad, como también a quien bendecir, o el lugar en donde Dios quiere que demos nuestra ofrenda. Dios nos mostrará necesidades en el ministerio, en otros hermanos, proyectos para el cumplimiento de la gran comisión, misiones, etc. Nuestra parte es ser sensible al Espíritu Santo y ser fieles de acuerdo a la guía personal que recibamos.

Primicias

Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos; Y serán llenos tus graneros con abundancia, Y tus lagares rebosarán de mosto. Proverbios 3:9-10

Una de las maneras de honrar al Señor es entregando nuestras primicias anuales, sea nuestro primer salario cuando tenemos un nuevo empleo, o el primer salario de cada año. Si el Señor nos da la gracia para hacerlo y en nuestro el corazón el Espíritu Santo nos ha guiado caminar a la luz de este verso, las siguientes recomendaciones pueden ser de bendición para ti:

  1. Puedes ahorrar todo el año para poder completar el valor de tu salario mensual, a fin de dar tu primicia el próximo año.
  2. Puedes ir dando tus primicias por cuotas a fin de completar el salario de un mes.
  3. Si no es posible dar tu primer salario de tu nuevo trabajo por muchas responsabilidades, ora al Señor para poder hacerlo por cuotas hasta completar tu salario.

Dos cosas son muy importantes al ofrendar y dar nuestras primicias, que están reflejadas en los siguientes versos:

Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.
2 Corintios 9:7

La bendición de Jehová es la que enriquece, Y no añade tristeza con ella. Proverbios 10:22

Por la gracia de nuestro Dios nuestra obediencia a sus mandamientos debe ser con gozo, por tanto debemos orar para obedecerlos a la manera de Dios. Que el Señor les bendiga abundantemente.

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Tema 30: Comprados para glorifícarle.

La gran salvación que experimentamos gracias a la gracia de nuestro Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, tiene muchos propósitos, y uno de ellos es comprarnos para que le glorifiquemos con nuestro cuerpo y con nuestro espíritu.

Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. 1ª Corintios 6:20

Por tanto es necesario glorificar a nuestro Dios en nuestro cuerpo y en el espíritu. Es decir internamente, como externamente. Hemos sido rescatados de las tinieblas y de la condenación para exaltar y glorificar Su santo nombre.

¿Cómo glorificamos a Dios en el cuerpo?

Glorificamos a Dios en nuestro cuerpo, cuando por la gracia de Dios, no permitimos que el pecado reine en nuestro cuerpo mortal (Romanos 6:12), de tal manera que no nos rendimos a satisfacer y complacer los deseos incorrectos de nuestra alma no renovada. Es decir, no complacemos la concupiscencia de nuestra carne de tal manera, que no alimentamos ni complacemos los deseos de los ojos ni de la carne.

Salomón se entregó a sus deseos carnales

Salomón no fue espiritual, no frenó sus deseos carnales y se rindió a todo tipo de placer, de tal manera, que Él no negó a sus ojos ninguna cosa que desearán, ni apartó su corazón de placer alguno, todo lo que quiso lo hizo (Eclesiastés 2:10) y a causa de todo esto, sus muchas mujeres lo llevaron a adorar a otros dioses (1ª Reyes 11:1-11) y en su vejez fue infeliz y desdichado (Eclesiastés 2:15-23).

Nuestros miembros deben servir a la justicia

Antes de llegar a Cristo Jesús nuestros miembros servían a la iniquidad, pero ahora librados del pecado, hemos sido hechos siervos de Dios y tenemos por fruto la vida eterna (Romanos 6:22). Ahora es nuestro deber presentar nuestros miembros como instrumentos de la justicia para hacer la voluntad de Dios (Romanos 6:13) y que Dios se glorifique por medio nuestro haciendo sus maravillosas obras (Juan 14:12).

Apartémonos de toda fornicación

El que fornica contra su propio cuerpo peca (1ª Corintios 6:18), el cuerpo es el templo del Espíritu Santo (1ª Corinitos 6:19), el que se una a una ramera se hace un cuerpo con ella (1ª Corintios 6:16). Somos templo de Dios en donde el Espíritu de Dios mora, si alguno destruyere el templo, Dios lo destruirá a Él (1ª Corintios 3:16-17).

Nuestro cuerpo debe ser utilizado para glorificar, exaltar y bendecir Su santo nombre (Salmo 103:1), nos debemos de apartar de ver el pecado (Job 31:1-2), de tocar el pecado (Génesis 3:3) y de practicar todo pecado (1Juan 3:8). Su propósito es santificarnos por completo, y presentarnos santos y sin mancha delante de Él (Judas 24), de tal manera que nuestro espíritu, alma y cuerpo sea presentado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1ª Tesalonicenses 5:23-24).

¿Cómo glorificamos a Dios en el espíritu?

Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Juan 4:23-24.

Nuestro alto llamado es ser adoradores de Dios. El diablo no quiso vivir para adorar y glorificar a Dios, y por ello se rebeló contra Dios (Isaías 14:12-15) y en su insurrección buscó que le adoraran a Él, y de esta manera se conquistó a la tercera parte de los ángeles (Apocalipsis 12:4).

Los postreros días

Pablo nos advierte que en los postreros días, vendrán tiempos peligrosos en donde se levantarán hombres amadores de sí mismos, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes, amadores de los deleites más que de Dios (1ª Timoteo 3:1-5); por tanto nuestro alto llamado es mantenernos fiel adorando solamente a Dios y no a nosotros mismos ni a nadie más.

Nuestra completa fidelidad debe ser hacia a Dios, nuestra prioridad debe ser el Señor. Debemos amarle más que a todo y más que a todos. Nuestra obediencia a la Palabra de Dios y a Su voluntad debe ser nuestro estilo de vida, de tal manera que amemos a nuestro Dios con toda nuestra mente, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas y con todo nuestro corazón.

El adorador en espíritu y en verdad, vive para amar, agradar, complacer y servir a nuestro Dios apartándonos de todo pecado, obedeciendo todos sus mandamientos siendo fieles hasta la muerte.

Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. Apocalipsis 12:11.

¡¡¡Bendito sea Su santo nombre!!!

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Tema 29: Creer y saber.

Por la gracia de Dios a través del nuevo nacimiento hemos entrado al reino de Dios, y hemos sido hechos cercanos por la sangre de Cristo (Efesios 2:13). Después de recibir el perdón de nuestros pecados, es necesario proseguir en nuestra caminata hacia el cumplimiento del propósito de Dios en nuestra vida, y para ello el apóstol Pedro nos exhorta a crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Dios (2 Pedro 3:18).

Por medio del regalo de la vida eterna, nuestro Dios desea que le conozcamos. Juan 17:3 dice:

Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

Ahora bien, para conocer al Padre y al Hijo es necesario creer en Dios y creerle a Dios. Debemos creer lo que la Palabra de Dios dice acerca de Él, Su carácter. Como también debemos conocer y creer sus promesas, debemos creer lo que la Palabra de Dios nos dice respecto a lo que Dios puede hacer.

Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Hebreos 11:6.

Los nombres de Dios revelan su carácter, y al conocerlos esto produce confianza en nosotros.

En ti confiarán los que conocen tu nombre, Por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron. Salmo 9:10.

Dicho de otra manera, creer lo que la Palabra de Dios dice acerca de lo que Dios es y hace, hará que confiemos en Él y de esta manera nuestra relación y confianza con Él crecerá. Cuando nos damos cuenta de lo que Dios es y hace, somos motivados a poner nuestra confianza en nuestro Dios.

Abriré mi boca en proverbios; Hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos, Las cuales hemos oído y entendido; Que nuestros padres nos las contaron. No las encubriremos a sus hijos, Contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, Y su potencia, y las maravillas que hizo. Él estableció testimonio en Jacob, Y puso ley en Israel, La cual mandó a nuestros padres Que la notificasen a sus hijos; Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos, A fin de que pongan en Dios su confianza, Y no se olviden de las obras de Dios; Que guarden sus mandamientos. Salmo 78:2-7

Para poder poner nuestra confianza en Dios debemos creer en la bondad de Dios, en su amor, en su misericordia, en su benignidad, en su justicia, es decir, debemos creer en cada uno de sus atributos y sus promesas que Su Palabra nos revela.

Es por ello la importancia de la lectura de la Palabra de Dios, porque después de creer en nuestro corazón en lo que Dios es y hace, debemos confesarlo con nuestras bocas, para poder pelear la batalla de la fe y así poder vencer todas nuestras adversidades, circunstancias y aflicciones que enfrentamos.

La voluntad de nuestro Dios es que le conozcamos y le entendamos. Jeremías 9:23-24 dice:

Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.

La misericordia de Dios fue revelada por medio de la vida, muerte y resurrección de Cristo Jesús, quién siendo pobre se hizo rico para que por Su pobreza nosotros fuésemos enriquecidos (2ª Corintios 8:9). Por medio de la muerte y sacrificio del Señor Jesucristo podemos recibir perdón de pecados y por medio de su resurrección, gracias a Su rica misericordia y gran amor, ser levantados del polvo y del estiércol para hacernos sentar con los príncipes de Su pueblo y heredar un sitio de honor (1ª Samuel 2:8).

Nuestro Dios es santo, que juzga el pecado y recompensa la obediencia a Su Palabra y ha establecido un día en donde Él, pagará a cada uno conforme a sus obras. Romanos 2:5-11 dice:

Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; porque no hay acepción de personas para con Dios.

Nuestro Dios es un Dios justo, Él es luz, en Él no hay maldad, en Él no hay tinieblas (1ªJuan 1:5) siempre hace lo bueno, lo correcto, Su voluntad es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2), Él es fiel y verdadero (Apocalipsis 19:11).

Vale la pena considerar las palabras de David en el Salmo 34:6-10 que describen los cuidados de nuestro Dios para aquellos que le temen y le buscan:

Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias. El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende. Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él. Temed a Jehová, vosotros sus santos, Pues nada falta a los que le temen. Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; Pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien.

De las mejores decisiones que el hombre puede hacer, después de recibir en su corazón a Cristo como Su señor y salvador es temer a Dios y buscarle. Nada en la vida obtendrá mayores dividendos que vivir para amar a nuestro Dios y obedecer sus mandamientos.

¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo, Si en mis caminos hubiera andado Israel! En un momento habría yo derribado a sus enemigos, Y vuelto mi mano contra sus adversarios. Los que aborrecen a Jehová se le habrían sometido, Y el tiempo de ellos sería para siempre. Les sustentaría Dios con lo mejor del trigo, Y con miel de la peña les saciaría. Salmo 81:13-16.

Servir a Dios, vivir para agradarle, amarle y complacerle. Guardar sus mandamientos y vivir para hacer la voluntad de Dios, es la mejor inversión que podemos hacer en esta vida. Nos trae dividendos en esta tierra y en la vida venidera.

¡¡¡Bendito sea nuestro Dios quien abrió nuestros ojos y nos dio entendimiento para adorarle, temerle y obedecerle!!!

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Tema 28: Nuestra Verdad, La Palabra de Dios.

Creer es un don de Dios que todos tenemos gracias al libre albedrío. Podemos elegir en quien creer o en que creer. El hombre puede creer lo que mira, puede creer en lo que siente, puede creer lo que piensa, puede creer lo que otros dicen, puede creer en las noticias, puede creer en cualquier tipo de ideología o filosofía.

El hombre puede creer en cualquier cosa o persona. Sin embargo, los creyentes en Cristo que han experimentado el nuevo nacimiento, ellos fueron trasladados del reino de las tinieblas al reino de la luz, al reino de nuestro amado Señor Jesucristo. Aquellos que son salvos y experimentaron ser engendrados por el Espíritu Santo para ser renacidos de simiente incorruptible por la Palabra de Dios, ahora pertenecen a otro mundo, a otro reino, al reino de Dios, al reino de la luz, y por tanto se nos demanda andar como hijos de luz.

Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz. Efesios 5:8

Como nuevas criaturas en Cristo Jesús, gracias al nuevo nacimiento, ahora debemos aprender a vivir como se vive en el reino de Dios, en reino de la luz. En el reino de la luz se vive por fe. Esto no significa dejar de trabajar como piensan algunos. Muchos creen que vivir por fe es dejar el trabajo para ser sostenidos de una manera sobrenatural por parte de Dios. Aunque Dios es poderoso para sostener y proveer sobrenaturalmente para sus siervos que Él ha llamado a tiempo completo, vivir por fe no está relacionado con el trabajo o con el sustento diario, sino vivir en armonía con la Palabra de Dios.

Vivir por fe es la decisión de creer y vivir de acuerdo a la Palabra que Dios nos habla, la cual al creerla produce fe. Cuando el hombre cree la Palabra de Dios, recibirá la fe que desatará el poder de Dios para que por la gracia de Dios, podamos recibir las bendiciones y promesas de Dios.

Romanos 1:16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.

La fe viene cuando alguien escucha y escucha la Palabra de Dios y la cree, entonces viene la fe, para que podamos recibir todo lo que Dios tiene para nosotros.

Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. Romanos 10:17.

La Palabra escrita de Dios es la palabra griega Logos. La Palabra que Dios nos habla personalmente es la palabra griega Rema. Ahora bien, para que podamos recibir la fe, que es un don de Dios, es necesario creer tanto el logos como el rema. Si Dios le habla a alguien personalmente, la persona no recibe fe inmediatamente. Para recibir fe, es necesario que la persona a quien Dios le habló le crea a Dios, crea la Palabra que Dios le dijo, de lo contrario no recibirá la fe de Dios. La fe de Dios es dada solo a aquel que cree y recibe la Palabra de Dios, es decir la cree y no la rechaza, la cree y procura caminar en ella, abrazando la Palabra que recibió como su verdad.

Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. Hebreos 4:2.

¿Cuál fue el problema de Israel en el desierto?

Ellos oyeron a Dios pero no le creyeron. Dios prometió introducirlos en la tierra de Canaán, una tierra que fluía leche y miel, pero ellos no creyeron a la Palabra de Dios, decidieron creer lo que sus ojos miraban, creyeron a sus circunstancias y a causa de no creer la Palabra de Dios no entraron a la tierra prometida.

La evidencia de creer es hablar. Nuestras palabras reflejan lo que creemos. Si creemos la Palabra de Dios, entonces debemos hablarla.

Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos. 2ª Corintios 4:13.

10 de los 12 espías que fueron a reconocer la tierra de Canaán, no creyeron la Palabra de Dios, ellos decidieron creer en lo que sus sentidos percibían. Ellos hablaron lo que creyeron, lo que sus ojos contemplaron.

Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos. Números 13:31-33.

El pueblo de Israel influenciado por los 10 espías que dieron un mal informe de la tierra de Canaán, decidieron creer que su verdad era la verdad que sus ojos naturales contemplaban, creyeron lo que sentían y veían. No así Josué y Caleb que había en ellos un espíritu diferente.

Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión. Números 14:24.

Josué y Caleb si le creyeron a Dios y expresaron lo que creyeron, ellos no hablaron lo que miraban sus ojos, ellos hablaron la Palabra de Dios habló, ellos la creyeron y la confesaron.

Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos. Números 13:30

Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis.
Números 14:6-9

Si queremos conquistar la herencia que Dios tiene para nosotros, si queremos recibir las bendiciones de Dios y ver el cumplimiento de todo lo que Dios nos ha prometido, es necesario creer que nuestra verdad es Cristo Jesús, la Palabra de Dios. No negamos la realidad, no decimos que no existe lo que en el mundo natural es real y evidente. Lo que hacemos es creer que lo que Dios dice, es nuestra verdad y nos regimos por ella. Por tanto creemos la Palabra de Dios, la abrazamos, caminamos en ella, vivimos en armonía con ella.

Vivir por fe es vivir de acuerdo a lo que Dios dice, decir lo que Dios dice. Esto implica confesar Su Palabra, sus promesas y no lo que nuestro corazón siente o piensa. Nuestra verdad, no es lo que los demás dicen, lo que el mundo dice, lo que el diablo dice, lo que las adversidades y dificultades dicen, nuestra verdad es la Palabra de Dios.

Para poder vencer al mundo, al diablo y a la carne, para poder pelear la batalla de la fe, es necesario decidir creer la Palabra de Dios y adoptarla como nuestra verdad, por tanto hablaremos lo que creemos, hablaremos la Palabra de Dios, no lo que pensamos, sentimos o veamos. Hablaremos y confesaremos lo que Dios dice, Su Palabra, y nuestros ojos verán como Dios es poderoso para cumplir lo que Él ha prometido

Así sea en el nombre de Jesús. ¡¡¡Aleluya!!!

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Tema 27: Darnos por ofendidos.

No podemos evitar que nos ofendan pero si podemos evitar darnos por ofendidos. El Padre cargó sobre el Señor Jesús el pecado de todos nosotros (Isaías 53:6) y el Señor no se ofendió. Jesucristo llevó nuestras enfermedades, sufrió nuestros dolores, fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados, y en todo esto, nuestro Señor Jesús no se dio por ofendido.

¿Qué es darse por ofendido? ¿Qué es ofenderse? Darse por ofendido es no perdonar en el momento que nos ofenden, es decidir sentirse mal por la ofensa en lugar de perdonar. Los que se ofenden se apartan del Señor (Juan 6:66), ya no caminan a la luz de la Palabra de Dios, y por tanto vuelven atrás.

Ofenderse es pecar, es no perdonar como Cristo nos perdonó. Cristo perdonó a los que le crucificaron y pidió al Padre que los perdonara (Lucas 23:34). El los perdonó cuando estaba en la cruz, no se sintió ofendido. Jesucristo no se tardó días en perdonar, antes de morir Él los perdonó y pidió al Padre que los perdonara.

El perdón debe ser inmediato a la ofensa. Si no perdonamos en el instante que nos ofenden, nos sentiremos ofendidos y permitiremos que el resentimiento y la amargura que brotó de nuestra carne a causa de la ofensa, se queden en nuestro corazón, albergando semillas de muerte que se reproducirán en nuestro interior y que pueden llegar a apartarnos completamente del camino del Señor, a menos que la sangre de Cristo nos limpie antes que esto acontezca.

Al brotar la raíz de amargura, y no perdonar en el instante que se nos hizo la ofensa, hará que más adelante se nos impida recibir la gracia de Dios, debido a la soberbia y orgullo de elegir nuestro propio camino de sentirnos ofendidos (Hebreos 12:15). Dios resiste a los soberbios porque ellos eligen hacer su propia voluntad en lugar de hacer la voluntad de Dios. La soberbia decide caminar en sus propios pensamientos, rechazando los pensamientos y caminos de Dios, por tanto en su momento, serán resistidos por Dios y si no se arrepienten llegará el momento en que serán quebrantados.

Antes del quebrantamiento es la soberbia, Y antes de la caída la altivez de espíritu. Proverbios 16:18

La Palabra de Dios nos manda a ser imitadores de Dios como hijos amados. Nos manda a andar en amor, y perdonar a nuestros hermanos de la manera que Cristo nos amó y perdonó (Efesios 5:1-2). Cuando no perdonamos a nuestro ofensor en el momento que nos ofende, damos lugar al resentimiento, enojo, molestia nuestro corazón expresó por causa de la ofensa, 4 al no perdonar a nuestro ofensor, y al no pedir perdón a Dios por estos sentimientos incorrectos que nuestro corazón sintió.

Estos sentimientos que emergieron de nuestro corazón, quedan almacenados en nuestra mente y corazón en lugar de ser evacuados, iniciando un proceso de muerte en nuestro interior que llevará a enfermedades físicas, enfermedades emocionales, y si se abandona completamente al odio y al resentimiento puede llegar a perder incluso su salvación, porque Dios no perdonará a aquellos que no perdonen las ofensas de sus hermanos.

Ofenderse es no perdonar, es la decisión de endurecer el corazón a causa de la falta de perdón. De hecho, el corazón se endurece debido a la decisión de no pedir la gracia a Dios en el momento de la ofensa para perdonar la ofensa recibida. Es la decisión de preferir aceptar el resentimiento y amargura que surgen del corazón contra el que nos ofendió, en lugar de perdonar y mantenernos en la paz con Dios y con los demás.

Cuando decidimos ofendernos al no perdonar el agravio o la ofensa de nuestro hermano o de alguien en particular, dejamos de caminar en la luz de Dios, dejamos el camino de la paz y gozo, por aceptar el enojo, la molestia, resentimiento, amargura o indiferencia contra esa persona. Solo es cuestión de tiempo que nos apartemos más y más del Señor.

Quien se aparta primero del Señor es el corazón, debido a los sentimientos nocivos de rechazo y amargura, enojo, y demás. El corazón deja de caminar en el amor de Dios. Luego es cuestión de tiempo a empezar a pensar mal de la persona que nos ofendió. Continuamos a pensar mal de otras cosas o personas; después, seguimos con hablar mal de la persona que nos ofendió y comenzamos a hablar a otros las ofensas que nos han hecho, y de esta manera publicamos nuestra amargura y resentimiento contaminando a otros con el veneno del odio por la falta de perdón.

Después de esto es cuestión de tiempo comenzar a hacer acciones incorrectas que serán motivadas por los pensamientos y sentimientos incorrectos que no decidimos evacuar y exterminar por medio de la sangre de Cristo Jesús, al confesar sentimientos pecaminosos del corazón en respuesta a la ofensa recibida.

No perdonar en el momento que nos ofendieron puede llegar a ser un camino a la enfermedad y a la muerte.

El corazón alegre constituye buen remedio; Mas el espíritu triste seca los huesos. Proverbios 17:22.

Cuando David no había confesado su pecado con Betsabé enfermó y entró en un proceso de deterioro interno. David dijo:

Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah. Salmo 32:3-4.

El antídoto para la amargura se encuentra en el perdón, en la sangre derramada de Cristo Jesús en la cruz del calvario, porque si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Cuando seamos heridos por alguien, cuando nuestro hermano nos ofenda, debemos perdonarlos inmediatamente, debemos pedir al Señor perdón por todo sentimiento incorrecto que nuestro corazón haya expresado y pedir al Señor que nos limpie con su sangre para ser limpios de toda maldad que nuestro corazón expulsó a causa de la ofensa, de esta manera no nos apartaremos del camino del amor, justicia, santidad y verdad.

Sigamos el camino del amor perdonando como Cristo nos perdonó. Sigamos el camino de la justicia obedeciendo el mandamiento de perdonar al que nos ofende. Sigamos el camino de la santidad no permitiendo en nuestro corazón sentimientos incorrectos que están en contra de la naturaleza de Dios. Sigamos en el camino de la verdad, continuando caminando en la Palabra de Dios sin apartarnos de ella al sentirnos ofendidos, lastimados, tomando el camino de ofendernos, de no perdonar y endurecer el corazón por la falta de la gracia para perdonar al que nos ofendió.

Pablo aprendió a vivir sin ofenderse ni por las adversidades, ni por los problemas, ni por las ofensas de sus hermanos. Él dijo:

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Hay muchos motivos para darse por ofendido, sin embargo, por la gracia de Dios podemos perdonar toda ofensa y vencer toda dificultad y adversidad. Que nuestro Dios nos ayude amar como el Señor nos amó, a perdonar como el Señor nos perdonó y poder por Su gracia, ser hijos amados y andar en amor y vencer todo tipo de aflicción, ofensa, adversidad o dificultad.

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